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44 ECONOMÍA MIÉRCOLES 3 s 1 s 2007 ABC Gazprom continúa arrebatando sus acciones a los inversores extranjeros El Gobierno ruso emplea cualquier medio de presión para obligar a las compañías de fuera del país a vender a buen precio las participaciones que mantienen RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. Gazprom, el monopolio energético semiestatal patrocinado por el presidente Vladímir Putin, no deja de crecer. Su expansión se está realizando ahora mediante la modificación, bajo todo tipo de presiones, de contratos firmados hace tiempo con compañías extranjeras. El último ejemplo ha afectado al grupo anglo- holandés Shell y a las corporaciones japonesas Mitsui y Mitsubishi. Pero en el horizonte se divisan nuevas operaciones destinadas a reforzar el monopolio de Gazprom, a hacer el mercado ruso de los hidrocarburos más impenetrable y a afianzar el control absoluto que el Kremlin ejerce sobre el sector energético del país. Con el objetivo de modernizar las obsoletas infraestructuras heredadas de la desaparecida URSS y de acceder a las altas tecnologías, el Parlamento ruso aprobó en la década de los 90 la llamada Ley de Producción Compartida. El mecanismo es sencillo: las empresas extranjeras que invierten en Rusia en grandes proyectos quedan exentas de cualquier tipo de tributo al Estado mientras no hayan amortizado los costes. En el sector energético, tal normativa hizo posible la aparición de proyectos como Sajalín- 1, Sajalín- 2, nombre de esa gran isla del Extremo Oriente que posee las mayores reservas de hidrocarburos del Pacífico ruso, y Jariaga en la parte norte de la Siberia central, encabezados respectivamente por la compañía estadounidense ExxonMobil, Shell y la francesa Total. Gazprom, cuyos suministros constituyen más del 25 del gas que se consume en la Unión Europea, ya había recurrido antes a oscuras manipulaciones para incrementar su poderío. Su capital fue empleado en la compra de Yuganskneftegaz, la principal filial extractora de Yukos. Con ello se asestó el golpe de gracia a la petrolera de Mijaíl Jodorkovski, quien cumple en la actualidad una condena de ocho años de prisión en un penal de Siberia. Sin embargo, hasta ahora, el Kremlin, no se había atrevido con las grandes multinacionales de la energía. Debido a las subidas de los precios, sobre todo del acero, ponerse de acuerdo. Así que, el pasado mes de agosto, el Ministerio de Recursos Naturales de Rusia se interesó repentinamente por el impacto medioambiental de las obras en la isla de Sajalín y encontró numerosas infracciones: tala excesiva de bosques, alteración de la orografía del terreno con el consiguiente riesgo de corrimientos de tierra, que a su vez pueden conducir a la rotura de oleoductos y vertidos de crudo. La inspección realizada por el Órgano de Protección Medioambiental ruso acusa además a Shell de destruir la bahía de Aniva, y de causar perturbaciones que afectan a las ballenas. Lo cierto es que con las compañías energéticas rusas, que a veces provocan daños ecológicos incalculables las autoridades de Moscú no son tan escrupulosas y exigentes. El Ministerio de Recursos Naturales terminó revocando la licencia medioambiental a Sajalín- 2. Todo el proyecto quedó amenazado de paralización después de que Shell, Mitsui y Mitsubishi, unidas en el consorcio Sajalín Energy, desembolsaran en torno a los 16.000 millones de euros. Condiciones leoninas A Shell y a sus dos socios japoneses no les quedó más remedio que claudicar y aceptar las leoninas condiciones impuestas por Gazprom. Según el nuevo acuerdo, sellado la semana pasada en el Kremlin en presencia de Putin, el proyecto Sajalín- 2, que era el único en Rusia con participación exclusivamente extranjera y puntero en la comercialización de gas licuado, pasa a estar bajo el control de Gazprom, que adquiere el 50 de las acciones más una por el módico precio de 5.800 millones de euros. El monopolio gasero ruso admite que el precio real de la operación hubiera sido un 25 superior de no ser por los problemas ecológicos. Las reservas de Sajalín- 2 se calculan en 150 millones de toneladas de petróleo y 500.000 millones de metros cúbicos de gas. Al final, Shell ha visto reducida su participación de un 55 a un 27,5 Mitsui de un 25 al 12,5 y Mitsubishi del 20 al 10 Se explican así los recelos de la UE hacia un país que tiene totalmente monopolizado el sector del gas y controla el del petróleo a través de empresarios fieles a Putin. Ha quedado claro que Moscú desea mantener limitada la participación de las empresas extranjeras en la extracción de hidrocarburos y en la gestión de su transporte. Por eso, el presidente ruso insiste en que, pese a los ruegos de Bruselas, Rusia no ratificará la Carta Energética, acuerdo internacional destinado a hacer más transparente y abierto el sector de la energía. Pese a los ruegos de Bruselas, Putin insiste en que Rusia no ratificará la Carta Energética AP La francesa Total, también en el punto de mira de las autoridades rusas La compañía francesa Total podría verse pronto en la misma situación que Shell, teniendo que ceder a precio de saldo su participación en el yacimiento de Jariaga, en la parte norte de la Siberia central, a la petrolera rusa Rosneft, controlada también por el Estado y vinculada a Gazprom. En septiembre, el Ministerio de Recursos Naturales ruso amenazó con retirar a Total la licencia de explotación del campo petrolífero de Jariaga si no intensifica la extracción, considerada inferior a los niveles acordados, y no subsana algunos problemas de índole medioambiental. Los analistas creen que las pretensiones planteadas por las autoridades rusas no son más que un pretexto para arrebatar a Total sus activos. La firma francesa explota el yacimiento siberiano con una participación del 50 La noruega Norsk Hydro detenta el 40 y la compañía local rusa de la región de los Nénets el 10 Shell anunció el año pasado que el coste total del proyecto se duplicaría. De 12.000 millones de dólares pasó a costar, según los cálculos de la compañía anglo- holandesa, 20.000 millones (cerca de 16.000 euros) Consciente de que tal incremento en los costes supone aplazar el momento de comenzar a recibir beneficios, el Estado ruso mostró su desacuerdo. Comenzaron los problemas, Shell fue conminada a aceptar la cesión a Gazprom de una participación del 25 en el proyecto Sajalín- 2 a cambio de acceso a los yacimientos de la región norteña de Komi. Tras un año de tira y afloja, Gazprom y Shell no lograron El último ejemplo de presión del Gobierno ruso ha afectado al grupo anglo- holandés Shell y a las japonesas Mitsui y Mitsubishi