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ABC MARTES 2 s 1 s 2007 DEPORTES 87 Miguelón, diez años después El pentacampeón se retiró el 2 de enero de 1997 con una enigmática frase: Físicamente estoy bien y podría ganar el sexto Tour Alejado voluntariamente del ciclismo, ejerce como embajador. Da charlas, apadrina eventos, inaugura ferias y cuida sus negocios POR JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. Por los diminutos pueblos que recorre el Tour, por los parajes de tradición ciclista de la Vuelta, por mesetas y puertos, por el corazón del aficionado a las bicis, aquellas palabras convirtieron la fecha en un relicario. Hoy, 2 de enero de 1997, quiero anunciar públicamente mi retirada del ciclismo profesional Miguel Induráin lo dijo sin mover una pestaña, sin conceder un centímetro a la emoción fácil, sin el recurso al lagrimeo simplón de las despedidas tan habitual entre los deportistas contemporáneos. Aquel folio beige con 38 líneas transcritas a máquina que leyó el navarro en un hotel de Pamplona entronizaron la leyenda del deportista español más impactante de la época moderna. Hoy se cumplen diez años sin Induráin. Deseo disfrutar del ciclismo como aficionado siguió aquel día en un mensaje que ni lanzado a propósito por el peor de sus enemigos. Se fue Induráin en 1997 y desde entonces el ciclismo languidece en España, arrastrado por un sistema viciado. luntariamente del ciclismo, de sus órganos de decisión, de sus puntos de influencia. Es miembro del Consejo de Ciclismo Profesional de la Unión Internacional (UCI) en una especie de cargo consultivo. Apenas acude a las carreras y ha rechazado casi todos los ofrecimientos que le han hecho para convertirse en otro Perico Delgado, siempre presente en cualquier sarao. No voy porque me van a marear entre todos fue su última respuesta para la invitación de una peña ciclista del norte que pretendía rendirle homenaje estos días. Enemigo de la farándula, de las complicaciones sociales, Induráin guarda toda su fidelidad para sus amigos, para la cuadrilla de ex ciclistas con los que comparte charla, cenas y negocios. Es socio de los hermanos Gorospe, Marino Lejarreta y Alberto Leanizbarrutia en las tiendas de deportes Fórum, la empresa propiedad de Eroski que acogió como accionistas a un gran número de ciclistas y futbolistas. liarias y en un concesionario de coches (Mazda) que compartió con su antiguo padre deportivo, Eusebio Unzué. Por ahí ha cerrado ya una herida: la fractura con sus mentores, José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué. Uno de sus principales motivos para dejar la bicicleta aquel 2 de enero. Antes no se hablaba con ellos y ahora mantiene una cordial distancia. Induráin se puso de parte de Sabino Padilla (el médico del Athletic) y en contra de Echávarri y Unzué cuando éstos estiraron con el récord de la hora la gira americana en octubre 1995 que había incluido una semana de concentración en Colorado, el oro en la contrarreloj en Tunja, y la plata frente a Olano en el Mundial más famoso de la historia en España. Luego llegó aquella Vuelta desdichada (96) la que Induráin no quiso correr y que acabó de mala manera con la retirada al paso por el Hotel Capitán, de Cangas de Onís. Albergue que, como el campeón, también ha cerrado por jubilación. En su momento rechazó la oferta que le hizo Alfredo Sáez, ex presidente de Banesto- -un cargo vitalicio como defensor del cliente en el Banco que había patrocinado sus cinco conquistas en el Tour- -porque no quiso comprometerse a horarios, exigencias y obligaciones laborales. Es un ídolo del nivel de Jordan o Schumacher que no ha modificado sus hábitos con el autógrafo. Una rúbrica generosa, envolvente, densa que explica su personalidad paciente con el público. Induráin se fue, el ciclismo está medio muerto y aún pervive en el recuerdo aquella frase: Físicamente estoy bien y pienso que todavía podría estar en condiciones de lograr el tan deseado sexto Tour Negocios diversos Su última aparición en un acto promocional fue una cena en un restaurante de Algorta (Vizcaya) donde se juntó con sus mejores amigos en una invitación. Su hermana Isabel sigue siendo la encargada de sus negocios, como cuando ganaba Tours. Continúa al frente de sus inversiones en fincas de cultivo, en propiedades inmobi- Tres hijos He tomado la mejor decisión para mí y para mi familia. Ellos también me están esperando Por ahí no caben dudas. El primer hijo de Induráin nació cuando él ganaba su último Tour, en 1995, y desde entonces la saga ha crecido con dos varones más. Ese fue uno de los motivos por los que el pentacampeón cambió su hogar de Olaz (un barrio residencial) al centro de Pamplona, donde hoy vive como un jubilado sin preocupaciones. Su agenda para los actuales diciembre y enero sería la envidia de cualquier ex deportista sin otra pretensión que disfrutar de la vida y el tiempo libre. La inauguración de la Feria Deporte Total en Madrid, el apadrinamiento de una prueba pirenaica de ciclismo aficionado, unas charlas- coloquio en varios colegios de Almendralejo al hilo de las andanzas del ciclismo, la recepción de un premio nacional de juego limpio de parte del Gobierno de Castilla- La Mancha... Ese es su estrés vital. Induráin se ha alejado vo- Miguel Induráin, con los cinco maillots amarillos de sus cinco Tours ABC La bici, sólo con calor y en Benidorm Los ciclistas reniegan de su profesión. Años y años de supervivencia en el asfalto frente a los coches, de castigar el cuerpo, de competir al límite de la extenuación y de todo el aparataje subterráneo que sólo sale a la luz con escándalos, no quieren saber nada de su antiguo mundo laboral. Salvo en las relaciones de amistad, los ex ciclistas dejan de serlo muy pronto. Induráin no es una excepción, sino uno más. Hace diez años que se retiró, pero hace veinte que su cuerpo se transformó. Fue después de que le llevaran a la consulta del doctor Conconi y éste produjese el milagro de aligerar el organismo del futuro campeón sin perder masa muscular. Menos peso, más potencia, la piedra rosetta del ciclismo. El navarro, que tiene 42 años, ha echado tripa. Ya apenas monta en bici. Con frío, ni pasear le gusta decir. En su gélida Pamplona no sale a degustar las viejas carreteras de sus años de entrenamiento, por el puerto de Erro, en dirección a Ochagavía o por ahí. Sólo se coloca un culotte en Benidorm, su segunda residencia. Allí, al calor del Mediterráneo, en la bondad del microclima alicantino, se sube a la bicicleta, pone rumbo al interior y recuerda quién fue.