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56 AGENDA Tribuna MARTES 2 s 1 s 2007 ABC Hermenegildo Altozano Escritor CUANDO ATRAVESAMOS MASAYA UANDO atravesamos Masaya yo tenía los ojos cerrados. Carlos Zúñiga había querido que conociera Monimbó, donde se alzaran los indígenas contra Somoza cuando la Revolución Sandinista. Tanto les había reclamado de Monimbó, de las armas rudimentarias, de los palos y las piedras. De las caretas de carnaval, convertidas en máscaras guerreras. Noel Vidaurre le afeó el rodeo cuando paramos para repostar, ya de noche, en una gasolinera: ¿Para qué carajo te desviaste en Masaya? Hermenegildo lleva dormido desde que salimos de San Juan del Sur C No teníamos tiempo para navegar hasta las Isletas y por eso nos quedamos en Granada, cerca de la catedral que incendiara el filibustero Walter, bajo un sol intenso, entre vendedores de hamacas y puestos de pinol Es probable que durmiera- -no recuerdo- -aunque es más probable que oscilara entre el sueño y la vigilia, en ese estado donde la razón no termina de alcanzar su vigor pleno. Y que los muros y las carreteras me parecieran, entonces, un mismo muro y una misma carretera. Al día siguiente, mediada la mañana, Claudia Prado, Joaquín Aguirre y yo partimos hacia Granada. Antes de entrar en la ciudad, Claudia quiso acercarnos hasta el lago de Nicaragua. El Mar Dulce, como lo llaman los nicaragüenses, porque hay días en que se vuelve bravío, como el mar. Y porque no se alcanza a ver el otro lado. Era domingo y en la orilla los catecúmenos de las iglesias evangélicas se daban al rito del bautismo, vestidos de blanco. No teníamos tiempo para navegar hasta las Isletas y por eso nos quedamos en Granada, cerca de la catedral que incendiara el filibustero Walter, bajo un sol intenso, entre vendedores de hamacas y puestos de pinol. Refugiados en la umbría de los soportales y en los patios de las casonas. En el aire acondicionado. Habíamos leído de Solentiname. Pensaba que se trataba de una sola isla en el lago de Nicaragua. Claudia nos dijo que era un archipiélago al que se llegaba en barco desde San Carlos, al sureste del lago. En Solentiname se había instalado un grupo de pintores para ensa- yar pintura primitivista, de formas ingenuas y colores vivos. No hay tiempo de visitar Solentiname- -decía Claudia. Cuando Ustedes regresen Antes de volver a Managua aún tuvimos tiempo de subir hasta el volcán Mombacho para asomarnos a la Laguna de Apoyo. de millares de años y después llenado por las lluvias. Según la misma información, sus aguas calientes y cristalinas, de una profundidad estimada de 200 metros, y su flora exuberante hacen de este lugar algo único en su clase. Los turistas pueden bañarse en sus aguas y realizar actividades deportivas Aquella tarde, Claudia, Joaquín y yo nos contentamos con quedarnos allí, apoyados en una tapia, ajenos al griterío de los niños de domingo y ajenos a las actividades deportivas de los turistas. Recuerdo que más allá de la laguna se tendía el Mar Dulce. Y recuerdo que Claudia anduvo con la cámara de fotos sin que apenas nos distrajeran sus reclamos para mirar a uno u otro lado. Estoy Ahoraqueestoyescribiendo de Nicaragua busco la ayuda de los folletos turísticos y leo en uno de ellos que la Laguna de Apoyo debe su nombre al sabor de sus aguas: alt- poyec -agua salobre- -y que alberga una gran cantidad de especies animales y vegetales, algunas de ellas endémicas de Nicaragua. Leo, también, que su forma circular y el origen volcánico de la roca que lo rodea permiten suponer que se trata de un antiguo cráter extinguido des- repasando las fotos. Me quedo con aquella en que estamos sentados en la tapia, con la Laguna de Apoyo al fondo y el Lago de Nicaragua más al fondo todavía. Hay una sombra que parece la de Claudia. Claudia que fotografía su sombra. A la derecha puede verse un cartel que anuncia las elecciones. Es probable que cuando regresemos Daniel Ortega hay tomado posesión como nuevo presidente de Nicaragua. Y que demandemos a Claudia que cumpla su promesa de llevarnos a Solentiname. O que esta vez prefiramos quedarnos en Managua. Manuel Pecellín Lancharro Escritor AL PIE DE LA SIERRA DE LA ESTRELLA E La aljama judía, las iglesias góticas de la Concepción y el Santo Cristo, el belvedere del jardín público, los testimonios de arqueología industrial... merecen excursiones más lentas N las faldas de la Serra da Estrela, hermosísimo Parque Natural donde se halla el único punto del territorio portugués con 2.000 metros de altura, Covilhâ ofrece multitud de encantos para sus vecinos españoles, tan próximos y aún distantes. Castro protohistórico, abrigo de pastores lusitanos, fortificada por las legiones romanas, asiento de judíos, cuna de célebres navegantes y capital textil de la Beira interior, la ciudad ha ido extendiéndose por las márgenes de las dos ribeiras que descienden torrenciales de la montaña, Carpinteira e Degoldra, afanadas por fundirse en el Zezere próximo. Se dice que sin las aportaciones del explorador Pêro de Covilhâ habría sido imposible el éxito del viaje de Vasco de Gama y el descubrimiento del camino marítimo que transformó el mundo. Y un hebreo covilhânense, José Vizinho, citado por Colón, sistematizaría las imprescindibles cartas de marear. De aquí fue Francisco Faleiro, quien elaboró en Sevilla (1535) el Tratado del Mundo y del Arte de Marear, al parecer la segunda obra del siglo XVI que estudia los fenómenos de magnetismo terrestre. tades y Escuelas de Enseñanza Superior. En la de Medicina profesa un neurólogo extremeño, el doctor José Luis Parrilla, amigo mío y de los organizadores del Simposio- Homenaje a la autora de la Condición Humana, Los Orígenes del Totalitarismo, La Vida del espíritu, Eichmann en Jerusalén y tantos otros libros fundamentales para la Filosofía política contemporánea. mente de mañana a tarde y hubo que esperar al fin unas horas al turismo. El Conociendolaamabilidadlu- Covilhâ, con 50.000 habitantes, guarda preciosísimos restos de su añeja historia y lucha por recomponer los desajustes socioeconómicos impuestos por la crisis de lana merced al turismo de la nieve. Incluso este otoño tan cálido, la sierra lucía blancuras fulgurantes. Los esquíes surcarán pronto las Penhas de Saúde. Las divisábamos, sorprendidos, mucho antes de llegar, procedentes de la también bellísima Sierra de Gata, hermana menor española de la Sierra de la Estrella. Nos conduce hasta allí la invitación a un Congreso sobre Hannah Arendt, organizado por la Universidad. Porque Covilhâ posee numerosas Facul- sa, no pude extrañarme con la calidez, el trato exquisito y la mesura de las intervenciones, tanto de los conferenciantes como de los partícipes en los largos coloquios posteriores a cada exposición. Pocas veces encontré un público, si bien no muy numeroso ni en exceso puntual, tan entendido y educado. Muchos de los ponentes, profesores jóvenes casi todos, forman parte de la AFFEN (Associaçao Portuguesa de Filosofía Fenomenológica) Se ve que la difícil metodología de Husserl, repensada por Heidegger o Sartre, produce frutos generosos también en el país vecino. La programación fue de intensidad inusitada. Los actos se sucedían ininterrumpida- Museo textil, las murallas y el barrio medievales, la aljama judía, las iglesias góticas de la Concepción y el Santo Cristo, el belvedere del jardín público, los testimonios de arqueología industrial... merecen excursiones más lentas. Por no decir las rutas serranas, repletas de pueblecitos encantadores, conservados tan puros, donde degustar inolvidables quesos u oír el ladrar de los perros autóctonos, parecidos a nuestros mastines, que todavía protegen los rebaños. Como siempre que vuelvo de Portugal, me reconozco entre los hombres así descritos por Saramago en Espacio Espaço Escrito, (n 4- 5, 1990, pág. 19) revista bilingüe en cuya fundación cooperé: Sempre houve entre nós, a compensar os fenómenos de repulsâo, uma espécie de movimiento de atracçaô, ou, tal vez con mais rigor, de fascinaçao incosciente, que, ao longo do tempo, levou alguns de nos, de um e outro lado, a olhar o seu visión, mas do que com curiosidade, com uma forma particular de amor