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ABC SÁBADO 6 s 1 s 2007 Tribuna Abierta ESPAÑA 15 Francisco José Llera Catedrático de Ciencia Política y director del Euskobarómetro Es hora de que todos reflexionemos sobre nuestra posición en estos dos últimos años y nuestra posible contribución ante la nueva situación. Pero, sobre todo, es la hora de exigir responsabilidades a nuestros políticos, los del Gobierno y los de la oposición, clarificando de forma constructiva sus posiciones en la gestión de la agenda política contra el terrorismo en este mismo período OMO si de un signo de los tiempos se tratase y como ya sucediera en la horrenda tragedia causada por el terrorismo salafista el 11- M, dos humildes inmigrantes de sangre hispana van a ser las primeras víctimas mortales de la reanudación de la campaña asesina del terrorismo nacionalista vasco, tras más de tres años y medio sin asesinatos, pero no sin víctimas. Hemos dicho muchas veces, y no nos cansaremos de repetirlo, que el terrorismo busca sobre todo actuar como un poder fáctico para doblegar nuestras voluntades mediante la intimidación y el desistimiento. Lo importante para ellos, por tanto, es obtener el mayor protagonismo y maximizar el impacto emocional de sus acciones, por su espectacularidad, sus víctimas, las circunstancias, el momento, casi siempre el factor sorpresa, etcétera. Para ello, la organización terrorista, su red política y social y los parientes que de una u otra manera se mueven en su órbita de comprensión o instrumentalización política, buscan convertirse en actores principales en la supuesta solución de los problemas que sólo ellos tienen y causan al conjunto de la sociedad y sus instituciones. En una suerte de perversa victimización generalizada y con estrategias combinadas de deslegitimación institucional y manipulación de la opinión, tratan de convencernos de que su problema es el de todos y que, dado que todos somos los culpables de su sufrimiento y del que ellos se ven obligados a infligirnos (muy a su cínico pesar, claro) tenemos que renunciar a nuestras libertades y principios democráticos para ceder ante sus objetivos totalitarios y sectarios. De este modo logran meternos a todos en el círculo vicioso de su totalitarismo. Si no estamos dispuestos a hacerlo por las buenas, ponen en marcha la omnímoda y sofisticada máquina de atemorizar para tratar de evidenciar que, además de ser invencibles, no nos conviene intentarlo sin pagarles un precio por perdonarnos la vida. LA HORA DE LA UNIDAD C nuestra posible contribución ante la nueva situación. Pero, sobre todo, es la hora de exigir responsabilidades a nuestros políticos (los del Gobierno y los de la oposición) clarificando de forma constructiva sus posiciones en la gestión de la agenda política contra el terrorismo en este mismo período, al tiempo que les pedimos responsabilidad para, tras esa evaluación colectiva y pública, concertar con generosidad la política que las nuevas circunstancias requieren. Yaséquelascircunstancias dad de la maquinaria totalitaria. Esperemos que ya no haya argumentos para minimizar o, incluso, ocultar las evidencias acumuladas en este tiempo. Pero, sobre todo, he sufrido viendo en silencio y con desánimo la descalificación sectaria ante preguntas o dudas, razonables y discretas, sobre las bases o las informaciones de lo que algunos entendían un exceso de expectativas demasiado optimistas y, no digamos nada, sobre las responsabilidades de tanta confrontación entre demócratas. Esperemos que no sigamos echando por la borda el capital analítico y político de la experiencia acumulada después de tantos años de compromiso, sufrimiento y reflexión de tanta gente buena y responsable. En estos últimos meses de confusión evidente, pero también de esperanzas para quienes confiábamos, aunque fuese un poco, en un adelanto del inexorable final de esta pesadilla, he tenido que explicar a muchos de mis amigos bien intencionados, sin la seguridad de hacerme entender, que no estábamos automáticamente mejor ni más seguros a pesar de las apariencias, dando cuenta de la complejidad y versatili- un momento especialmente crítico en la vida política española, que contrasta con el ambiente de sosiego económico, bienestar y euforia navideña. Había crispación (así lo reconocían hace sólo quince días casi dos tercios de los españoles en la tercera encuesta nacional de la FVT, atribuyéndolo al enfrentamiento de los dos grandes partidos nacionales) y me temo que nadie ha contribuido a reducir tal tensión (algunos, incluso, la siguen alimentando, empecinados en resucitar recetas envenenadas por su sectarismo) Había división entre las fuerzas políticas democráticas y, tras estas primeras horas de reacción al primer impacto, ya estamos volviendo al sectarismo más rastrero, incluido el de los analistas o expertos de nuevo cuño, tan errados como jaleados por el oportunismo de turno. Como es obvio, el efecto colateral Vivimos principal que buscan los terroristas es precisamente político. Y para ellos no hay mejor efecto que la desunión de las fuerzas democráticas, en medio de la perplejidad y el desánimo generalizado en la opinión pública. Me quedo con lo más importante en este terreno: la desactivación de la movilización unitaria de la sociedad civil, la división de las víctimas y la ruptura, al menos de facto, del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo (PLCT) que tan excelentes resultados nos habían dado en la estrategia de desactivación operativa, política y sociológica del mismo. Veamos algunos datos que ilustran lo que digo: hace poco más de un año (en la segunda encuesta nacional de la FVT) casi nueve de cada diez españoles se mostraban favorables a la movilización ciudadana contra la violencia, casi dos tercios reclamaban el protagonismo de las víctimas, a las que se les exigía, sin embargo, mayor unidad y coordinación; y otro tanto valoraba positivamente los resultados del PLCT, cuya crisis consideraban negativa ocho de cada diez. Hace sólo un mes (en la última oleada del Euskobarómetro) la sociedad vasca señalaba a la movilización de la sociedad civil como el activo principal de la situación de arrinconamiento político y social de los terroristas, seguida de la política gubernamental y de los movimientos cívicos de resistencia, pero daba por perdida la batalla de la concertación unitaria en un claro y premonitorio clima de pesimismo. Eshoradequetodosreflexionemos sobre nuestra posición en estos dos últimos años y de una competición recalentada a seis meses de una cita electoral no son las mejores, pero es en los momentos difíciles cuando se ve la talla de las personas y, en este caso, de los políticos, cuya subsistencia y autoridad dependen de nuestra confianza. El carácter intimidatorio del terrorismo estresa a los ciudadanos y al conjunto de la sociedad, pero la división política y las tensiones cruzadas agravan ese estrés, ya sea en forma de crispación sectaria, ya lo sea en forma de desánimo anómico y, en definitiva, de deslegitimación institucional. Hace sólo quince días terminábamos el trabajo de campo de la tercera encuesta nacional de la FVT, de la que no me resisto a comentar algunos otros datos, por su pertinencia. En ella, tres de cada cuatro españoles consideran imprescindible la concertación de gobierno y oposición en materia antiterrorista, y dos de cada tres que deberían reactivar el PLCT. Pero, paradójicamente, dos de cada tres ven improbable tal concertación. Sorpréndannos con algo positivo en medio de la tragedia, devuélvannos la confianza que necesitamos, vuelvan a motivar nuestra movilización y nuestro compromiso y háganlo de una forma sencilla: pónganse de acuerdo en lo fundamental y aparquen las diferencias en lo accesorio. No nos resignamos a que lo más fácil se convierta en algo imposible. Ya sabemos que el terrorismo está derrotado y lo vamos a vencer, pero necesitamos liderazgo y temple unitarios para hacerle frente por encima de cualquier adversidad y convencidos de que no vamos a ceder ni un milímetro en tanto en cuanto no desaparezca completamente la intimidación en todas sus formas. No volvamos a reincidir en los errores del pasado, de los que tan difícil es salir, y aprendamos todos de aquellos días tremendos del 11 al 14- M. Por encima de jaculatorias retóricas, gestos graves y rituales o frases políticamente correctas, ese mensaje unitario sería la mejor manera de felicitar el Año Nuevo a todos los españoles.