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18 ESPAÑA ETA rompe la tregua s Los socialistas vascos VIERNES 5 s 1 s 2007 ABC PSE, dos estrategias y una derrota: de Nicolás Redondo a Patxi López La nueva estrategia de los socialistas vascos tras la dimisión de Redondo y bajo el liderazgo de López, que se llamó vasquista y trató de distanciarse de la etapa anterior, ha quedado enterrada entre los escombros de la terminal 4 de Barajas tado imposible a Jáuregui. Pero pronto devino una política imposible para el propio PSE ante la deriva del nacionalismo. El nuevo secretario general fue constatando el acercamiento entre el PNV y Herri Batasuna y, tras la conmoción del asesinato de Miguel Ángel Blanco, el intento de ambos de salvar el nacionalismo juntos que terminaría por plasmarse en los contactos con ETA y el Pacto de Lizarra. No era el escenario de una factible convivencia del PSE con los nacionalistas en el seno del Gobierno vasco aunque hay que añadir que, en aquellas circunstancias, Nicolás Redondo insistió más que sus predecesores en la defensa y en la presencia de la Constitución española en la vida política vasca. De hecho, uno de los episodios en los que se manifestaron los problemas entre los coaligados fue la reforma del Reglamento del Parlamento vasco, en la que los socialistas pretendieron incluir el acatamiento de la Carta Magna. Redondo advirtió que si el PNV votaba con la izquierda abertzale en contra se haría patente que el pacto era imposible. Arzalluz le reprochó un cambio de política, ya que en tantos años de coalición jamás el PSE había planteado nada similar. Los muchos años de coalición con el PNV habían supuesto muchas renuncias, como reconocía de algún modo Xavier Arzalluz, y complicaban lo que lógicamente se preveía como una larga travesía del desierto en la oposición para los muchos que habían ocupado los despachos. Además, los socialistas eran duramente castigados por la violencia terrorista de ETA y el PP, en el Gobierno de España desde 1996, incrementaba sus posibilidades en las encuestas. En ese escenario difícil, a Nicolás Redondo y a sus colaboradores no les flaqueó el ánimo. Las iniciativas para defender la Constitución y su espacio de libertad y para rechazar los excesos nacionalistas y la connivencia con el terror fueron el centro de su acción política. En muchas de ellas, como es lógico, el PSE coincidía con el PP- -incluso en la presentación de una moción de censura contra Ibarretxe- lo que podría llevar a malentendidos en ciertos sectores de la militancia o los votantes socialistas. Germán Yanke Cuando Ramón Jáuregui, que era secretario general de los socialistas vascos, decidió seguir haciendo política en Madrid, Mario Onaindía definió el partido como una jaula de grillos Pero reconoció que el líder socialista había tenido una idea genial pensar en Nicolás Redondo como su sucesor. Era una idea genial y lógica: era el secretario general de los socialistas de Vizcaya, el territorio en el que el PSE tenía más fuerza y afiliados, y contaba con el claro apoyo de los de Álava, presididos por Fernando Buesa. Redondo, que pretendió una política integradora, estableció acuerdos con Jesús Eguiguren, y fue elegido por el Congreso del partido en una votación conjunta con la ejecutiva del mismo. Aún tuvo que superar otro escollo para ser candidato a la presidencia del Gobierno vasco: las primarias en las que se enfrentó y ganó a Rosa Díez. La confrontación interna resultó un ejemplo tanto de debate profundo como de juego limpio porque la derrotada se colocó sin rencores junto al vencedor- -de hecho se puede decir que lo ha hecho hasta hoy, con todo lo que ha llovido en el PSE- -y colaboró con él en la campaña. La jaula de grillos con dificultades internas y con una complicada recepción en la opinión pública de sus relaciones con el PNV en los sucesivos gobiernos de coalición, había visto decrecer sus votos desde 1986, incluso con la incorporación de Euskadiko Ezkerra, y en 1994 el resultado fue el peor de toda la etapa democrática, salvo los primeros comicios de 1980. Con más orden, Redondo pretendió, de algún modo, hacer la política que había resul- Trabajo de pedagogía Pero hay que reconocer que Nicolás Redondo hizo un adecuado trabajo de pedagogía política. No se trataba sino de defender la ideología y las propuestas tradicionales del PSOE y si a ello se sumaba el PP debía ser, naturalmente, bien recibido. La Constitución era un ámbito común que los nacionalistas, precisamente, querían des- Decenas de coches destrozados en la zona cero se alinean en la T- 4 truir. Y todo ello, además, en un ambiente en el que el PP, a menudo, no mostró la generosidad que cabría esperar. Pero Redondo tenía un liderazgo seguro y, en el siguiente congreso, mientras la ejecutiva fue elegida por mayoría él revalido su cargo por aclamación. Tampoco, aunque mantuvo las primarias, tuvo oponente como candidato. Comenzaron algunas críticas a un supuesto seguidismo del PP, aunque la iniciativa, en aquellos momentos, era más bien socialista. Y se fue asentando la idea de que, en medio de la crisis del PNV la alter, nancia era posible. Las políticas de coalición con el nacionalismo habían llevado al PSE a una posición de eterno segundón, cuyo máximo objetivo era ser necesario para formar gobiernos siempre presididos por el PNV La alternancia se convertía en probable y si bien el PP estaba entonces mejor colocado, nada impedía que, más adelante, fuera el PSE quien encabezara el cambio. La idea caló de cara a las elecciones de mayo de 2001, en las que Redondo no tuvo inconveniente en aparecer en varias ocasiones junto a Jaime Mayor Oreja para no ocultar que ambos partidos, PP y PSE, eran los que hacían posible la alternativa no nacionalista. El PP tenía más votos en ese momento, pero el apoyo intelectual (asociaciones cívicas, manifiestos de profesores universitarios, etc... era claramente socialista. Un tripartito roto Se rompe, por tanto, el tripartito y abandonan los socialistas el Gobierno vasco en un momento en el que las relaciones entre el PNV y el PP aún se mantienen vigentes haciendo siempre la salvedad de la política antiterrorista. Pero debe reconocerse que Nicolás Redondo y los suyos vieron antes y más claramente el proceso de entendimiento y acuerdos de los nacionalistas moderados y los radicales No le fue mal la apuesta en las elecciones ya que, incluso teniendo en cuenta el importante avance del PP, el nuevo PSE de Nicolás Redondo consiguió aproximadamente 45.000 votos más y sumó dos nuevos escaños en el Parlamento vasco. Nicolás Redondo insistió más que sus predecesores en la defensa de la Constitución El PSE coincidía en muchas iniciativas con el PP, lo que podría llevar a malentendidos en sectores del partido Tras la derrota en las urnas, con un fracaso en las expectativas, se amplificó la acusación de llevar una estrategia supeditada al PP El voto útil Pareció que era posible y el PNV lo temió seriamente, pero faltaron aproximadamente 20.000 votos (o menos de una cuarta parte de ellos en las urnas de Vizcaya) para desbancar a los nacionalistas del Gobierno. La unión estratégica de los nacionalistas hizo que buena parte del voto útil fuera al PNV (Euskal Herritarrok obtuvo un pobre resultado) y el