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ABC DOMINGO 31 s 12 s 2006 Sadam Husein, ejecutado en la horca INTERNACIONAL 45 Crimen y castigo de los dictadores ¿Rudolf Hess pudriéndose de por vida en la cárcel de Spandau o Eichmann colgado en la prisión de Ramla en Jerusalén? ¿Cuál puede ser la mejor lección para futuros caudillos totalitarios? POR RAMIRO VILLAPADIERNA BERLIN. Torres más altas han caído y, a cada cerdo le llega su San Martín, son lecciones que el pueblo sabe y hasta Gandhi las repetía ante el muro de la adversidad. Dictadores colgados al alba o fallecidos en su propia cama o en una oscura celda o envenenados en palacio, a manos de su propia gente o de un juez incólume, bueno sería saber qué final es más legítimo y cuál más aleccionador para los que quedan atrás, pues en todo caso la muerte sortea todo carácter reeducador de una pena. ¿Rudolf Hess pudriéndose de por vida en Spandau o Eichmann colgado en la prisión de Ramla en Jerusalén? ¿Cuál puede ser la mejor lección para futuros caudillos totalitarios? Sí la ha sido, históricamente, la convicción de que la justicia, más pronto o más tarde, ha de llegar: sea un día del juicio con minúscula o con mayúscula; certeza universal de que no da igual malo que bueno, que no dormiría igual de bien Gandhi que Lord Willingdon. Mandela, Ramos Horta, San Suu Kyi y cuantos con Gandhi creen que no hay violencia buena, sea o no justificada, no son Tito ni Jomeini y que al final ovejas negras no pasarán por blancas: Es sed atávica de justicia. El juicio de Nürenberg, el de Ruanda y la antigua Yugoslavia, y el Tribunal Penal Internacional de La Haya como sucesor, responden al progreso en esta necesidad educadora y en la de disuadir a próximos autarcas y maltratadores de pueblos. El carnicero liberiano Charles Taylor espera juicio, nacionalistas patógenos como Milósevic y Seselj han terminado ante el juez, incluso militares ex yugoslavos como Gotovina o Halilovic siguen los pasos de Göring, von Ribbentrop y hasta 22 líderes nazis en 1945. El comunista alemán Honecker es de los que tuvo que huir de su pueblo y, como a su correligionario serbio este año, o al sanguinario jmer Pol Pot en 1998, lo salvó del juez, la enfermedad y la muerte en Sadam Husein en 1979, cuando era vicepresidente iraquí, durante un viaje a La Habana junto a Fidel y Raúl Castro 1994. Galtieri y otros dirigentes de la junta argentina fueron juzgados, si bien generalmente perdonados, mientras el panameño Noriega cumple 40 años en Florida por tráfico de drogas y el boliviano Garcia Meza pena 30 por genocidio y asesinatos en su brevísimo mandato. A veces tras la justicia lo que se reclama es venganza, pero mientras la primera era para Epicuro la venganza de la sociedad, ésta última sería la justicia del salvaje. Trujillo, Mussolini y Ceausescu la probaron, pero es que Séneca recordaba ya que justicia que se retrasa es injusta y Voltaire que, quien no la recibe, termina tomándosela. A sabiendas de ello tal vez Hitler y Goebbels se pegaron un tiro. El desastre ilustrado que supuso la deriva inhumana nacional- socialista llevó a Nürenberg a determinar que no hay justicia enteramente basada en convenciones humanas, pues Cicerón, que murió justo dos mil años antes de la Solución Final ya sabía que la justicia estrictamente positivista destruye la moral. Y sin saber de la Grande Terreur francesa de 1794 recordaba a quienes adoran al pueblo por la peana que la muchedumbre es un juez despreciable Cuanto mayor es el desprecio por la naturaleza del pueblo, más dura suele ser la caída: los brutales experimentos colectivistas de Ceaucescu y su mujer les ganaron una ejecución en un patio en 1989; la gran hambre ucraniana y las deportaciones de Stalin- -si no es claro su envenenamiento- -lo sumieron al menos en el desprecio general; el liberiano Samuel Doe fue descuartizado por su gente en 1990. Aún así, la mayoría se han despedido en su cama, rodeados de pajes y deudos afectos. No hay que remontarse a los faraones ni a Pedro el Cruel: ni Mao ni Batista se carearan con la justicia en esta tierra y decenas de autócratas con más o menos sangre autoadministrada, de Stalin a Hafez el Assad, de Enver Hoxha a Tito, de Marcos a Franco y a Pinochet, desaparecieron sin probar sus actos en la balanza ciega. Otros, no por más bárbaros encuentran menor protección: Idi Amin con Gadafi y luego el etíope Mengistu con Mugabe; y aún los hay como el haitiano Baby Doc Duvalier que envejecen en la Costa Azul, o, como el infanticida Bokassa, que tras su exilio francés, regresó, fue perdonado y recibió hasta un funeral de estado. En cuanto a Castro, caben apuestas contra el tiempo. AFP Esperando a Castro A la espera de la desaparición de Fidel Castro, gravemente enfermo en La Habana, Sadam Husein completa la relación de dictadores muertos en 2006. El pasado 11 de marzo falleció Slobodan Milosevic, ex presidente yugoslavo, a los 64 años de edad, cuando se encontraba preso en la cárcel holandesa de Scheveningen. Estaba acusado por el TPIY de crímenes de guerra y contra la Humanidad. El 27 de mayo, a los 81 años de edad fallecía el general guatemalteco Romeo Lucas García (1978- 1982) Estaba acusado de genocidio, terrorismo de Estado, torturas, múltiples secuestros y asesinatos. Meses más tarde, el 16 de agosto murió en Brasilia (Brasil) el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, a los 93 años de edad. después de casi 35 años en el poder. El dictador chileno Augusto Pinochet (1973- 1990) falleció en el Hospital Militar de Santiago el pasado 10 de diciembre. Tenía más de 300 querellas criminales en su contra, por las que fue desaforado catorce veces. Diez días después murió Saparmurat Niyazov, presidente de Turkmenistán, a causa de un paro cardiaco. Niyázov se autonombró Turkmenbashi Padre de los turkmenos y en 1999 se convirtió en presidente vitalicio. Pese a horcas y venenos, la mayoría se han despedido en su cama, rodeado de pajes y deudos afectos