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4 OPINIÓN MARTES 2 s 1 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UN AÑO PELIGROSO EN EL MUNDO L surcoreano Ban Kimoon ha empezado el año como nuevo secretario general de las Naciones Unidas, igual que han hecho todos sus predecesores, con la misión de contribuir a que el mundo sea un poco más humano y menos caótico. Este diplomático con fama de pragmático tiene ante sí una ingente tarea, para la que va a necesitar todas sus habilidades, porque el año 2007 será sin duda un periodo muy complejo, peligroso e imprevisible. Los dos principales agentes de la política internacional, Estados Unidos y la Unión Europea, tendrán que afrontar cada uno por su lado este periodo en medio de circunstancias cuyos contornos todavía no son posible aventurar. El presidente George W. Bush emprende en efecto su penúltimo año de mandato sin saber todavía cuáles serán los fardos que el conflicto iraquí le obligará a cargar, mientras que en este lado del Atlántico, el cincuenta aniversario de la fundación de la UE se prepara ignorando aún cómo salir de la crisis institucional que desde hace dos años tiene paralizada la maquinaria comunitaria y a la espera de las elecciones francesas, a celebrar en primavera. En ambas orillas, sin embargo, se mirará forzosamente hacia Oriente Próximo, donde cada vez se perfilan más claramente los contornos de la gran batalla política, cultural y social entre el modo de vida ligado a la religión islámica o a la tradición árabe- oriental, contra los vientos de la globalización que se identifican allí con Occidente. Ese conflicto adopta en ocasiones un rostro de guerra civil, como sucede en estos momentos en Palestina o en el Líbano, geopolítico como vemos en Israel, o caótico como lo que sucede en Irak y se atisba en Afganistán, donde todas las previsiones son a cual más pesimistas. La misión de impedir que Irán consume sus amenazas de dotarse de armas nucleares e introduzca la más grave perturbación a los equilibrios regionales será una de las más importantes durante este año, en el que se calcula que el régimen de los ayatolás puede alcanzar una capacidad tecnológica irreversible. Se cierra en América una época con la muerte del general Pinochet y se abrirá con toda probabilidad otra en la isla de Cuba, que debería poner fin a casi medio siglo de dictadura. La figura de Fidel Castro se apaga y la del venezolano Hugo Chávez se consolida como el referente de esa izquierda populista e indigenista racista la ha calificado el escritor Mario Vargas Llosa) a la que Caracas ayuda a prosperar con sus rentas petroleras en Bolivia, Ecuador o Nicaragua. Las elecciones en Argentina servirán para medir el peso de esta perniciosa corriente política. Y frente a todos estos problemas se acumulan retrasos en campos como el energético o el medioambiental, el hambre en el mundo y las grandes migraciones, en los que la humanidad entera espera soluciones decididas y urgentes. Desgraciadamente, da la impresión de que este año esos temas vitales volverán a quedar relegados. E CONSECUENCIAS DEL 30- D N el día después del atentado del aeropuerto de Barajas, el PSOE nohapodido cambiar su inercia y, a través desu secretario deOrganización, José Blanco, ha reprochado a Mariano Rajoy que no culpabilizara del atentado a ETA y se dedicara acriticaralGobierno. Quien escucharaa MarianoRajoy- -que ha mantenido una actitud institucional encomiable- -ya sabrá que las palabras de Blanco constituyen una manipulación descarada que se enmarca en la política de propaganda que el PSOE puso en marcha hace tiempo con carácter preventivo paraendosar a terceros las responsabilidades políticas por el previsible fracaso del proceso de negociación. Así se llegó a decir que si el proceso fracasaba sería, en buena medida, debido al boicot del PP (José Blanco) Tampoco faltaron insinuaciones, de tono creciente y cada vez más explícitas, contra los jueces de la Audiencia Nacional que acordaban medidas cautelares contra Batasuna y sus dirigentes. Ahora, cuando todos los avisos inequívocos de que ETA se estaba rearmando han tomado cuerpo en el atentado con bomba más destructivo cometidopor los etarras, elPSOE y elGobiernovuelven aponerse a la defensiva frente a las críticas que están recibiendo, como si éstas fueran acusaciones de corresponsabilidad en la vuelta de ETA a la violencia terrorista. Siempre hemos mantenido en esta página editorial que ningún gobierno democrático comparte responsabilidades con unos terroristas por los crímenes que cometen. Nunca y en ningún caso, por muy equivocadas que sean las decisiones política tomadas por ese gobierno. Es más, si este principio se le hubiera aplicado alPartido Popular entreel 11 y el 13 de marzo de 2004, el PSOE no tendría los temores que le acechan, que expresan sobre todo una mala conciencia y, probablemente, un cierto arrepentimiento por no haberse callado en determinados momentos. Ahora pesan como losas aquellas acusaciones de falta de prevención de engaños masivos de política exterior provocadora que constantemente utilizaron contra el PP a cuenta del 11- M. Y másaún, esetemerariooptimismoqueinsistía en recalcar tres años sin muertos y unas navidades sin bombas sólo veinticuatro horas antes de que cientos de kilos de explosivos hicieran saltar por los aires el aparcamiento de la T- 4 del aeropuerto de Barajas, el día antes de Nochevieja- -en 2003 quisieron hacer lo mismo en la Estación de Chamartín, en Nochebue- E na- -poniendo en peligro la vida de cientos de personas y habiendoacabado, muy probablemente, con dos ellas, delas quetodavía no se sabe nada. Que nadie se atreva siquiera a sugerir que ETA no quería matar. El atentado del 30- D es responsabilidad exclusiva de ETA. Ningúndemócratasensatopuede ni debeequivocarsealrespecto y si lo hace, el daño moral del terrorismo se amplifica más allá de que lo ninguna bomba podría causar. La división ciudadana y la sospecha contra las instituciones democráticas pasan facturas muy onerosas que se pagan con costes que quedaron a la vista tras el 11- M. Ahora bien, para quien, como este periódico, tiene clara la separación entre terroristas y sus víctimas, el victimismo político que pretende poner en práctica el Gobierno es inútil como mordaza para silenciar el juicio que merece la actuación política de José Luis Rodríguez Zapatero. Criticar al Gobierno por lo que ha hecho no es echarle encima la responsabilidad del atentado. Es, sencillamente, valorar democráticamente su gestión y reclamar explicaciones de las decisiones que ha tomado en relación con la tregua de ETA; es pedirle que aclare desde cuándo sus emisarios y representantes del PSOE se han entrevistado con miembros de ETA; es exigirle que, de una vez por todas, abandone la ambigüedad. Rodríguez Zapatero debe asumir una carga que Aznar nunca tuvo que soportar. La tregua del 22 de marzo de 2006 fue fruto de pactos, compromisos, contactos o conversaciones previos del PSE y del Gobierno socialista con ETA y Batasuna. Estos antecedentes, que nadie ha negado porque son estrictamente ciertos, legitiman a la opiniónpúblicapara demandar, claramenteysin matices terminológicos, responsabilidades políticas, insistimos, no por lo que hizo ETA el 30- D, sino por lo que ha venido diciendo y haciendo el Gobierno desde hace dos años en relación con la política antiterrorista. Desde el momento en que Rodríguez Zapatero rompió el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, la lucha contra ETA dejó de ser un asunto de Estado, quedando, por tanto, a expensas del debate público y político. Y ahora, dado que el Gobierno ha descartado rectificar su política hacia ETA- -pues suspender las iniciativas deldiálogo esuna medidarisible frentealadimensióndela amenaza etarra- -esedebate y esas responsabilidades son inaplazables y deben ser el primer punto de la agenda política de 2007. EL PAPA Y EL RESPETO A LA VIDA L AS palabras de Benedicto XVI con ocasión del año nuevo son fiel reflejo- -una vez más- -de la precisión en los conceptos que le permite su sólida formación teológica y filosófica. El núcleo de la dignidad humana es la concepción del hombre como ser creado a imagen y semejanza de Dios. De ahí se desprende una de las principales aportaciones morales del cristianismo: la igualdad esencial de todos los hombres frente a cualquier discriminación por razón de raza, sexo o posición social. Este humanismo cristiano reclama una concepción del bien común a escala universal. La paz, insistió ayer el Papa, pasa ante todo y sobre todo por el respeto a la vida en sus diferentes dimensiones. De ahí que, frente a doctrinas reduccionistas o interesadas, no se trata sólo de una condena abstracta de la violencia o el terrorismo, que sin duda lo merecen. Hay que recordar también esas muertes silenciosas, derivadas de la eutanasia, el aborto o el hambre que padecen injustamente muchos millones de personas. También es imprescindible mencionar esas guerras olvidadas por los medios o por las ideologías dominantes, pero no por ello menos trágicas y sanguinarias. Benedicto XVI reclama a los políticos del mundo la necesidad de actuar unidos en esa lucha por la paz verdadera. La insistencia en el papel que desempeñan hoy día las organizaciones internacionales se mueve en este mismo orden de consideraciones. Vivimos en un mundo globalizado en el que, aunque contamos con más recursos que nunca, las diferencias entre los hombres se acentúan hasta el punto de que muchos viven por debajo del umbral mínimo que hace imposible ejercer esa dignidad. Lograr una paz justa es un desafío para los auténticos gobernantes, más allá de intereses particulares. El Papa ha sabido de nuevo iluminar el pensamiento de millones de personas que claman por un mundo más equitativo. Es, con frecuencia, la palabra de los más débiles, aquéllos que no pueden hacerse oír a través de los medios de comunicación o de los partidos políticos. Es decir, los que sufren en silencio y quienes desean de todo corazón que el respeto a la dignidad humana presida la actuación de los poderosos. Palabras, sin duda, especialmente oportunas y sensibles después de los acontecimientos que han ensombrecido el final de 2006 y que figuran entre las más graves preocupaciones de las gentes de buena fe de cara al año nuevo.