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80 VIERNES 5- -1- -2007 ABC CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo El sensor es introducido en el hielo hasta una profundidad de entre 1.500 y 2.500 metros SCIENCE Telescopios de neutrinos, la astronomía de lo invisible Gigantescos detectores de estas partículas subatómicas, incrustados en los glaciares antárticos o instalados bajo el mar, van a revolucionar la observación del universo en las próximas décadas POR ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. El universo se expande y, con él, las teorías que buscan explicar su origen y su presunto destino. Pero si la realidad viaja a la velocidad de la luz, el cerebro humano avanza como puede. Máxime cuando el margen de lo comprobable por medios empíricos se estrecha hasta casi desaparecer. Los más modernos telescopios ya no son ópticos ni electromagnéticos; son cazadores de ínfimas partículas, detectores gigantes de neutrinos, emplazados bajo el agua de los océanos o el hielo antártico. El neutrino es una partícula subatómica postulada sobre teoría en los años treinta, demostrada en la práctica en los cincuenta, y que durante mucho tiempo pareció destinada a animar relatos de ciencia- ficción. Isaac Asimov recurre a ella para imaginar un cronoscopio, un observatorio del tiempo; el pasado quedaría capturado en imágenes dentro del flujo de neutrinos, y podría ser revelado y visto como una película. Prendado del neutrino, el escritor y bioquímico Asimov rendía homenaje a esta partícula tan escurridiza, eléctricamente neutra, de muy débil interacción con la materia. nían a su alcance: el propio Sol. El Sol, que arde minuto a minuto como millones de centrales nucleares dentro de otros tantos infiernos, y que sigue ardiendo porque, en aplicación del célebre E mc 2, el exceso de su masa se multiplica por la velocidad de la luz al cuadrado, y deviene energía. A través de los neutrinos, precisamente. Dado su débil vínculo con la materia, los neutrinos escapan fácilmente del núcleo solar, viajando casi a la velocidad de la luz, atravesando todo lo que les sale al paso, incluida la Tierra, con todos nosotros sobre ella. Billones, trillones de neutrinos nos bombardean a cada momento, cargados de potencial información sobre lo que sucede en las estrellas y al borde de la materia oscura. En ciertas supernovas, los neutrinos se encargan de evacuar casi toda la masa de la estrella al medio interestelar. Cuando explotó la SN 1987 A, los astrónomos asistieron atónitos al chorro de neutrinos. Era como coger el gato con las manos. Así, cuajó la convicción de que los neutrinos son testigos cósmicos de excepción. Y de que el salto a una astronomía capaz de escudriñar lo subatómico supondría una revolución como la de Galileo. Balance energético En un primer momento se pensó que su función era equilibrar la contabilidad energética del átomo, asegurar ese balance cero de la eterna simetría cósmica. El neutrino parecía destinado a vehicular algo así como la energía fantasma. Y eso es lo que llamó la atención de los astrónomos, sobre todo al observar el comportamiento de la fuente de neutrinos más espectacular que te- Eludir el ruido cósmico El principal reto es evitar interferencias. Se trata de captar lo más difícil de detectar y más fácil de interferir. Si la naciente astronomía neutrínica fija sus cuarteles generales bajo el mar o bajo el hielo, es en gran medida para eludir la radiación cósmica y el ruido indeseado que introduce en el sensible flujo de neutrinos. La estructura clásica de un telescopio (detector) de neutri- Amanda y Antares, los más grandes del mundo En 2012 debe estar operativo uno de los detectores más grandes del mundo, tal vez el mayor: el telescopio IceCube, extensión del proyecto AMANDA (siglas en inglés para conjunto antártico de detectores de muones y neutrinos) que de 1996 a 2004 funcionó con fotomultiplicadores montados en cuerdas enterradas a casi 2 kilómetros bajo el hielo. El IceCube tendrá unos 5.000 sensores sepultados a entre 1,5 y 2,5 kilómetros, cubriendo un volumen total de 1 kilómetro cúbico. En Europa, el sistema Antares, operativo desde febrero pasado, está sumergido a 2.400 metros ante las costas de Tolón, en Francia. Consta de 12 cuerdas de 75 sensores de neutrinos muónicos. Es el primero de estos detectores en el hemisferio norte. Antares alimenta una infraestructura científica submarina multidisciplinar, que registra datos oceanógráficos y geofísicos, incluyendo variaciones sísmicas. nos es una masa grande, verdaderamente grande, de agua o de hielo, orlada por unos sensores conocidos como tubos fotomultiplicadores. Son aceleradores de partículas. Su funcionamiento se basa en que las partículas producidas en la interacción del neutrino entrante con un núcleo atómico viajan más rápido que la luz cautiva en el detector (siempre por debajo de la velocidad libre de la luz en el vacío, la única que no puede ser superada) De este diferencial surge una onda de choque óptica, una radiación azulada que los tubos fotomultiplicadores de-