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32 INTERNACIONAL La ejecución de Sadam Husein MARTES 2 s 1 s 2007 ABC Los soldados de EE. UU. rezan por sobrevivir a la guerra en Irak Con el comienzo de año y la perspectiva de una escalada, volver es lo que cuenta J. L. DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. La barrera psicológica de los 3.000 soldados norteamericanos muertos en Irak también ha mermado la euforia de las tropas desplegadas en la región. Entre tiroteos, redadas y ataques con morteros o granadas existe una esperanza por sobrevivir con vida a la despiadada aventura iraquí con las miras puestas en un futuro mejor. El día a día de la madeja de sangre e ira que azota al país árabe no permite a las tropas estadounidenses llevar una vida normal, pero como seres humanos los deseos más mundanos son parte de sus aspiraciones para este nuevo año. Si no que se lo digan al soldado Maurice Gibbs, de tan sólo 22 años, que declaraba a la agencia Associated Press que su único deseo para 2007 es poder pasar más tiempo con su mujer después de que ambos den por acabado sus tareas en Irak. Tan sólo unos pocos kilómetros les separan de sus quehaceres diarios pero desde que contrajeran matrimonio el pasado mes de agosto, sólo han podido verse un par de veces en los últimos tres meses, en encuentros casi clandestinos de un par de horas de duración. parar de él, podría haberme quedado todo el día mirándolo aseguraba. Regresar a casa Las promesas para el nuevo año de los soldados estadounidenses no difieren demasiado de las de cualquier otro mortal. Así, por ejemplo, el sargento Macalister Thomas sólo le pedía a 2007 más tiempo para visitar el gimnasio y sustituir las latas de soda azucarada por zumos o cualquier otra bebida más sana. Para el soldado Zane Henson, empezar a tocar de nuevo la batería e, incluso, crear un grupo musical forma parte de sus tareas indispensables para este curso. Y cómo no, los idiomas juegan un papel importante entre las tropas norteamericanas. Por eso el veinteañero Leveron Moore quiere comenzar a aprender español, aunque reconoce que quizás en Irak le sería más efectivo el árabe; pero como todos sus compañeros, Leveron sueña con volver a casa sano y salvo en algún momento de su vida. Raghad Sadam Husein, hija del ex presidente ejecutado, ayer en una manifestación en Amán AFP Sueños y caprichos Gibbs no dudaba en mostrarse aterrado con su delicada situación, y explicaba que aunque muchos me consideran muy afortunado por tener a mi mujer cerca no piensan en la congoja que me invade cuando sufrimos ataques del enemigo La posibilidad de poder recibir una llamada de teléfono con malas noticias me hace desear que mi esposa estuviera esperándome en Estados Unidos y no a tan sólo unos kilómetros de distancia No todo es dolor y lágrimas entre el ejército estadounidense. Para el soldado Jeffrey Thompson, de 27 años, su paso por Irak supone la posibilidad de hacer realidad su sueño más preciado, convertirse en un técnico de coches y, cómo no, poder hacerse con el nuevo Ford Mustang que vio expuesto en un concesionario hace unos meses. Casi me tienen que se- Haizam Amirah Fernández Investigador principal para el Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano LA HORCA DE SADAM L a ejecución de Sadam Husein no pacificará Irak ni restañará las heridas que tanto él como la ocupación extranjera, han causado a la resquebrajada sociedad iraquí. Ni siquiera es un acto de justicia para con las víctimas de sus atrocidades. El ahorcamiento de Sadam, ocurrido en plena zona verde controlada por las fuerzas de ocupación, lo eleva a la categoría de mártir a los ojos de muchos. Un rango que de ninguna manera corresponde a semejante personaje sanguinario, si sólo se juzgaran sus hechos. El problema, sin embargo, reside en la perspectiva histórica. Si las fuerzas de ocupación y las poco fiables autoridades iraquíes no mejoran las condiciones de vida del ciudadano medio de forma sustancial (acabando con la inseguridad, atajando la falta de orden, evitando la limpieza étnica, recuperando las infraestructuras y los servicios y facilitando la normalización de la actividad económica) con el tiempo Sadam podría ser recordado como un dirigente menos malo de lo que en realidad fue, incluso por algunos de los que hoy celebran su muerte. Del mismo modo que la situación en Irak no ha mejorado después del discurso triunfalista del presidente Bush a bordo del USS Abraham Lincoln el 1 de mayo de 2003, ni de la captura del ex dictador el 13 de diciembre de ese mismo año, ni siquiera de la muerte del dirigente yihadista al- Zarqawi en junio pasado, el ajusticiamiento de Sadam difícilmente supondrá un paso en la construcción de un Irak democrático que juegue un papel regional constructivo. La pena de muerte es una forma más de violencia, inaceptable en la mayoría de países democráticos, pero que aún se practica con gran fervor en muchos países árabes y en Estados Unidos. En el clima de violencia y venganzas que impera en el Irak de hoy- -que algunos consideran liberado- -y que se extiende por todo Oriente Medio, la horca de Sadam ha sido la transmisora de un mensaje muy negativo para toda la región, en forma de invitación a continuar aplicando la violencia contra los enemigos, aunque sea tras una fachada de dudosa legalidad. Para todos los partidarios- -así como algunos detractores- -del dictador, la aplica- ción de la condena a muerte en un país que aún existe porque permanece la ocupación militar es vista como un ajuste de cuentas de los dirigentes estadounidenses con su antiguo socio convertido en díscolo. Del mismo modo, para muchos iraquíes que aplauden la aplicación de la condena, ésta es considerada más una venganza contra el que fue su verdugo que un acto de justicia. El llamamiento a la unidad nacional no debería ser el último legado de quien presidió un Irak unido durante 24 años con mano de hierro. Si las actuales fuerzas políticas iraquíes no abandonan sus estrechas miras sectarias, étnicas y tribales, se corre el riesgo de convertir un Estado viable en un Estado fallido y a un tirano en un héroe. La lista de errores en Irak aún puede aumentar. Sadam se ha ido, pero ha dejado plantada una bomba de relojería en un Oriente Medio lleno de pirómanos.