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20 ESPAÑA ETA rompe la treguasAnálisis MARTES 2 s 1 s 2007 ABC Sobre la culpa y la racionalidad El Estado no puede enfrentarse al terrorismo como un psiquiatra entregado ni como un educador riguroso, sino consciente de que su objetivo es, con los instrumentos legales, combatir hasta su desaparición a los enemigos de la vida duce, tenemos la tentación, más allá del nerviosismo de un momento concreto, de achacar el terrorismo a una suerte de locura o de comportamiento irracional. Pero en esta reacción late el absurdo error de no reparar en que la maldad existe, perfectamente racional y consciente, o la desgraciada resistencia a las consecuencias que comporta reparar en ello. El Estado no puede enfrentarse al terrorismo como un psiquiatra entregado ni como un educador riguroso, sino consciente de que su objetivo es, ajustándose a los instrumentos legales, combatir hasta su desaparición a los enemigos de la vida y de la democracia. El terrorista no está loco. Sabe lo que hace y, racionalmente- -y a veces inteligentemente- trata de imponer, por la violencia y sus efectos, su proyecto totalitario. Esa es su pauta la que se cumple una y otra vez, aunque los métodos, siempre reprobables, sean distintos. Se podría considerar, por tanto, que el atentado de Barajas, sin ruptura previa del alto el fuego no es un cambio ilógico o irracional de lo que venía ocurriendo, sino un paso más en la estrategia de unos criminales que se mueven muy racionalmente en las concretas circunstancias de cada momento. Las circunstancias no eran, hasta el viernes, las que podrían deducirse de las palabras del presidente Rodríguez Zapatero la tarde de ese mismo día. El presidente anunció la suspensión de las iniciativas de diálogo al no cumplirse las condiciones de la resolución del Congreso de mayo de 2005, es decir, la constatación de una voluntad inequívoca de dejar las armas. Pero no sería otra cosa que engañarse pensar que, en las últimas semanas de amenazas, violencia callejera, desprecio a la ley y a las resoluciones judiciales, interminables extorsiones económicas, almacenamiento de explosivos, robo de armas, etc. estábamos en una situación en la que nos constaba la decisión de ETA de dejar las armas. No se cumplía el contenido de la resolución parlamentaria pero el proceso debía ser sostenido e impulsado. El Gobierno lo ha reiterado hasta un punto ridículo del que ahora ya no hay duda. Se han minimizado, ocultado o distorsionado las cosas hasta el extremo de no considerar oficialmente relevante el almacenamiento de explosivos en el País Vasco y hasta seguir manifestando un irreductible optimismo, como el presidente hizo menos de 24 horas antes del atentado. ETA y Batasuna lo consideraban bloqueado pero no roto. Sus reproches al Gobierno eran de dos tipos. Entendían, en primer lugar, que el Gobierno no había hecho hasta ahora lo que prometió (según su versión, que no tenemos por qué creer) o, sencillamente, lo que debía hacer para conseguir la contrapartida de que cesaran los repetidos hechos que vulneraban las teóricas condiciones del diálogo. Y, por otro lado, le regañaba por no reconocer los contactos realizados, a veces incluso arteramente, como si resultara absurdo no reconocer el trabajo hecho por la paz Germán Yanke Como el atentado de ETA se llevó a cabo sin aviso previo de suspensión o ruptura del alto el fuego el ministro del Interior hizo referencia en su primera comparecencia pública a que las pautas tienen validez entre seres racionales y no estamos ante personas racionales Se comprende la incoherencia de este argumento en momentos de tensión (y de desolación) como los que Alfredo Pérez Rubalcaba vivía apenas cinco hora después de la explosión del coche- bomba: las pautas es decir, el aviso previo de ruptura de la tregua, era el modus operandi habitual de la misma banda terrorista que acababa de destrozar el aparcamiento de la T 4 causando dos muertos y varios heridos, es decir, los terroristas de ETA eran tan irracionales o tan racionales antes como después de este último atentado. O, mejor, el problema con el que el Gobierno se encuentra- -y con él los españoles- -no es precisamente la irracionalidad de unos delincuentes. Por la aversión que nos pro- El terrorismo y sus objetivos El procedimiento es el de siempre: el terrorismo se detendrá, parcial o totalmente, cuando se logren sus objetivos, parcial o totalmente. El Gobierno, haciendo caso omiso a la violencia existente, venía sosteniendo el proceso pero no daba los pasos que la banda exigía. Tiene lógica pensar que, en el esquema terrorista, adjudicara al Gobierno una actitud positiva, distinta de cualquiera de sus predecesores, pero excesivamente lenta y que temiera, por ello, la posibilidad de que su arma en la negociación, que nunca es un argumento sino la violencia que se despegaba en ese momento, resultase, sorprendentemente, asumible y asumida. Tiene lógica, en ese contexto, aumentar la presión, elevar el listón de la violencia y el terror, convertir el diálogo, como efectivamente ha sido la reacción de Batasuna tras el atentado, en algo más urgente y necesario que nunca De hecho, dos de cada tres vascos pensaban poco antes del atentado, según el Euskobarómetro, que ETA podía volver a matar. Quienes han sostenido equivocadamente que esto no era posible, y parece que sorprendentemente el Gobierno entre ellos, venían pensando que una reacción de este tipo, un in- cremento de la violencia existente, sería el suicidio de la banda. Según esta particular percepción de las cosas, ETA debería saber que el Gobierno, de acuerdo con la opinión pública española, no lo aceptaría de ninguna manera, olvidaría la generosidad con que había apoyado el proceso y que, ade- El terrorista no está loco. Sabe lo que hace y, racionalmente, trata de imponer, por la violencia, su proyecto totalitario Ha faltado información adecuada, y una inteligente concepción de la realidad más, su propia opinión pública no lo aceptaría. Atentar como ETA lo ha hecho en Barajas, sería ilógico, incoherente, irracional. Pero si he escrito antes que sorprendentemente el Gobierno se apuntaba a esta tesis es porque, después de la nueva manifestación de la barbarie terrorista, el presidente no da por roto el proceso sólo lo suspende y añade algo parecido a una invitación a retormarlo de nuevo: hasta que no se de una voluntad inequívoca de ETA de abandonar la violencia no habrá ninguna aproximación ¿Cómo interpretarla ahora si sabemos como se ha gestionado hasta el viernes el contenido de la resolución del Congreso y qué pusilánime es la reacción posterior? Pero, sobre todo, ¿dónde está realmente la irracionalidad? Nada más producirse el