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ABC MARTES 2 s 1 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LEGISLATURA ACABADA STO se ha acabado. Zapatero puede si lo desea ganar tiempo en busca de una coyuntura más propicia para sus intereses, pero la legislatura concluyó el día 30 a las nueve de la mañana en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas. Y la liquidó ETA, en cuyas manos había puesto el presidentela decisión clavede su mandato. Consumada con el Estatuto de Cataluña la reforma encubierta de la Constitución y agotado en laprácticael escaso programa legislativo de un Gobiernoimprovisadotrassu inesperadavictoria, elúnicoasuntoquesostenía ya el proyecto zapateIGNACIO rista era la deriva del proCAMACHO ceso de La bomba ha cerrado la cuestión, devolviéndola al punto cero, pero con un importante desgaste en la cohesión democrática. La única forma de repararlo, siquiera de forma parcial, es apelar al veredicto del pueblo. Las urnas. Zapatero se empeñó en colgar su futuro de una percha que no había mostrado en su programa electoral, hurtándola al debate ciudadano. Así, el diálogo con los terroristas sólo tenía cierto sentido en la medida en que el cese de la violencia pudiese llevar a alguna parte. Muchos no lo creíamos, pero el presidente estaba en su derecho de explorar la posibilidad que parecía habérsele presentado. El atentado de Barajas, probablemente mortal y en todo caso de enorme, inequívoca envergadura, ha taponado la dudosa salida del túnel y ha vuelto inservible el discurso político con que el Gobierno sostenía su mermado crédito. Bajo los escombros de Barajas no sólo ha quedado atrapado el destino de dos ciudadanos de Ecuador, sino los restos del escenario político de esta legislatura. Ya no queda nada que hacer. El Gobierno no puede volver al diálogo porque el respaldo que pudiera conservar en la opinión pública ha desaparecido, y ni siquiera se lo devolvería una nueva tregua sin credibilidad alguna. El consensocon la oposiciónvolóhecho trizas mucho antes del atentado, e inclusoun improbable retorno alPacto Antiterrorista- -eludido por elpresidente en su patética comparecencia del sábado- -carecería del mínimo imprescindible de confianza mutua. Zapatero no ha logrado siquiera una suficiente mayoría demoscópica para sostener su proyecto; eligió avanzar por un camino que ahondaba las heridas, en vez de reparar la quiebra del 11 y el 14- M, y se lo jugó todo a una sola carta. El problema es que le cedió la baraja a ETA, que se la ha devuelto hecha pedazos. No hay nada que esperar. Sólo un pacto de mínimos para respetar la estabilidad institucional hasta que las elecciones pongan a cada uno en su sitio. Si Zapateroquiere insistir en su proceso de diálogo, que lo haga desde el programa electoral y pida el apoyo explícito del pueblo. Porque ahora ya no tiene crédito ni para retomar la política de firmeza; el sábado desperdició la última ocasión paradarmarcha atrás eir en buscadela unidad perdida. Sólo la soberanía popular puede romper este impasse, este colapso. Siempre resultará preferible que sean los ciudadanos, y no ETA, quienes repartan las cartas de la nueva partida. E APRENDER HISTORIA O REPETIRLA E L empeño de la memoria histórica tiene algo de vieja cucaña, de pim- pam- pum en el túnel de las brujas. En sentido contrario, extraer lecciones de la Historia, siendo un material a veces obsceno y no siempre tolerado para menores, es lo que puede evitar el riesgo de repetirla, ya sea en su versión trágica o como parodia de sí misma. Es un aprendizaje que países como Francia, Italia o Alemania, por ejemplo, no han tenido fácil; es más, las lecciones no siempre han sido plenamente asumidas. El dilema está entre aprender Historia o repetirla en su peor vertiente. En otra perspectiva, sucede con el pasado comunista en países que como Hungría o Polonia han accedido luego a la libertad en el gran marco de la Alianza Atlántica o de la Unión Europea. En el caso de España, las incógnitas a menudo son falaces y abundantemente sesgadas. Uno se pregunta hasta qué punto Rodríguez Zapatero asume en su percepción histórica lo que significa estar en el pacto de la Alianza Atlántica o si no lo ve más bien como un mal menor y definitivamente vergonzante. De hecho, una claudicación VALENTÍ fruto de esa transición que tampoco le PUIG gusta demasiado porque consistió en trazar, no una arquitectura conciliadora, no de desmemoria sino de perdón. No es una pregunta trivial si consideramos el trato dado por el presidente del Gobierno a un aliado preferente como es Norteamérica. Edouard Balladur, ex primer ministro de Francia y gran seigneur de la política francesa, acaba de publicar un breve ensayo, Dejemos a De Gaulle en paz! de argumentación tan clara como astuta. Se trata de que reconocer lo mucho que significó el gaullismo exija prolongar una ortodoxia que la evolución histórica ha trastocado. Balladur recuerda que De Gaulle no aceptaba que Francia fuese culpable de las persecuciones antisemitas organizadas por el Gobierno de Vichy; para él, Francia estaba en Londres- -frente a la Francia ocupada- -y no en Vichy, simple autoridad de hecho, ilegítima y por tanto incapaz de simbolizarla. Es decir, De Gaulle era el médico del alma francesa, curando el complejo de inferioridad que el país había heredado de la guerra. Ese es un matiz sustancial porque los lideratos políticos- -y, en definitiva, morales- -se basan en reconciliar y no en dividir. En el caso de la reivindicación actual de la memoria histórica en España, vemos que eso contribuye a la división y no a la unión. En fin, es la consecuencia de pretender un aprendizaje que dimane de la ideología y no de la Historia. Es una vía imposible para unir en lugar de dividir. La contrición selectiva- -dice Balladur- -apenas tiene valor moral. Eso es un eufemismo; de hecho, es inmoral. Edouard Balladur practica con el ejemplo. En su día hizo saber que si el tratado de amistad con Argelia debía ir precedido del reconocimiento por parte de Francia de las faltas cometidas, él votaría contra la ratificación del tratado a menos que Argelia, por su parte, no reconociera las suyas. Es una actitud de coraje por parte de un político que ha sido caricaturizado por llevar calcetines de cardenal. En España quién sabe si estamos en fase de utilitarismo electoral, de demagogia de lifting o si vamos a un estadio de contrición selectiva. Lo cierto es que progresa en términos políticos y mediáticos también una institucionalización de la memoria histórica, selectiva por definición, y por una deliberada estrategia de devaluar las lecciones de la Historia. Hay pocos modos más directos de desorientar la conciencia pública y sus virtudes. No es casual que quienes vivieron la guerra y el exilio sean los más asombrados por una reivindicación de la memoria histórica que en cambio cala en sectores juveniles, profundamente ignorantes de la Historia por su inmersión en un sistema educativo estéril. No hay otra manera de estar a la altura de los tiempos que no sea profundizando en la Historia. Es así como los países recargan energías, extraen modelos de prudencia o advierten cuando ha llegado la oportunidad de la grandeza. En la contrición selectiva, en la confrontación entre buenos y malos, ocurre a la inversa: se derrochan energías, depreciamos la prudencia e imposibilitamos la grandeza. vpuig abc. es