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12 la entrevista DOMINGO 7 s 1 s 2007 ABC (Viene de la página anterior) gusanos a los disidentes, en la Alemania nazi llamaban cerdos o perros a los judíos. Tú animalizas al adversario y tienes derecho a liquidarlo. Primo Levi contó que hay personas que no se dejan animalizar. Él habla de un compañero suyo, un albañil, que le salvó y le ayudó a sobrevivir. La presión de la animalización es muy poderosa, pero hay gente que saca lo mejor de sí. Es difícil civilizar a los bárbaros Un 31 de julio de 1986 Antonio Muñoz Molina recibió una de las mejores noticias de su vida. Pere Gimferrer telefoneaba desde Barcelona a Úbeda para comunicarle que en Seix Barral iban a publicar su primera novela, El invierno en Lisboa relato que se paladea a ritmo de jazz desde las memorables noches del Arthur s Tavern en Grove Street. La literatura de este robinson urbano es un viaje al centro de la i (MÁGINA) ción. En esa sierra, en Mágina, el autor nos invita a vivir otras vidas, otras miradas. Aprendió de Vargas Llosa que la literatura no es un laboratorio ni una máquina de propaganda y por eso su obra está forjada de memoria y compromiso. Con Beatus Ille deslumbró a la crítica y a lomos de El jinete polaco ganó el Nacional de Literatura. Ingresó en la Real Academia con 39 años. Sus novelas El invierno... Beltenebros y Plenilunio han sido llevadas al cine. Tras delinear el mapa de todos los exilios en Sefarad y abrir de par en par las Ventanas de Manhattan una pura alegría, dirigió el Instituto Cervantes de Nueva York y en septiembre regresó a su territorio de Mágina para mostrar un mundo premoderno y su desaparación en El viento de la luna el retrato del artista adolescente que homenajea al padre desde su humilde grandeza. oportunismo. Pero hay que atreverse a cambiar. Antonio Muñoz Molina leía en 1975, con admiración, a Cela, Delibes, Torrente Ballester, Luis Martín Santos, Juan Goytisolo... El descubrimiento de los cuentos de Borges fue decisivo para consagrarse a la narrativa. El curso 75- 76 tenía la impresión de haberlo pasado encerrado en una habitación leyendo sin parar concede. Transitan por ese espacio Fuentes, Borges, Vargas Llosa, Poe, Cortázar, García Márquez, Joyce, Bioy... Verne le despierta su condición de novelista y Proust le enseña a mirar y a escuchar Absalon, absalon le marca como En busca del tiempo perdido y en Si te dicen que caí de Marsé, halla y talla el elemento de lejanía Vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas escrutó Machado. Guerra y paz. ¿Cómo las vive un escritor? -Vivo en paz con muchas cosas y en profunda discordia con muchas cosas y gente. -Y escribe desde la incertidumbre. -La incertidumbre es la condición natural del ser humano. Hay certidumbres desoladoras, como que vamos a morir. Lo que diferencia al científico del fanático es que el primero tiene muchas incertidumbres y el segundo, ninguna. El dogmático tiene el mismo dogma desde hace dos mil años, mientras que la persona ilustrada y racional pone a prueba sus convicciones con la realidad. Hay gente un poco mayor que yo que parece echar de menos la época de las grandes certezas con mayúsculas. ¿Qué certezas? Eran certezas generalmente homicidas. ¿Así nació usted a la literatura? -Fue un nacimiento muy vinculado al propio descubrimiento de la vida. La literatura me daba respuestas y me permitía reconocer impresiones, problemas. La literatura empezó a ser importante para mí cuando me dí cuenta de que tenía algo serio que decirme sobre mí mismo y sobre el mundo. Fue un descubrimiento feliz. ¿No resulta desesperante el virus del particularismo cultural? -Es la moda, ¡qué le vamos a hacer! La literatura se fija siempre en el individuo. Por eso la literatura y el pensamiento dogmático y totalitario se llevan tan mal: porque el dogma quiere hacernos a todos iguales, mientras que la literatura reconoce las diferencias en un marco de unidad. Cuando se habla de particularismos nos referimos a esa creación de grupos cerrados y hostiles entre sí difícilmente inteligibles. Eso ha llegado hasta el extremo de la necesidad de crear una cultura autónoma y cerrada. No ya culturas territoriales, sino de género, de identidad sexual o auditiva. Todo el mundo quiere pertenecer a un grupo y sentirse herido. ¿La literatura es una orgía perpetua? ¡Hombre! la palabra orgía es muy fuerte, pero la literatura es una fuente de felicidad y de intensidad vital. Leer y escribir me gustan cada día más. -Pero el mundo no ha sido tan feliz sino cruel por el holocausto nazi y por los comunismos ruso, chino, el comunismo de Camboya, que mataba a la gente por tener gafas. Pol Pot, jefe de los kemeres rojos, era doctor en filosofía por La Sorbona, como Abimael Guzmán, de Sendero Luminoso. Personas perfectamente cultivadas deciden que el ser humano no tiene valor. ¿El ser culto no significa nada? -Y Ho Chi Min. A veces hay una soberbia en el intelectual: la soberbia de despreciar la realidad. Lenin era otro intelectual. La checa, en la Unión Soviética, al principio tenía prestigio intelectual. Los chequistas tenían cierta vitola de intelectuales porque al desarrollar su trabajo al margen de la realidad práctica el intelectual puede ser muy arrogante y tender a despreciarla. Y de ahí surge el peligro de las utopías homicidas, el hecho de que se considere que para imponer la felicidad sobre la tierra se pueda sacrificar a los seres humanos. Ha ocurrido siempre. Eso es lo que justificaba las matanzas de albigenses, por ejemplo, en el siglo XIII en Europa, en nombre de la ortodoxia cristiana. No es una cosa privativa ni de ideólogos ni de nada, sino que está en toda la gente que se deja emborrachar por abstracciones. Por salvar a alguien lo matas. El fanatismo es una enfermedad intelectual. Y a través de la Historia ha sido así: el fanatismo religioso, por ejemplo, con la cantidad de muertos que ha causado y que sigue causando. ¿Para quién escribe? -Para cualquiera que quiera acercarse al libro. La literatura tiene caminos muy raros y al lector te lo encuentras en los sitios más inesperados. Tú escribes y puedes pensar en un público que tienes más cerca (el de tu país) pero lo mejor ocurre cuando llegas a sitios insospechados o a gente que está muy lejos de lo que haces. Hace poco daba una conferencia en Nueva York y al terminarla se me acercó una señora que me dijo: He leído todas sus obras en hebreo Y pensar que tus libros hayan podido formar parte de su vida es algo que te emociona. Estoy leyendo ahora el diario de Bioy Casares con referencia a Borges. Y pienso cómo esas conversaciones entre estos dos amigos en Buenos Aires, en los años 40, 50, 60, los relatos que escribieron, su antología de Literatura fantástica, pudo llegar hasta mí para influirme en la Granada de los años 70. Fue algo definitivo en mi educación. Es la fuerza extraordinaria de la literatura, como lectura y como creación. Muñoz Molina, durante la entrevista con ABC -Pero desgraciadamente la literatura sigue sin servir para poder civilizar a los bárbaros. -Tristemente civilizar a los bárbaros es muy difícil. Yo creo que a los que tenemos propensión a estar civilizados sí que nos civiliza más. en un rincón del mundo en el que la vida es mejor que en cualquier otra época y cualquier sitio. Por alguna razón viene tanta gente a Europa. Nadie emigra a Corea del Norte, ni a Arabia Saudí, por ejemplo. ¿Por instinto tribal? -Porque satisface un instinto muy arraigado en el ser humano: el de la tribu. Muchas ideas racionales son contra intuitivas van contra la percepción normal. Es contra intuitivo que mi vecino de la otra tribu sea como yo. Por eso los principios democráticos tienen que ser enseñados tan intensamente porque van contra un impulso muy poderoso: el de refugiarse en la tribu. La venganza es tribal y la justicia impersonal. ¿Cómo no voy a vengarme de lo que le hacen a uno que es de mi sangre? ¿Cómo uno que profesa otra religión tiene los mismos derechos que yo? Es difícil de aceptar. -Pero usted no se acomodó. -Lo normal a finales de los años 60 para muchísima gente joven era querer cambiar, buscar otra vida distinta. Y de ese mundo vivimos. -Desde Mágina usted imaginó y descubrió la pura vida. -Pura suerte generacional. La generación de mis padres tuvo muy mala suerte: le tocó la guerra con la infancia. Yo, personalmente, que he podido tener una vida más o menos dura en algunos tramos, he disfrutado de una suerte histórica como todos los que estamos vivos ahora y en plenitud de facultades. Y es que hemos vivido el salto de un país del Tercer Mundo al Primer Mundo, de la dictadura a la democracia. Tenemos la suerte de haber nacido -Como decía Julio Cortázar, ¿acomodarse en identidades crustáceas es muy peligroso? -Él distinguía entre el camaleón y el crustáceo. En Elogio del camaleón se pregunta: ¿Por qué ese prestigio del que no cambia nunca? Frente al crustáceo prefería al camaleón. Y se cuestionaba por qué el adjetivo camaleónico es despectivo. Hombre, otra cosa es el