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ABC VIERNES 5 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA UNA NADA HUECA P EL PASO DEL ECUADOR M IENTRAS nuestro lince ibérico se escondía acurrucado entre las dunas móviles de Doñana, un pelotón de bomberos reptaba por entre los malos presagios de hierro y hormigón para dar con los cuerpos de un sueño interrumpido. Hay un momento para irse y otro para no volver, dijo el poeta. El hombre de sándalo, sin embargo, volvió, y lo hizo con palabras, las pocas que le quedan, para establecer un nuevo capítulo en este tiempo de políticos de yeso: La energía que tengo para alcanzar la paz es hoy mucho mayor En qué calendario lo habrá leído. Entretanto, a la espera de renovar el milagro de las resurrecciones, a las familias de los hombres aplastados por el odio nacionalista se les desvanecían los pasos que separaban la incertidumbre y la confirmación del adiós. Ocurrió justo en el momento en que un cuerpo fue encontrado bajo la manta tiesa de los derrumbes. El otro está, aún, en el trámite de ser carne de esquela y repatriación. Mal asunto para los tejedores de paz efímera. ¿Pero esos muertos son nuesCARLOS tros? ¿Estamos hablando de ellos coHERRERA mo lo hicimos de los demás? No se engañe más tiempo del debido: si esos hombres tuviesen partida de nacimiento española, fuesen amantísimos hijos de los barrios más castizos de Valencia o de Bilbao, viejos pobladores de esta España llena de acantilados nuevos, hoy estaríamos organizando regias misas de despedida e inscribiendo sus nombres en el mármol frío en el que esculpimos la memoria de los héroes. Pero no es el caso. Venían escapando de esas tradicionales hambrunas como escorpiones sumergidos que proliferan por sus tierras de cóndores, creyendo que viajaban a un país de incienso y mirra, cuando se encontraron con este frío de nácar de enero, con esta muerte de segunda proporcionada por aquellos que llevan matando tantos años como tie- nen sus esquizofrénicos sueños de nación e independencia. Está cambiando tanto esta España de sangre estancada que ya los muertos empiezan a ponerlos los nuevos ciudadanos y por su corriente de venas azules bajan las tempestades de una tierra repleta de más miserables de los que cabía esperar. Necesitamos urgentemente una cosecha de aire nuevo, muchos como ellos para que se aclare este plasma espeso tan propio de relámpagos y llagas y una palanca que abra ventanas cerradas desde el siglo diecinueve. Tanta trascendencia tienen entre nuestras cifras finales que ya se mueren como nosotros, al calor incompatible con la vida de ochocientos kilos de explosivo. Pero aún no son como nosotros: sólo les cubre una sábana de soledad y no una bandera con sones de marcha fúnebre y muchos curas y príncipes bendiciendo su partida. Ya los asesinos han establecido su paso del ecuador y les han dado a probar el pan ácido de cuarenta años con el que se desayunan cada mañana de rabia y crueldad. Ya han visto de cerca la harina seca de máscara de payaso que tiene la política de por aquí. Ya saben de qué va esto: ea, a casa, envueltos en zinc y recubiertos de lágrimas propias. Es lo que hay. A quién se le ocurre quedarse a dormir en un parking, sabiendo como saben que Euskalherría está pendiente de lavar y marcar; y si no lo saben, que no vengan, coño, que aquí hay patrias por inventar cada día y sólo les falta que interrumpan su transcurso hacia la gloria unos cuantos indiecitos con ganas de aparcar donde no deben. Ojos de penitencia, flores de gangrena, eclipses verticales, la muerte de los otros. Este no es el país de guitarras y uvas que habían soñado. Es un país en el que pueden aspirar, como mucho a una muerte alquilada. Antes de que sean una simple muesca en la estadística, preguntémonos cuáles eran sus sueños, cuál su empeño y su desvelo y en qué parte del cielo ha quedado atrapada su mirada. Sólo así seremos justos con ellos. www. carlosherrera. com UES no, no hay nadie que le proteja de sí mismo. No sale de la oquedad retórica ni de la palabrería esponjosa, de esos conceptos tan altisonantes como ambiguos que solemnizan la obviedad y dejan un eco cóncavo de nadería y simpleza. En circunstancias normales se trataría tan sólo del habitual ejercicio de fatuidad porosa a que nos tiene acostumbrados, pero en estos momentos críticos crea un vacío insondable de liderazgo, una inquietante atmósfera de desamparo, el pavoroso síndrome del piloto borracho. Tras el ominoso silenIGNACIO cio de Doñana, Zapatero CAMACHO ha reaparecido como esos boxeadores sonados que tras recibir una paliza manotean en el centro del ring con una obstinación confundida y se agarran al aire para mantenerse de pie. No tiene nada que oponer al vapuleo porque su crédito como gobernante se pulverizó con la arrogante profecía triunfalista de la víspera del atentado. Antes aparecerá entre los escombros el cuerpo del segundo ecuatoriano que los restos del prestigio presidencial sepultado bajo los cascotes. Ante los ojos de la ciudadanía es ahora mismo un dirigente desorientado e imprudente que se mete en aventuras suicidas sin disponer de la información adecuada. Y lo peor es que el golpe no sólo lo ha recibido él, sino que ha sido el país entero el que ha encajado este severo puñetazo de pesimismo, destrucción y muerte. En ese estado de ansiedad general, con una nación pendiente de las respuestas de su Gobierno, lo único que se le ocurre al presidente es ganar tiempo diciendo que sus energías siguen intactas para buscar la paz. La famosa. Pues más vale que la empiece a buscar por otro camino, porque hasta ahora la anda persiguiendo por sitios equivocados. Si pretende transmitir calma está muy lejos de conseguirlo. Ha llegado un momento en que su imperturbabilidad ante las contrariedades provoca una zozobra colectiva, porque no ofrece la imagen de un hombre sólido en sus posiciones, sino la de alguien que no parece enterarse de que ha perdido el control de la situación. La gente necesita certezas en un momento como éste, y Zapatero sólo muestra una nada hueca, proclamas vacías para disimular que anda como un zombi a la espera de alguna improvisación que le saque del atolladero. La ésa es su muletilla recurrente. Todos queremos la paz, claro, pero el problema está en la manera de alcanzarla. La sensación es que el presidente no atisba ninguna; la suya ha fracasado, las otras no las quiere, y no tenía Plan B. ETA sí lo tiene; guardado en un zulo. Si lo que Zapatero sugirió ayer es que está dispuesto a poner la otra mejilla y persistir en su proyecto, tiene que decirlo más claro, y además pedirle opinión a la ciudadanía: convocando elecciones y presentando una propuesta en el programa. Porque la mejilla que puede recibir las bofetadas es de todos. Y si va a cambiar de estrategia, que lo aclare pronto; a ser posible antes de que muchos ciudadanos pasen de la inquietud a la cólera.