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4 OPINIÓN VIERNES 5 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro COEXISTENCIA DE RIVALES EN WASHINGTON STADOS Unidos afronta un periodo de coexistencia entre una Casa Blanca republicana y un Capitolio demócrata. No es la primera vez que sucede algo parecido en su historia reciente. Tener una memoria democrática doblemente centenaria hace que estas cosas se vivan con normalidad. No hay que olvidar que el diseño político norteamericano fue concebido buscando un contrapeso eficaz de poderes que evitase su concentración en las mismas manos. De hecho, la Constitución estadounidense establece una serie de mecanismos de control que contribuyen de forma natural a que los poderes ejecutivo y legislativo alcancen acuerdos y eviten así no sólo el bloqueo de las instituciones, sino la parálisis de la propia Administración. Por todo ello, desde ambos poderes han sido numerosas las voces que se han encargado en los últimos días de reiterar el compromiso de establecer un cauce fluido de diálogo y una estrecha línea de colaboración entre el presidente Bush y el Capitolio. Sobre todo ahora, cuando la situación iraquí se agrava y parece inevitable que se acuerde provisionalmente un aumento de los efectivos norteamericanos antes de su retira progresiva, con el fin de contribuir a la estabilidad en la región de Bagdad y la provincia de Anbar. Por su parte, la nueva mayoría legislativa quiere impulsar iniciativas que atiendan compromisos electorales asumidos por los demócratas durante las elecciones del pasado mes de noviembre. Entre ellos hay que citar la elevación del salario mínimo, la reforma de la legislación sobre inmigración, bloqueada desde el año pasado, y la promoción de investigaciones subvencionadas sobre células madre embrionarias. En principio, no parece que estas medidas y otras similares puedan generar tensiones insalvables con la Administración Bush. Como tampoco tendría que plantearlas las iniciativas que el presidente quiere promover con el fin de atajar el elevado déficit presupuestario que pesa sobre el Tesoro Federal. Con todo, si la nueva portavoz de la mayoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, cede a la tentación de deslizarse por una línea excesivamente rupturista y radical en sus propuestas, así como en mantener una estrategia de confrontación con la minoría republicana, no hay que descartar que en los próximos meses los ánimos puedan encresparse y provocar situaciones de bloqueo en el Senado e, incluso, el propio ejercicio del veto presidencial. Así las cosas, después de doce años de absoluta sintonía entre la Casa Blanca y el Capitolio, se abre un periodo de coexistencia en el que los demócratas y los republicanos se mirarán, al menos durante los próximos dos años, por el rabillo del ojo y con la vista puesta en las elecciones presidenciales de noviembre de 2008. A buen seguro, toda una lección de responsabilidad política. E UN GOBIERNO PARALIZADO L A esperada visita de Zapatero al aeropuerto de Barajas se saldó con una declaración que, en vez de plantearse en términos institucionales, fue claramente un intento de reivindicación personal ante el fracaso del proceso de negociación con ETA, en el que el presidente del Gobierno había apostado todo el capital político de su legislatura. La visita se produjo el mismo día en que la Ertzaintza encontraba en Atxondo (Vizcaya) un bidón con detonante y 150 kilos de explosivos, listos para ser usados. Pese a que el PSOE ha reprochado al PP que hable más de Zapatero que de los terroristas, el jefe del Ejecutivo se refirió más a sí mismo que a las consecuencias políticas de la ruptura del alto el fuego y volvió a personalizar las razones por las que los ciudadanos deberían confiar en el Gobierno. Con estas premisas, es evidente que Zapatero no es consciente de que ya no puede ponerse como aval del fin de la violencia. Que tenga o no energía y determinación que esté dispuesto o no a dar lo mejor de sí mismo es ahora irrelevante y, en todo caso, sólo puede producir más preocupación en la opinión pública a la vista de los resultados políticos que han producido los llamamientos previos a la confianza en su persona y en su capacidad de gestión de lo que siempre calificó como proceso de paz Sin una justa percepción del efecto político que el atentado del 30- D ha tenido sobre su crédito personal será difícil que se produzca la rectificación drástica que debe llevar a cabo Zapatero. Es probable que el presidente considere injusto el examen personal de gestos, acentos y matices al que está sometido desde el día del atentado, consecuencia de haber asumido la condición de protagonista absoluto, de mensajero de la paz y de gestor de esperanzas. Ahora que no hay paz ni esperanzas, se le aplica el mismo rasero del protagonismo, bien engrasado por la decepcionante declaración de la tarde del día 30, su desaparición en Doñana durante cuatro días y el superficial pronunciamiento de ayer en Barajas. El momento que vive España exige un liderazgo político claro, capaz de encabezar una movilización social contra el terrorismo y una nueva estrategia de Estado para derrotar a ETA. La incertidumbre que ensombrece el ánimo de los españoles es si Rodríguez Zapatero tiene condiciones para asumir esa responsabilidad. Los primeros pasos apuntan a un mantenimiento de mensajes genéricos, sin contenido político, sin iniciativas concretas. Hay una grave parálisis política en el Gobierno que condiciona el futuro de la lucha contra ETA, y parece que se vuelve a despachar a las víctimas sin hacer ruido y a mantener a los ciudadanos en sus casas. El Gobierno no puede reclamar tiempo ni márgenes de actuación, porque de la política sobre terrorismo que ha llevado a cabo desde abril de 2004 hasta ahora no hay nada aprovechable: ni los consensos de oportunidad con los nacionalismos, ni el tratamiento de interlocutor dado a Batasuna, ni la mediatización política de la justicia, ni, por supuesto, la ausencia de acuerdos con el PP El fracaso es absoluto y afecta a los análisis, a los procedimientos y a los objetivos del proceso de negociación con ETA. No vale ahora decir que los terroristas han engañado al Gobierno. Probablemente, nunca un gobernante estuvo más avisado que Zapatero del error que estaba cometiendo al confiar en ETA. Avisado incluso por los propios etarras, insistentes en advertir que lo suyo no era una tregua para la paz sino para la negociación política. Por eso, se equivocó ayer el presidente del Gobierno al decir que ETA ha elegido el peor de los caminos El camino erróneo lo tomó el Ejecutivo. ETA nunca cambió de camino. Por eso, Rodríguez Zapatero está emplazado a desarrollar un política antiterrorista radicalmente distinta, a partir de la vuelta al pacto de Estado con el PP y no hay justifica, ción admisible para seguir utilizando una retórica vacía que, al no comprometerlo, da a entender que le sirve para mantener viva la posibilidad de retomar más adelante el proceso de negociación, con una versión adaptada a las circunstancias. Ayer, en el escenario que denuncia la realidad de la única ETA que existe- -sin escisiones, sin moderados enfrentados a radicales, sin terroristas deseosos de dejar de serlo- el presidente del Gobierno desperdició otra ocasión para asumir el liderazgo que le hace falta a España para acabar con el terrorismo. NUEVOS RETOS EN SEGURIDAD VIAL L número de víctimas mortales en las carreteras españoles descendió en 2006 casi un 9 por ciento con respecto al año anterior, lo que supone 316 muertos menos. Es, sin duda, una noticia positiva, pero no justifica el triunfalismo ministerial si se considera que la cifra global asciende a 3.016 fallecidos. El carné por puntos ha tenido efectos positivos, aunque no sea la panacea de todos los males. De hecho, Tráfico debe mejorar la aplicación de la norma, no tanto en cantidad (200 conductores han perdidoel carné y sehan detraído ya 100.000 puntos) como en la percepción social de la actividad delos agentes. La DGTdebeofrecer la imagen deunaadministración que coopera con el automovilista y no simplemente que sanciona y persigue al ciudadano. En este sentido, es imprescindible que concentre su actuación en las infracciones que generan un peligro real y deje en segundoplano las sanciones por razones burocráticas o formales. La DGT debe mejorar también sus relaciones con las asociaciones del sector, alguna de las cuales ha recordado ya que las cifras anunciadas por elGobiernoson positivas, pero están muy lejos delos objetivos europeos. De hecho, las campañas educativas y la formación de los futuros conductores desde la escuela son factores determinantes para lograr a medio plazo un cambio estructural en el comportamiento de los usuarios de las vías públicas. E El análisis detallado de las cifras ofrece datos reveladores. Es positivo el descenso de víctimas entre los jóvenes (el grupo de alto riesgo comprendido entre los 15 y 24 años) y en las horas de madrugada, siempre propicias a los excesos del alcohol. Es muy negativo, en cambio, que aumente el número de personas que han perdido la vida a bordo de una motocicleta, lo que lleva a Interior al anuncio de un plan específico para este sector tan vulnerable. El gran reto de la Administración es, sin embargo, conservar y mejorar el estado de la red de carreteras, algunas de las cuales están muy deterioradas. No sólo se pierde la vida en autopistas y autovías, sino también es esas rutas secundarias donde abundan los baches, las curvas mal trazadas. los cambios de rasante sin visibilidad o el puro y simple abandono. Hace falta, por tanto, mejorar la eficacia administrativa, no sólo- -como promete el ministro- -en la tramitación de sanciones y en el endurecimiento de las penas, sino también en la coordinación entre el Estado, las comunidades autónomas y las diputaciones para mantener la red en buen estado. Hay que celebrar, en definitiva, la reducción, aunque sea limitada, de ese drama personal y familiar que constituyen los accidentes de tráfico, pero la sociedad española y los poderes públicos deben ser conscientes de que todavía falta mucho por hacer.