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Sábado 6 de Enero de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.261. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Cuento de Navidad en Harlem Wesley Autrey, albañil de 50 años, es el nuevo héroe nacional. Rescató de la vías del metro de Nueva York a un estudiante al que un tren iba a aplastar. Además de una medalla, Donald Trump le ha dado 10.000 dólares POR JOSÉ GRAU DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany LA PUBLICIDAD L H ay gente que cree en los ángeles custodios. En los viejos catecismos de la Iglesia católica, esos que estudiaban los niños de 6 ó 7 años antes de tomar la primera comunión, se decía que Dios asignaba a cada uno de los seres humanos su correspondiente ángel de la guarda. La misión de este ser sobrenatural era cuidar de su criatura, y además cuidarla incluso de manera casi física. El catecismo sugería que nos encomendáramos con frecuencia a nuestro custodio. Por ejemplo, para no quedarnos dormidos y levantarnos a tiempo si al día siguiente teníamos una cita importante. O para hallar un billete de mil pesetas que habíamos perdido. O, no sé, para encontrar aparcamiento cerca de la Gran Vía de Madrid, una tarea con frecuencia imposible. Estamos en tiempo de Navidad, y parece que en Navidad los ángeles de la guarda trabajan a destajo. Hay muchos accidentes de tráfico, ¡pero cuantos más no habrán evitado esos seres celestiales! Hay depresiones, ¡pero cuántos más ánimos no habrán levantado ¡Siempre viene bien, por Navidad, ver el papel de los ángeles de la guarda en la película de Capra ¡Qué bello es vivir! Valga todo lo anterior para certificar que en Nueva York ha aparecido un ángel de la guarda de carne y hueso. Se llama Wesley Autrey, es obrero de la construcción, tiene cincuenta años y dos preciosas hijas, Syshe, de cuatro, y Shuqui, de seis. El pasado martes, Autrey vio cómo Cameron Hollopeter, un estudiante de Cine de 19 años, sufría una especie de ataque epiléptico, con convulsiones, cuando estaba esperando al metro en una estación de Nueva York. Cameron El nuevo héroe de Harlem Wesley Autrey, con sus dos hijas dio un traspié y cayó desde el andén a la vía. Un tren iba a entrar a la estación en ese momento. Autrey, nuestro particular ángel de la guarda, que estaba allí con sus dos hijas, se dijo que el estudiante necesitaba ayuda. Soy el único que puedo hacerlo le pasó por la cabeza: saltó la vía, se echó sobre el joven estudiante caído y se lo llevó como pudo a una zona de drenaje, justo a tiempo para evitar que el tren los aplastara. Hubiera sido el tren número 1 que, con dirección al sur, efectuaba la entrada en AP la estación de Manhattan. Algunos vagones les pasaron a pocos centímetros, pero ninguno de los dos sufrió daño por ese incidente. Por las convulsiones, sí, Cameron seguía este viernes hospitalizado, pero estable y mejorando. Ayer, el alcalde de Nueva York llamó a Audrey el héroe de Harlem y le impuso el Bronze Medallion el mayor reconocimiento por logros civiles. El multimillonario Donald Trump se apuntó al carro ganador y le regaló un cheque de 10.000 dólares y un viaje a Disney. ES confieso, por aquello de que tiendo al desahogo, que estoy más que harta de la publicidad. En Bruselas no la sufro, porque nuestra televisión internacional no paga los derechos que cuesta emitirla, pero volver a España y tener que sacártela de los ojos es todo uno. Pese a las directivas europeas, o quizás gracias a ellas, las cadenas te cortan siete veces los programas para atarte a sus cuentas, te empachan el espíritu de anhelos, te inhiben la existencia y te dejan más dócil que una malva. Pues, no, señores, lo siento. No quiero ser una carretera (aunque me gustaría ser agua) Tampoco necesito recuperar mi perfil, porque jamás he visto que se me borrase, y sospecho que tiende a expandirse. No pienso cambiar de colonia, porque la que uso desde hace años sigue airosa y tan fresca. Y créanme que ni se me pasa por la cabeza mover mis ahorros de banco, porque para eso tendría que tenerlos. En más de dos palabras: no estoy dispuesta a hacer nada de lo que algunos amablemente me aconsejan. Si de verdad desean mi felicidad, que no me ofrezcan más mundos. Pero si lo que buscan es mi cartera, prefiero lo fulmíneo de un atraco. Como lo decente, en Navidad, es arruinarse con alborozo, los anunciantes echan el resto. Que haya donde elegir y donde luego llorar. Se juntan las familias, se intercambian paquetes: el niño había pedido otra consola, la niña se esperaba otra muñeca, la abuela es que ni entiende su regalo, los cuñados se miran con recelo, el padre echa las cuentas y no salen, la madre, de poder, se ingresaría... Y mientras, una estrella deslumbrante va trazando en el cielo un camino de plata. Pero cómo seguirlo, cuando todo, si no cuesta unos euros, es que no vale nada. Los fines de semana a lo La revista más leída, cada domingo con al. com abc. xlseman