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ABC MARTES 2- -1- -2007 ETA rompe la treguasAnálisis ESPAÑA 21 La única salida es dar por finiquitado el proceso y aprender la lección Volvamos al Pacto Antiterrorista, el que propuso el actual presidente en momentos más lúcidos Los trabajos de desescombro en el aparcamiento de la terminal 4 de Barajas continuaron ininterrumpidamente todo el día atentado, el ministro del Interior desconfiaba de que la reacción de Batasuna fuese distinta de la que realmente ha sido: no condenarlo, no separarse un ápice de ETA, pedir que el proceso se mantenga como algo más necesario que nunca... El presidente del PNV Jo, sé Jon Imaz, se lamentaba poco después del servilismo de Batasuna a ETA. ¿Por qué el Gobierno, entonces, podría esperar para mantener vivo el proceso una reacción distinta? ¿Por qué el PNV en contra del sentido común y también de las sentencias judiciales, ha insistido en la especie de que se trataba de cosas distintas? ¿Dónde está la lógica? ¿Dónde lo irracional? Porque para sostener lo que era insostenible ya antes de este atentado se nos ha dicho que algunos dirigentes de Batasuna eran hombres de paz que la declaración de Anoeta era el camino de la paz y el retorno (sic) a la política etc. ¿Dónde está, insisto, lo irracional? Es evidente que la culpa del terrorismo, de la violencia, del atentado, de las víctimas, la tiene ETA. Ahora se insiste en ello, como si hubiera que defender al Gobierno de alguien que quisiera depositarla en él. Quien lo haga, si alguien lo hace, yerra o demuestra en tal mistificación pésima intención. Es verdad también que el atentado demuestra, en contra de algunas críticas en las que se ha podido querer salirse con la suya más que ser razonables, que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no se ha rendido. Pero rechazar estas falsas acusaciones no implica llamar la atención sobre algunos errores y responsabilidades. Ha faltado información adecuada. Los reiterados llamamientos del presidente a la confianza ciega porque el, como jefe del Ejecutivo empeñado horas y horas de su jornada en el proceso sabía más que el resto de los mortales eran ya un ejercicio que desconocía que la democracia es un régimen de opinión pública, a la que no hay que dirigir en las tinieblas, sino convencer. Ahora se revelan, además, como una bagatela. Y ha faltado una inteligente y racional concepción de la realidad. Rodríguez Zapatero no ha escuchado, o no ha querido pensando que en última instancia todo se podía salvar, el estruendo de los tambores sonando de noche y de día, ni se ha dado cuenta, o no ha querido, de la ralea que tenía enfrente, por utilizar alguna de las expresiones de Jean Améry para lamentarse de no hacer reparado en la amenaza totalitaria. Así que la culpa es, cierta- JAIME GARCÍA mente de quien es, pero lo importante es ahora establecer cuál es la respuesta racional y responsable a los culpables, ya que la de los últimos meses ha resultado un fracaso. Hay que empezar por corregir, entre otros, unas líneas de la ya citada resolución del Congreso de 2005 en la que se dice, con optimismo irracional, que a ETA sólo le queda un destino: disolverse y deponer las armas Ya hemos visto que ETA, por el momento, no se suicida. Y sabemos, por larga experiencia confirmada por el último cochebomba, que no se disuelve. Si Rodríguez Zapatero piensa- -demorando en el tiempo- -una solución como la que ha intentado vanamente, se equivocará de nuevo. El proceso ha sido una falacia porque a la ingenuidad del Gobierno sólo se ha sumado la racional criminalidad de los terroristas. La única salida es darlo por finiquitado y aprender la lección. Ya no podemos resistir más el engaño de dar por buenas las palabras de ETA que convienen a una estrategia y por inexistentes (o existentes sólo para su público las que nos desazonan. Lo que podemos es reconocer que estamos ante una banda cuya ideología no es otra que el totalitarismo y sus instrumentos no se alejan un paso, aunque den rodeos, de la violencia terrorista. Actuemos, por lo tanto, en consecuencia y volvamos al Pacto Antiterrorista, el que propuso el actual presidente en momentos más lúcidos, que ha sido, hasta ahora, el que mejores resultados nos ha deparado. En medio de la ceguera con la que se ha gestionado el proceso se ha insistido que, al final, el PP, las víctimas enrabietadas, los intelectuales críticos y los ciudadanos enfadados tendrían que plegarse a una estrategia acertada. Ha sido, al final, un fracaso y más vale apelar a la razón. Se equivocaron los diputados que aprobaron el texto de mayo de 2005 y, con el nuevo atentado, deben reconocerlo. A ETA le cabe (y le corresponde) otro destino, el único posible: ser destruida con el arma que no tienen los terroristas, la ley y los instrumentos del Estado de Derecho. Quizá sea más lento que lo que se promete vanamente, pero es más lógico, más racional.