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ABC JUEVES 4 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA TRES DÍAS EN DOÑANA ADA uno es libre de equivocarse como quiera, pero hay errores que el pueblo no perdona, que son los que se derivan de la soberbia del poder. Zapatero ha cometido dos, y muy seguidos: uno, la inexplicable euforia de la víspera del atentado, y otro, la inexcusable huida posterior, esos tres eternos días en Doñana durante los que un país sumido en la zozobra no ha encontrado el liderazgo de un presidente a la altura de las circunstancias. El primero lo puede descargar sobre los servicios de información, sobre el Ministerio del Interior, sobre cualIGNACIO quier subordinado que le CAMACHO sirva de coartada para esquivar la realidad de su propia autocomplacencia confiada; pero el segundo es sólo suyo, incompartible, indelegable, exclusivo. Silencio y ausencia: he ahí la clase de respuesta que retrata a un gobernante ante su pueblo. La sensación que en estos momentos ofrece el presidente es la de un hombre perplejo, zarandeado por un revés que no alcanza a comprender del todo. Resulta patético que dos subalternos como Blanco y Rubalcaba hayan tenido que salir a escena para apagar el fuego que había prendido la titubeante comparecencia del sábado. Esa tarde desgraciada, Zapatero parecía zumbado, sonaca, incapaz de asumir que estaba ante su mayor desengaño. Luego desapareció, escapó a Doñana quizá para rumiar el fracaso en el horizonte despejado de la marisma. Es probable que en estos tres larguísimos días haya esperado en vano una noticia, un mensaje, un hilo al que agarrarse para no ver triturada su esperanza antes de aceptar la terca evidencia y enviar a sus edecanes a firmar el certificado de defunción del proceso Pero en ese tiempo su ausencia ha clamado de un modo atronador entre los escombros de Barajas y entre la conciencia de una ciudadanía huérfana de explicaciones, de dirigencia, de consuelo. Es el síndrome del poder, esa droga de orgullo que aleja de la realidad a quienes la prueban y los rodea de un halo de estúpida arrogancia, los vuelve impermeables a la crítica y refractarios a la sensatez. Para desintoxicarse, la medida más urgente es admitir ante el espejo los errores, y este Gobierno necesita reconocerse siquiera a sí mismo que se ha equivocado. Que eligió mal los interlocutores, que disponía de información averiada, que se cegó en una euforia imprudente, que se creyó invulnerable al engaño. Si no lo hace pronto, cometerá un nuevo error más grave: enfrentarse al problema lastrado por sus propios prejuicios. Se diría que está a punto de hacerlo, y lo hará si entierra el Pacto Antiterrorista, si renuncia a restablecer el consenso y trata de buscar un camino por su cuenta. Si hay algo que ETA sabe hacer, porque carece de escrúpulos, es encontrar el modo de aumentar la tensión, generar divisiones y amplificar el encono. La obnubilación suele desembocar en contumacia. Zapatero está en ese momento crítico en que necesita protegerse de sí mismo para evitar que el país sienta la tentación de protegerse de él. C CONSECUENCIAS DE UNA EJECUCIÓN L ahorcamiento del dictador iraquí, el 30 de diciembre, ha dejado atónitos a americanos y europeos. El procesamiento y ejecución de Sadam Husein se han desarrollado en la irregularidad. Se teme que añadan sangre y sufrimiento al pueblo iraquí. El jueves último, víspera de la ejecución, nos preguntábamos si se ahorcaría de inmediato al reo. Cuarenta y ocho horas después, el cuerpo sin vida de Sadam salía hacia Tikrit. La sentencia debía haber sidoconfirmada por elpresidentedeIrak, JalalTalabani, kurdo. Pero éste había insistido tiempo atrás en su rechazo de la pena de muerte. Dos graves consecuencias pueden desprenderse del ahorcamiento. La primera dependerá del grado de violencia que suníes y chiíes añadan a la guerra civil extendida entre ellos. Las impresiones de observadores fiables (norteamericanos, británicos, alemanes, franceses) son pesimistas. Hay sociedades que se enzarzan más y más en ataques mutuos sin recordar hasta qué punto es frágil la convivencia, perecedera la civilización. España en 1936, Irlanda en aquellos años, Francia en 1945, Alemania para qué decir, se esfuerzan hoy por afianzar su paz civil mientras acaban de cicatrizar las viejas heridas. La segunda consecuencia de esta ejecución afecta a Estados Unidos, líder mundial, al que se acude hoy en busca de DARÍO respuesta a muchas preguntas culturales VALCÁRCEL o económicas. Lahistoriay lageografíaseguirán modelandoelcomportamiento de los hombres. Entre tanto, la pena de muerte formará parte del Derecho Penal de las sociedades en que la norma coránica se mantiene en la base de la ley penal. Pero aún así, ¿hubiera sido mucho pedir un enjuiciamiento menos indecoroso? No nos extenderemos en la politización del proceso, el cambio de jueces, la designación por el Gobierno de un bochornoso magistrado como presidente del tribunal, el asesinato de cuatro abogados de Sadam, la fabricación de pruebas, elrecurso de casacióndespachadoen catorceminutos y, sobre todo, la acelerada ejecución del reo, por decisión personal del primer ministro Al- Maliki, tras conocer la resistencia a la violación del procedimiento por parte de Estados Unidos, quizá con la intención de comprometer a su aliado. Ni aún así podrá transformarse la imagen deSadam, con E su vesánico perfil, en el mártir en que pretenden convertirlo muchos suníes. Pero el apresurado ahorcamiento es uno de los peores servicios que se podían hacer a Irak. El error será caro para George W Bush, quizá también para Estados Uni. dos. La grabación del acto final, filmado en un teléfono móvil y vendida por uno de los asistentes, permite ver los detalles. Meses antes, uno de los guardianes de la prisión había vendido imágenes de Sadam semidesnudo en su celda mientras lavaba su ropa. Bush en persona intervino entonces indignado, pero ya era tarde. Desde su rancho de Crawford, Tejas, el presidente ha hecho una declaración medida y al tiempo contradictoria: la muertedeSadam Husein representa una etapaimportante en el camino de la democracia en Irak, una democracia que pueda gobernarse, sostenerse y defenderse por sí misma Por hoy es exactamente lo contrario. El objetivo se hubiera logrado si, incluso en un país con pena de muerte, sometido a la ley islámica, la acusación, la defensa y la magistratura hubieran dado a este proceso el rigor exigible. Pero la burla alDerecho hasido tan tosca, el ahorcamientotan ignominioso y el servicio rendido a la imagen de Sadam tan evidente que la declaración deBush sólo podría entenderse en un sentido, el camino recorrido hacia atrás. Seha retrocedido, y mucho, en la búsqueda de un Irakabierto a la reconciliación, poco a poco pacificado, algo más libre. La ejecución del antiguo dictador se ha llevado a cabo en una base de los Estados Unidos. Sadam pasó tres años en una celda de esa base, próxima al aeropuerto de Bagdad, capital de un país invadido. Estaba vigilado por policías de la Guardia Nacional norteamericana. Había sido capturado por un destacamento de marines el 13 de diciembre de 2003 y sentado en el banquillo ante un tribunal financiado ad hoc por la Administración Bush. El cuerpo sin vida del reo era trasladado el 30 de diciembre a su enterramiento en Tikrit por un helicópterode las fuerzas deEstados Unidos. Los conciudadanos deBush, hoy en su mayoría adversosalpresidente, han tomado nota de estas imprudencias. La prisa con que el primer ministro iraquí ha incumplido los preceptos institucionales y religiosos al quemar etapas en esta ejecución ha levantado no pocas alarmas en América. La vida en esta tierra de Sadam Husein- -un dictador particularmente repugnante- -ha terminado. Pero la polémica sobre su enjuiciamiento y ejecución no ha hecho más que empezar.