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Miércoles 3 de Enero de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2006. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.258. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Lágrimas rojas de sangre rumana Ioan y Bianca Gracea llegaron en otoño desde Rumanía con su hijo de 8 años y la ilusión en la maleta. Tres meses y medio después, ella clama justicia por el asesinato de su marido en Nochevieja en Alcalá de Henares POR JUAN CIERCO DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany EL BURLADERO ASÉ por la T- 4 hace sólo unos días. Allí es donde aterrizan ahora los aviones que vienen de Bruselas. Tardé aproximadamente una hora en encontrar las maletas. Ellas ya llevaban lo suyo girando en la cinta, pero de eso todavía no se habían enterado las pantallas. Y vete tú a buscarlas entre el cielo y el suelo. La persona que vino a recogerme había dejado el coche en el parking. Sector D, junto a los ascensores. El Vitorio iba unos pasos por delante. A mi hija la llevaba yo en brazos. Y sí, tuvimos suerte, porque no, no saltamos por los aires. Quiso el destino, grato, que ese día no fuera el elegido por la ETA para engrosar las estadísticas de accidentes mortales. Ésos tan fastidiosos que a uno le pillan durmiendo en casa, cuando las estufas te enfrían para siempre, o en un cruce esquinado, cuando un loco con puntos se te lleva muy sobrio por delante. O en una Terminal. Otra fecha de vuelo, un programa distinto, un adelanto aquí o allá un retraso, y eres carne de noche. Se te solidariza un tal Otegi. Y como te descuides, suspendes los procesos, aunque nunca pensaras aprobarlos. O los rompes, quizás. Total, por un vulgar aparcamiento de un aeropuerto más, el de Barajas, desde el que se levantan los aviones que te llevan al mundo desde España... Total, por unos cuantos extranjeros, algunos coches, varios emigratas una insensata sensación de hielo, tres Carlos, siete Juanes o dos Lauras, no vas a abandonar el burladero. Que los toros se sientan como en casa. Dejémosles que salgan de chiqueros, revienten al caballo si les cuadra, y vamos a aplaudirles la bravura de rendir al torero y a la plaza. No sé qué duele más, si usted, maestro, el miedo, la vergüenza o la cornada. P L a sangre rumana también es roja. Las viudas rumanas también lloran. Las manos rumanas también tiemblan. Los matrimonios rumanos también tienen hijos. El huérfano rumano tiene 8 años. El padre muerto tenía 28. Y un nombre, Ioan. Y un apellido, Gracea. Y una vida por delante. En Alcalá de Henares, junto a su esposa y su hijo, junto a sus familiares instalados aquí desde hace algún tiempo. Todos rumanos. Como la sangre. Como la viuda. Como las lágrimas. Como las manos. Los rumanos también celebran el Año Nuevo. No en familia, que para sobrevivir hay que trabajar entre uva y uva para ganar 60 euros y vigilar una pista de hielo sobre la que esa noche, más vieja que nunca, patinó la muerte, vestida de blanco impoluto hasta que se tiñó de sangre, con guadaña afilada para mantener el equilibrio. Bianca Gracea llora a su marido. Y escurre su sangre, rumana, inocente, modesta, pobre, sin papeles. Y el hielo deja de ser blanco. Las lágrimas rojas del dolor se mezclan con las de la ira. Las palabras, desordenadas, ahogadas, llenas de lágrimas y sangre, salpican a borbotones. Se pide justicia. Se exige la detención de los culpables. Jóvenes descerebrados. Asesinos sin escrúpulos. Cobardes de pura cepa. De casa. Del barrio. Orgullosos de serlo. Siete y media de la mañana de un año que nace muerto. Al menos para Ioan. Para Bianca. Para un niño de 8 años que ya no cree en las bondades de esa Unión Europea que les acaba de recibir como a uno de los suyos. Siete y media de la mañana. Una hora tan mala para morir como cualquier Bianca escurre la sangre de su marido asesinado en Nochevieja otra. Tan estúpida para matar como todas. Dos puñaladas, en el tórax y a la altura del corazón. Delante de la esposa. Ya viuda. Junto a él porque no quería que esa noche, más vieja que nunca, estuviera solo. Tres meses y medio en España. Cuatro jóvenes que se acercan a la pista de hielo y le amenazan. Luego vuelven. Con otros. Y le matan. Zas. Y zas. Cinco velas con luz tenue y llama temblorosa que señalaban ayer el lugar de los hechos. Siete y media de la maña- DE SAN BERNARDO na. Demasiado pronto para que un niño de ocho años pierda a su padre. La viuda acusa a un policía local de haber visto el crimen y no haber hecho nada. El alcalde promete investigar y costear la repatriación del cadáver. La sangre rumana también es roja. Las viudas rumanas también lloran... Y la muerte, ya satisfecha, se esfuma entre la niebla, deslizándose por ese hielo tan frío que se derrite entre las manos, pobres, extranjeras, sin papeles, honradas, de la impotencia. Rumana, claro.