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6 OPINIÓN VIERNES 5 s 1 s 2007 ABC AD LIBITUM NI RIGOR, NI SERIEDAD ÍDOLOS DE LA CUEVA SENTADOS SOBRE SUS CULOS mente en un impagable icono que simbolizaba la uniN los últimos años, y coincidiendo con el regredad total en el esfuerzo de guerra. Una imagen que vaso de la guerra a la vida cotidiana de los estadolía más que mil discursos patrióticos y por la que sus unidenses, Hollywood nos ha proporcionado protagonistas fueron convertidos temporalmente en notables muestras de cine bélico antiheroico. En 1998 objetos de culto que la gente deseaba ver y tocar. Modese estrenaron dos de las mejores: Salvad al soldado los con los que identificarse. Metáforas vivas de lo Ryan, de Steven Spielberg, y La delgada línea roja, de que se requería para obtener la anhelada victoria fiTerrence Malick, ambas deudoras de una larga tradinal. ción en la que destacan un par de películas de KuPero de los héroes no se muestra nunca su brick (Senderos de gloria, La chaqueta metálivida corriente, ni sus defectos, ni sus pequeca) y Apocalypse Now, una de las obras maesñas mezquindades: tales detalles no serían tras de Coppola. útiles porque, como dice uno de los soldados A esa serie, un auténtico subgénero, se inde Banderas de nuestros padres, no tiene senticorpora ahora Banderas de nuestros padres, de do ser héroe si no lo pareces De ellos sólo imClint Eastwood, estrenada esta misma semaporta el instante (a veces falso) en que se transna en las pantallas españolas. La historia que figuraron admirablemente, ascendiendo a un cuenta, basada en el libro de James Bradley y nivel de existencia diferente. Uno de los temas Ron Powers Iwo Jima, seis hombres y una banMANUEL de la película es, precisamente, cómo y a costa dera (Ariel) es la de la peripecia ulterior de RODRÍGUEZ de qué se fabrica un héroe. Y para qué sirve. tres (los que sobrevivieron a los combates) de RIVERO Eastwood lo plantea ahora, en un tiempo que los seis soldados inmortalizados por la célecree que ya no se necesitan, pero que quizás añora: bre foto de Joe Rosenthal tomada el 23 de febrero de por eso se derriban estatuas y, al tiempo, se crean ce 1945, mientras plantaban la bandera de las barras y lebridades las estrellas en la cumbre del monte Suribachi, en el Son las sociedades quienes inventan, a partir de islote de Iwo Jima. un consenso más o menos consciente, a sus héroes Una foto adecuada, como se dice en la película, pueidentitarios, los que precisan para mirarse en su espede hacer ganar o perder una guerra. Al primer grupo jo. Y, sin embargo, desgraciados los pueblos que necepertenece la de Rosenthal, que se utilizó para galvanisitan héroes, exclamaba Hegel a principios del siglo zar la opinión pública estadounidense y empujarla a XIX, que fue el de los nacionalismos. Y es que, paradóla compra de bonos de guerra cuando comenzaba a jicamente, han sido los nacionalismos- -siempre sedar muestras de cansancio ante el largo conflicto. Del dientos de figuras fundacionales- y las ideologías y segundo, pueden citarse varios ejemplos suministrareligiones más igualitarias, las más conspicuas partedos por la Guerra de Vietnam. Y quizá, por aventurar ras de héroes que, por sus cualidades o su martirio, uno más cercano, la historia nos revele un día el imdestacan del común impuesto. A esos- -a veces víctipacto real que tuvo, en el incremento del rechazo a la mas o beneficiarios de un malentendido, como sucede invasión de Iraq, la publicación de la foto del encapucon los héroes reluctantes de la película de Eastwood- -chado torturado por militares norteamericanos en la sociedad les alza hasta los más elevados tronos. OlAbu Ghraib. vidándose interesadamente de que, como decía MonLa placa de Iwo Jima, con sus soldados sin rostro, taigne, al fin y al cabo también se sientan como usted su composición en diagonal y su dramática iluminay como yo sobre sus propios culos. ción broncínea y monumental, se convirtió rápida- M ARIANO Rajoy insiste machaconamente, y hace bien, para que José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente que ríe, comparezca en el Congreso de los Diputados y explique, en lo posible, la ruptura fáctica y estruendosa de la tregua de ETA. Devolverle al Parlamento el centro y el foco de nuestra vida política ya sería un avance porque, en profundidad, lo peor del presidente del Gobierno es haber rebajado la mínima condición representativa de nuestra democracia y diluido la concentración parlamentaria del debate público. Quizás en función de sus evidentes limitaciones, Zapatero huye siempre del cuerM. MARTÍN po a cuerpo, del cara a caFERRAND ra, y trata de escamotearse embozado en subterfugios que ya tenemos muy vistos y que, en efecto rebote, subrayan sus carencias en lugar de disimularlas. Uno de los insidiosos escuderos de los que se sirve Zapatero es Diego López Garrido, portavoz socialista en el Congreso y, por ello mismo, especializado en la justificación de las ausencias del presidente del ejecutivo en el escenario del legislativo. Con frecuencia, como acaba de repetir, López Garrido utiliza el antecedente de la conducta de José María Aznar como gran disculpa para el comportamiento de su jefe y, por lo que parece, maestro y mentor. No cabe situación más cómica e inconsistente. Es evidente que Aznar no era un apasionado de la vida parlamentaria, y el PSOE, lleno de razón, gastó entonces mucha de su pólvora crítica en irritadas salvas de protesta por las ausencias del entonces presidente. Ahora es el pasado mal comportamiento de Aznar el gran justificante de la presente, pésima y poco democrática conducta de Zapatero. Más barato, imposible. Es tanto como cambiar la paja en el ojo ajeno por una viga en el propio. Un sinsentido. Reclamar unos mínimos de rigor y seriedad en la vida política española es, seguramente, algo poco riguroso y nada serio. No se le puede pedir a nadie lo que no tiene y nuestros líderes, escasos en las formas, tienden a resultar vacíos en su contenido. No conectan con la demanda de la sociedad y, cuando lo hacen, se la ponen por montera. Si, como dice Garrido, tras la tregua- trampa del 99 nadie reclamó la presencia de Aznar en el hemiciclo es que todos obraron indebidamente. Ahora, por lo menos, alguien reclama insistente e inútilmente que Zapatero acuda al escenario del que emana su poder y le explique a sus electores- -los diputados, no los ciudadanos- -el cómo y el porqué de una política fallida que, lejos de paliar el problema que ETA significa, le ha dado a la banda asesina tiempo y oportunidad para su rearme y reorganización. Sustituir esa presencia por una ronda de visitas a Alfredo Pérez Rubalcaba, el escorpión que se quedó sin rana, es menos que dar achicoria por café. Es servir en las tazas de la vajilla representativa unos cucharones de agua turbia. E