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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE Es normal sentirse sobrio cuando se bebe medio litro de aguardiente ruso entre bocado y bocado, durante una comida. Los efectos llegan de golpe rracharse era mostrarlo en la taberna. Todos los establecimientos estaban obligados a darle el vodka que pidiera. Alexánder Nikishin, un historiador que ha abierto en Moscú un museo dedicado al vodka admite que, a diferencia del vino, la bebida rusa no se puede saborear, hay que tomarla de golpe Sostiene que, si se ingiere en cantidades prudentes, posee propiedades medicinales Cualquier plato bien preparado es el acompañamiento ideal, pero lo más frecuentes es tomarlo con pepinillos y ahumados asegura. Eso sí, hay que tomarlo frío, muy frío. Es aconsejable ponerlo en el congelador. El trago de vodka se da sólo cuando algún comensal propone brindar explica Nikishin. Es normal que, al décimo brindis, uno se crea que el vodka no emborracha. Es normal sentirse sobrio cuando se bebe medio litro de aguardiente ruso entre boscado y bocado. Los efectos llegan de golpe. Unos segundos atrás todo se veía nítidamente y la conversación fluía sin dificultad. De repente, y sin previo aviso, todo aparece borroso y cuesta articular palabra. Si se continúa adelante, lo normal es despertarse en la cama o en el suelo sin recordar nada de lo que ha sucedido. El Kremlin, en estos días navideños y siempre un poco alegres cel. Sin embargo, todo el mundo continuaba bebiendo vodka. Mijaíl Gorbachov aplicó en 1985 la ley seca. Los dirigentes de la perestroika creían que el alcoholismo era la principal causa del absentismo laboral. Pocos años después Gorbachov reconoció haberse equivocado: no sólo provocó un importante descenso de la productividad en las empresas, sino que aumentaron los problemas de salud. Surgió entonces el vodka adulterado y aumentó la producción de Samogón aguardiente de fabricación casera, en la mayoría de los casos también con un alto contenido tóxico. La gente se lanzó a beber cualquier cosa capaz de causar embriaguez: colonias, limpia cristales e incluso anticongelantes. Las farmacias suspendieron la venta de alcohol porque se adquiría para beberlo. El vodka se convirtió en el instrumento de canje más importante, incluso más que la moneda de curso legal, el rublo. Yeltsin acabó con la centralización en la producción, lo que condujo a la proliferación descontrolada de pequeñas factorías privadas y a la ruina de las subvencionadas. Se intensificó el contrabando. Como consecuencia, subió el precio del alcohol y su calidad empezó a empeorar hasta convertirse en una sustancia letal. vivían, solían convertirse en alcohólicos, si es que antes no lo eran. Actualmente, se calcula que en Rusia hay cerca de siete millones de alcohólicos (casi el 5 por ciento del total de la población) A Pedro I se le debe también un gesto que hacen los rusos cuando te invitan a tomar unas copas o quieren indicar que alguien esta ebrio. Consiste en golpear dos veces el cuello con la uña del dedo índice en honor a un campesino de apellido Telushkin quien se atrevió a encaramarse a la aguja de la torre de la catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, para enderezar la figura de un ángel, que el viento había torcido. El zar le concedió el privilegio de beber vodka gratis toda la vida. A Telushkin se le tatuó el escudo real en el cuello y lo único que tenía que hacer para embo- LUGAR DE LA VIDA Sobrinos míos pequeños os niños nos dicen cosas que se nos olvidan. Atraviesan con sus palabras lo más profundo de tu infancia sumergida en el lago oscuro y cenagoso del tiempo y que, por un segundo, vuelve a brillar con su agua más clara. Para mí estos sobrinos míos pequeños, son un poco nietos, porque con tantos hermanos como tenemos por uno y otro lado, algunos nacidos cuando ya éramos mayores, nos hacen mirar su infancia con la distancia suficiente como para disfrutarla. A Íñigo, le encanta tocar la campana, no sé que pensará, pero sonríe en cuanto el sonido de la campana hace ondas metálicas por el aire. Estoy deseando que Jaime, que tiene su misma sonrisa, venga a tocar como su hermano la campana. Mis sobrinos Jaime y Juan, L Mónica FernándezAceytuno Ahogarse en alcohol Dicen que la afición al vodka de los rusos se debe, no al frío, como suele argumentarse, sino al zar Pedro I el grande. El monarca ruso castigaba la impuntualidad obligando a sus súbditos a beber 10 litros de vodka. Los que sobre- prefieren los animales, y se agachan para acariciar a los perros hasta que sus ojos están a su altura y los miran y les hablan con una dulzura asombrosa. A los caballos, los tratan como si fueran de la familia y, cuando vamos a Madrid, y vemos a Jaime y a Juan, nos preguntan por el tío Cueva. Mi otro sobrino Juan, al despertarse en casa, se queda asombrado mirando el amanecer por la ventana, y dice: qué bonito, qué bonito Tendría que apuntar todo lo que dicen mis sobrinos, son regalos de un segundo, fugaces como su infancia. Estrella, te mira con los ojos azules muy abiertos, y pide mon jamón, y Eduardo ya me advierte que el jamón que a él le gusta es el jamón rojo, y no el blanco. Santiago, todavía es muy pequeño, pero corre con tal velocidad que te pone el alma en un puño, y Javier, que es precioso, no ha salido aún de los brazos de su madre, que también parece una niña. Clara, se parece a mí, pero es mucho más guapa y más lista y su foto está junto a la mía de cuando yo tenía su edad y sacaba peores notas. También me veo en Mariana, que ha pedido a los Reyes Magos una pizarra para dar clase a sus muñecas. Mientras vamos paseando por la calle, las fachadas colonizadas por clones de papás noeles con su escalera, me dice: Yo no creo en Papá Noel, sólo en los Reyes Magos Espero que les hayan traído lo que han pedido. Y yo pido para ellos que guarden para siempre su infancia.