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6 1 07 SALUD LA DUDA ¿Mantequilla o margarina? Ni una ni otra. La elección más saludable siempre es el aceite de oliva, un oro graso cardiosaludable que además puede reducir el riesgo de padecer cáncer, según las últimas investigaciones. Si no puede privarse ni de la mantequilla ni de la margarina, elija el producto con el sabor que más le agrade pero no porque sea más sano; ni la mantequilla ni la margarina lo son. Durante años se pensó que la margarina era menos dañina al no aportar colesterol, pero los ácidos grasos hidrogenados de la margarina son, en realidad, más perjudiciales que las grasas saturadas de la mantequilla. El proceso utilizado para convertir el aceite vegetal líquido en una grasa con la consistencia de la mantequilla, las cualidades de horneado de la manteca y un largo periodo de conservación forma los ácidos grasos trans ese veneno para el corazón que incluyen tantos alimentos preparados o la bollería industrial. Esto no significa que la mantequilla sea más sana. La mantequilla tampoco es el mejor aliado del corazón, porque sus grasas saturadas superan con creces las grasas trans de las margarinas. Además, la mantequilla contiene colesterol. Por eso, la mejor opción sigue siendo el aceite de oliva y si es virgen extra, aún mejor. Psicología Niños tiranos El aumento del bienestar y la excesiva tolerancia de los padres hacen que la opinión de los hijos en el consumo familiar sea cada vez más decisiva TEXTO: ROBERT BASIC FOTO: ABC ace sólo unos años, los deseos infantiles se limitaban a las chucherías, los juguetes y los helados. Los padres les dejaban elegir: ¿de chocolate o de vainilla? ¿Camión o pelota? ¿Gusanitos o chicles? Eso era todo. Y gracias. Pero los hijos, como los tiempos, cambian a velocidad de vértigo. Los niños de ahora, devoradores de las nuevas tecnologías y adoradores de la televisión y las marcas, pasan del atractivo de las chuche- H rías de antaño y moldean el consumo familiar en función de su propio criterio. Es decir, se han vuelto participativos a unas edades muy tempranas, se creen con derecho a exigir y su opinión cuenta cada vez más en la toma de decisiones del hogar. Un ejemplo: cuatro de cada diez menores europeos marcan el destino vacacional de sus progenitores. ¿Que los padres quieren ir a Murcia? Acabarán yendo a Cáceres. Porque lo dice el niño rey La influencia de los hijos en el proceso de compra es clara y contundente. Piden unas marcas concretas de ropa; saben qué tipo de juguetes están de moda y los quieren; y las galletas y los cereales deben llevar en la caja la imagen de un tigre, que por eso sale en la tele Pero su criterio trasciende las fronteras de la infancia para instalarse en el mundo adulto. En algunos países de la Unión Europea, caso de Francia, el 18 de los niños determina qué modelo de coche deben comprarse sus padres. En España, de acuerdo con estudios realizados en las grandes superficies, los chavales de entre 7 y 8 años deciden la marca y el sabor del 70 de los yogures y galletas que abarrotan las estanterías de los supermercados. Enrique Arranz es catedrático de Psicología de la Familia de la UPV e interpreta el fenómeno de niño pedigüeño en clave de publicidad y consumo. Lo que está claro es que el mercado produce en aquellos sitios donde existe una pronunciada ausencia de principios educativos. Nos encontramos ante una estrategia diseñada para potenciar el consumo familiar a través de los hijos El experto considera que los publicistas juegan con el principio de la comparación para estimular