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ABC DOMINGO 31- -12- -2006 Sadam Husein, ejecutado en la horca INTERNACIONAL 43 26- 7- 2006 Hospitalización y comparecencia Tras ser hospitalizado el 23 de julio, Sadam comparece obligado ante el juez y pide que, de ser condenado, se le ejecute a tiros. 11- 9- 2006 El presidente legítimo Sadam vuelve a proclamar que es el presidente legítimo Antes, sus defensores habían boicoteado el juicio, que se aplaza hasta el 16- 10- 06. 16- 10- 2006 Asesinado un hermano del fiscal jefe Un fiscal del tribunal del caso Duyail anuncia el aplazamiento del veredicto contra Sadam tras ser asesinado el hermano del fiscal jefe del juicio. 5- 11- 2006 Condenado a morir en la horca Sadam Husein y dos colaboradores suyos más son condenados a morir en la horca. Sus abogados recurren la sentencia capital. 26- 12- 2006 La corte de apelación confirma el veredicto Un tribunal de apelación confirma la sentencia a muerte en la horca y dicta que se ha de ejecutar en los próximos 30 días. Sadam Husein, en una imagen del pasado año durante su juicio por la matanza de chiíes REUTERS Le ahorcaron por lo mucho que le temían Aunque Sadam hace ya tiempo que no es el problema, su precipitado ajusticiamiento tiene que ver con el pavor que aún infundía a sus compatriotas. Ahora se trata de algo muy difícil: que la instituciones encuentren la legitimidad. Ése es el núcleo para la paz POR ALBERTO SOTILLO MADRID. Los iraquíes no tienen miedo de nadie- -ya lo han demostrado- -excepto de Sadam Husein, único ser humano capaz de infundir pavor a sus compatriotas. Ese terror nunca declarado, pero hundido en lo más profundo de los instintos nacionales iraquíes, es uno de los principales motivos que han provocado su acelerado ahorcamiento a mitad de un juicio político impresentable que continuará con el acusado ya cadáver. Las intenciones de los dirigentes iraquíes son transparentes. Quieren enfatizar que será imposible dar marcha atrás. Que las tropas norteamericanas se retirarán más o menos deprisa, pero que el viejo régimen nunca más volverá. Hace ya mucho tiempo que Sadam no es el problema. El dictador ya pertenecía al pasado incluso antes de que Estados Unidos invadiera Irak. Ni siquiera entonces era un problema. El dictador era uno de esos patriarcas árabes dados a asentar su autoridad en la fuerza intimidatoria, de hábitos cuartelarios, modales groseros y arranques de una violencia incontenible. Un tipo de líder patriarcal muy habitual en el mundo árabe. Sadam era más bruto, menos hipócrita, más iluminado, megalómano y torpe, pero su estilo era el habitual en ese mundo. Fue peligroso durante los años 80, cuando gaseaba iraníes con impunidad y la complacencia de Occidente durante la guerra contra el régimen islamista de Teherán. En aquellos tiempos sí que soñaba con armas biológicas y nucleares que le convirtieran en el nuevo Nabucodonosor. Pero cuando Estados Unidos invadió Irak ya no era más que un dictador jubilado. Ni tenía armas de destrucción masiva, ni amistades en Al Qaida, ni más plan que pasar sus últimos años ejerciendo de anciano dictador hortera en sus palacios de película oriental en technicolor. Ya no habrá marcha atrás en Irak. Pero los peligros de verdad se presentan por delante. Un país sin Estado, convertido en universidad internacional del terrorismo, guarida de Al Qaida, hogar de todos los radicalismos, con los más elementales tejidos de convivencia social destruidos, una larga lista de cuentas pendientes en cada familia... y unas inmensas reservas de petróleo. Ahorcamiento en público Poco después de que la URSS se retirase de Afganistán, fue ahorcado en público el prosoviético Nayibulá, patriarca de mano dura y afanes occidentalizantes. Aquel linchamiento no fue más que el preámbulo de una historia de guerras civiles que condujeron al régimen talibán que convirtió Afganistán en patria de Al Qaida. No fue un linchamiento muy productivo. La ejecución de Sadam es consecuente con el espíritu que ha guiado toda esta desdichada aventura. Al dictador ya lo habían linchado en efigie cuando derribaron su estatua en Bagdad. Por brutal y violento que fuese, nada había tenido que ver con el 11- S, pero la Prensa y parte de la clase política norteamericana le habían convertido en Satán en carne mortal. Un Satán, además, que tenía la llave para acceder a in- mensas fuentes de riqueza y poder. Tenía así todas las papeletas para un linchamiento que, además de servir como ritual de desquite para después de una tragedia, se presentaba como la ocasión propicia para que los profetas neocon anunciasen la epifanía de una hiperpotencia que quería cambiar el mundo. Pero todo eso pertenece al pasado. Lo que debe preocuparnos es lo que se nos puede avecinar. La intervención en Irak ha seguido casi paso a paso, como una trágica repetición de la historia, los mismos errores que cometió la URSS en Afganistán. La diferencia es que Afganistán no es más que un pedregal en el fin del mundo, e Irak, un país con unas reservas inmensas de petróleo. Cuando se insiste en llamar fascista a Sadam y en trazar paralelismos entre la guerra de Irak y la Segunda Guerra Mundial se reincide en el error de no hacer un diagnóstico ceñido a las características de Oriente Próximo. Quienes han ejecutado al dictador tras una farsa de juicio, los mismos que consienten con que los órganos de seguridad del Estado protejan a los escuadrones de la muerte que salen de caza y tortura nocturna parecen hacer méritos para ser temidos e incontestados como lo fue Sadam. Las nuevas instituciones iraquíes siguen sin encontrar la legitimidad y el consenso mínimo necesario para consolidarse. La recreación de un nuevo régimen patriarcal de horca y cuchillo como el de Sadam continúa sin cuajar. Ese es el problema, y no Sadam. Al tirano ya lo habían linchado en efigie cuando derribaron su estatua en Bagdad