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56 ECONOMÍAyNEGOCIOS Perfil DOMINGO 7 s 1 s 2007 ABC Pedro Solbes s Vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda El primero de la clase El vicepresidente Solbes ha aprobado con nota su gestión al frente del área económica del Gobierno. España crece más, crea empleo y tiene superávit. De aquí a que acabe la legislatura lo tiene fácil. No como otros. POR YOLANDA GÓMEZ MADRID. Pedro Solbes, el miembro más veterano del Gobierno y, probablemente, no sé si por eso de la edad y la experiencia, el más juicioso y moderado, ha cerrado 2006 con un positivo balance en el área económica, al menos en lo que a indicadores se refiere. La economía española, lejos de desacelerarse, ha cobrado un nuevo impulso en el año que ahora acaba. La inflación, que durante los ocho primeros meses del ejercicio se mantuvo en niveles del entorno del 4 cerrará el ejercicio por debajo del 3 En los últimos doce meses se han creado más de 550.000 empleos y la tasa de paro se ha situado ya cerca de la media europea y las cuentas públicas, más que saneadas, cerraron con un superávit del 1,5 del PIB. Lo peor, el déficit exterior, que es uno de los más elevados del mundo, pero que todavía es soportable para la economía española. Con estas cifras en la mano, parece que Solbes no tendrá problemas para cerrar la legislatura con unas cifras más que aceptables en el área económica. Con estos datos en la mano, y teniendo en cuenta la gestión del equipo de Zapatero en el resto de las áreas: inmigración, terrorismo, vivienda, administraciones territoriales y un largo etcétera, no parece extraño que Solbes sea uno de los miembros más valorados del Gobierno, por encima de Zapatero en algunas de las últimas encuestas del CIS, y casi el héroe del Ejecutivo. Y eso que Solbes no estaba en los planes iniciales de Rodríguez Zapatero, cuya primera idea era que hubiera un sólo vicepresidente y que la cartera de Economía la ocupara Miguel Sebastián, ahora candidato a la alcaldía de Madrid. El entonces comisario eurocon algunos de sus compañeros de gabinete, e incluso con el todopoderoso Miguel Sebastián, y ha parado goles como la desaparición de la deducción por vivienda en el IRPF, la rebaja del IVA de los libros, el tipo único del Impuesto sobre la Renta o un sistema de cupo para la financiación de Cataluña, también le han colado algún gol por la escuadra. El ahora presidente de la Generalitat, José Montilla, consiguió salirse con la suya y permitió a las autonomías recortar las aperturas comerciales; los socios del Gobierno lograron que Solbes aceptara cambiar la ley de Estabilidad Presupuestaria para que las comunidades y los ayuntamientos pudieran tener números rojos en sus cuentas; Sebastián dirigió la actuación del Ejecutivo en las opas sobre Endesa en contra del criterio menos intervencionista del vicepresidente, y Zapatero y CiU pactaron incluir en el Estatuto catalán un compromiso de inversiones estatales en Cataluña, en contra de cualquier criterio de racionalidad económica. Y así las cosas, el tiempo está dando la razón a Solbes. Los principales fracasos del Ejecutivo en materia económica vienen, precisamente, de las citadas actuaciones con las que el vicepresidente mostró mayores discrepancias. Para lo que queda de legislatura, el que ya fuera titular de Economía en el último Gobierno de González, lo tiene bastante fácil. Se ha aprobado la prometida reforma fiscal y, aunque la rebaja de impuestos es bastante corta, al menos hay rebaja, y además, la tarea más difícil que le queda por resolver, el nuevo sistema de financiación autonómica, quedará para después de las elecciones. Con Miguel Sebastián entretenido en la pugna por la alcaldía de Madrid y la economía en pleno proceso expansivo, lo que queda de aquí a las generales será para Solbes como un paseo militar, no en vano, es el primero de la clase. No puede decir lo mismo su jefe de filas. Enrique Serbeto INTOXICACIÓN ELECTORAL CON LA VIVIENDA La última vez que se oyó hablar de alguien que prometía distribuir viviendas a todos los ciudadanos fue un tal Lenin y ya sabemos como acabó aquello. Los artistas de los planes quinquenales soviéticos llegaron a decidir incluso que a cada ciudadano le correspondían nueve metros cuadrados, así se escribió incluso en la Constitución y cuando la Unión Soviética se disolvió hace casi quince años, setenta y tantos después de la Revolución de Octubre, la gran superpotencia no había conseguido garantizar ni medio metro por habitante. De modo que el presidente francés, Jacques Chirac, no es muy original cuando se saca de la manga esta estrambótica iniciativa de hacer de el derecho a la vivienda una prerrogativa exigible por vía judicial. Bueno, en eso si que es insólito, porque si a un soviético se le hubiera ocurrido reclamar sus escuálidos nueve metros cuadrados ante un juzgado, lo más probable es que se los hubieran concedido en un campo de concentración siberiano. Francia atraviesa un periodo de crisis, acentuada por una clase política que desde hace un par de décadas se ha especializado en agravar los problemas que va encontrando en su camino. Ha desarrollado tres tendencias claras, que podrían definirse como el partido de la huelga, formado por la extrema izquierda, los viejos sindicatos y los modernos radicales antiglobalización, el partido de los impuestos, el socialista; y el del déficit, que es la derecha actualmente en el poder. Cualquiera de las tres alternativas es a cual peor; la mezcolanza entre unas y otras resulta tóxica. Y el último invento que se había sacado Chirac de la manga, el ninismo es decir ni socialismo ni liberalismo, ni una cosa ni otra ha resultado ser la peor de todas. Si esa ley ve la luz y todos los que reclaman un techo acuden a los tribunales, en Francia se bloquearía la justicia y no se resolvería el problema de la vivienda. Pero suena bien y los franceses están tan intoxicados ideológicamente que si un día alguien les dijese la verdad, jamás le votarían. peo de Economía aceptó venir a Madrid, pero con plenos poderes en el área económica, y esos poderes fueron los que le permitieron parar más de un gol, de los que durante los primeros meses del mandato socialista intentaron meterle desde distintas áreas. Pero no crean que el peligro venía del equipo contrario, es decir, del Partido Popular, sino de sus propios compañeros y compañeras del Consejo de Ministros y aledaños (léase la oficina económica del presidente) Tampoco pueden olvidarse las pretensiones de los distintos socios del Gobierno socialista, ERC e IU en unos momentos, y CiU y PNV en otros, cuyas pretensiones son más que peligrosas pa- ra las finanzas del conjunto de España. Aunque Solbes ha salido victorioso en muchos de sus enfrentamientos cuerpo a cuerpo El vicepresidente no pudo parar el intervencionismo en las opas sobre Endesa La financiación autonómica, principal tarea pendiente, se quedará para 2008