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76 CULTURAyESPECTÁCULOS Concierto de Año Nuevo en Viena MARTES 2 s 1 s 2007 ABC Lucia Lacarra, la primera bailarina española que participa en el concierto de Año Nuevo, y su marido, Cyril Pierre, durante los ensayos previos EPA Zubin Mehta y los valses de Año Nuevo dan la bienvenida a Rumanía y Bulgaria Por cuarto año, el director de orquesta se puso al frente de la Filarmónica de Viena para celebrar con música de los Strauss, padre e hijo, el Año Nuevo ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MADRID. Los avances científicos no hacen otra cosa que ponernos los pelos de punta. No hay día que no abramos la boca sorprendidos ante un nuevo descubrimiento conveniente refrendado en alguna revista científica. Nuevos planetas, nuevas especies galopando por el orbe terrestre, la solución a la conjetura de Poincaré, el deshielo de la Antártida y Groenlandia, los restos fosilizados de un pez afín a los tetrápodos, el mecanismo encubridor de lo invisible y hasta el ya veterano asunto de la clonación que tantas horas de desvelo está provocando. Porque la pregunta golpea una y otra vez la sien: ¿fue Dolly ovejita completa con todos sus atributos? ¿cotizará en bolsa la empresa neoyorquina dedicada a clonar gatitos? o más concretamente y por mucho que duela: ¿existe el Concierto de Año Nuevo? Terrible. La cuestión se ha vuelto más candente desde que hace unos días se divulgó la sobrecogedora noticia de que la japonesa Yoko Shibai lleva veinte años, veinte, acudiendo puntualmente a la cita vienesa. Ya duele que, ante semejante demostración de fidelidad, José Luis Pérez de Arteaga en TVE, Carlos Herráiz en Radio Clásica y Fernando Argenta en Radio 1, encargados de transmitir el concierto, no hayan salpimentado sus jugosísimos comentarios con una palabra de aliento para esta simpática espectadora cuya presencia es hoy por hoy el estandarte en el que se han mirado los muchos millones de oyentes que siguen el evento desde medio centenar de países. Para todos ellos va desde aquí una palabra de apoyo. En el fondo debe ser una cuestión de orgullo. No se olvide que a Brian Large tampoco le ha interesado la señora Shibai. Será porque él lleva otros tantos años demostrando ser el más exquisito realizador que por el mundo pasea. Y al enemigo ni pan. Al fin y al cabo lo que a Large le conmueve (y de paso a nosotros que somos sus admiradores) es llevar las cámaras con gracia envidiable por entre las flores que abarrotan la sala dorada de la Musikverein vienesa, por idílicos jardines, invernaderos, escaparates, escenarios campestres, norias y músicos. Todo ello mostrado en alta definición, pantalla 16: 9 y adornado con ese puntito de acaramelada evocación austriaca que sirve, y ya es de agradecer, para no agitar demasiado las resacas que ven nacer el año. Pero hay más, porque el caso es que con estos ojitos que algún día serán abono se ha visto por la tele a un veterano como Zubin Mehta (ya protagonista en 1990, 1995 y 1998) salir tan peinadito al escenario vienés para atacar sin miedo la marcha Zivio de Johann Strauss antes de deleitarse (que se deleita y mucho) con los compases más ondulantes, entre ellos los Espíritus voladores de su hermano Josef que tan simpáticos balanceos provocó a los flautistas de la Filarmónica vienesa. ¡Qué bonitos detalles! el roce delicado del arco contra las cuerdas del contrabajo, el temblor en la mano derecha del glockenspielista ante las novedosas Ondas de los elfos del centenario Josef Hellmesberger, la firmeza de triangulista en el Galop de entrada del padre Strauss, los saltitos acelerados en la silla a la hora de tocar la polca Sin freno de Eduard, además de los solos instrumentales en el simpático Recuerdo de Ernst tan aplaudidos e ¿improvisadamente? jaleados por Mehta, para coger a contrapié al realizador. El director tampoco dejó pasar la oportunidad de dar la bienvenida a los dos nuevos socios de la Unión Europea: Rumanía y Bulgaria. Y, por supuesto, los ballets, y con ellos la actuación de la guipuzcoana Lucía Lacarra, junto a su marido, Cyril Pierre, ambos bailarines principales del Ballet de la Ópera Zubin Mehta, durante el concierto