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32 ESPAÑA ETA rompe la treguasOpinión DOMINGO 31 s 12 s 2006 ABC Rogelio Alonso Profesor de Ciencia Política, Universidad Rey Juan Carlos ¿Y AHORA, QUÉ? L Es evidente que el Gobierno ha incumplido sus propias exigencias, pues ha entrado en dicho diálogo a pesar de que, como el atentado en Barajas volvió a dejar de manifiesto, ETA carecía de la exigida voluntad de concluir con el terrorismo A primera consecuencia del atentado terrorista de ayer debería ser la de abandonar una terminología y una política antiterrorista cuya ineficacia resulta evidente. La violencia de ETA y la polarización política y social en torno a la política antiterrorista están demostrando cuan contraproducente es para la sociedad española y para el deseado objetivo de conseguir la desaparición del terrorismo etarra aceptar iniciativas gubernamentales justificadas con instrumentos retóricos como el del engañoso sintagma proceso de paz y la lógica subyacente al mismo. Dicho proceso ha servido para construir estereotipos dotados de un fuerte componente emocional a través de los cuales se ha creado una realidad virtual sin correspondencia con los hechos objetivos. El loable fin de evitar más víctimas ha sido utilizado para legitimar medios que vienen revelándose ineficaces, pues no sólo no han servido para apaciguar a los terroristas, sino que además han supuesto el abandono del consenso en torno a la política antiterrorista que se consolidó con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, contribuyendo así a resquebrajar la unidad de la sociedad y de la clase política que tanto había debilitado a ETA. A lo largo de los últimos me- ses se ha apelado a las emociones de la sociedad para coaccionar a los ciudadanos que con toda lógica ponían en duda las supuestas intenciones de paz de la organización terrorista. Injustamente se ha definido como enemigos de la paz a quienes han razonado con sólidos argumentos la inconveniencia de dialogar con ETA a pesar de que ésta jamás ha mostrado una voluntad inequívoca de poner fin a la violencia tal y como se le exigía en la resolución del Congreso aprobada en mayo de 2005. EsevidentequeelGobierno ha incumplido sus propias exigencias, pues ha entrado en dicho diálogo a pesar de que, como el atentado en Barajas volvió a dejar de manifiesto, ETA carecía de la exigida voluntad de concluir con el terrorismo. Debe destacarse que el atentado de ayer ha ido precedido de otras acciones terroristas que han sido minimizadas por los defensores del llamado proceso de paz a pesar de que revelaban con crudeza cuáles eran las verdaderas intenciones de la banda. Por ello deben recordarse el brutal ataque contra un concejal de Barañáin en abril, las incesantes coacciones y chantajes a empresarios y políticos desde el momento en que ETA anunció su tregua, la continuidad de las acti- vidades de financiación ilegal de la banda que llevaron a la detención de varias personas implicadas en ellas, los intensos actos de terrorismo callejero en diversas ciudades vascas, los sucesivos comunicados de la banda reiterando sus deseos de continuar activa, así como los robos de armas y de materiales para la preparación de explosivos que daban credibilidad a la amenaza que la mera existencia de una organización terrorista supone. Todas estas pruebas inequívocas de la voluntad de ETA de no poner fin a la violencia han sido ignoradas por el Gobierno aceptando un diálogo con la banda y con su entorno cuya suspensión el presidente del Gobierno anunció ayer. Es por tanto innegable que el hecho de que ETA no haya cumplido las condiciones impuestas para iniciar el diálogo no ha servido para evitar el comienzo del mismo. Esta importante cuestión suscita dudas sobre la aparente firmeza del presidente del Gobierno al anunciar el final de las negociaciones con la organización terrorista mientras no se den unas condiciones que en realidad jamás han existido, sin que ello impidiera el referido diálogo con ETA y su entorno. Con estos precedentes, y con una ETA evidente- mente dispuesta a continuar asesinado, las declaraciones gubernamentales ganarían credibilidad si fueran acompañadas de la inmediata convocatoria del Pacto por las Libertades que obliga al Gobierno de la nación y al principal partido de la oposición a consensuar la política antiterrorista. De ese modo se contribuiría a contrarrestar uno de los perversos efectos de una política antiterrorista definida en torno a un proceso de paz que ha servido para invertir los roles de demócratas y terroristas. Así ha ocurrido al despreciarse como enemigos de la paz a quienes planteaban necesarios y coherentes interrogantes sobre las peligrosas iniciativas del Gobierno mientras quienes han amenazado y coaccionado a políticos y ciudadanos han sido legitimados como interlocutores necesarios en el camino por la paz El lenguaje utilizado ha servido para construir enemigos donde sólo debería haber aliados, trampa en la que se podría permanecer si se aceptase la continuidad de un proceso de paz que no debería admitir suspensión, reclamando, por el contrario, una ruptura contundente que permita un claro retorno a la estrategia del consenso entre los principales partidos democráticos. Un bombero camina por los restos del aparcamiento de la T- 4 AFP tratan de confundir, engañar y mentir y ante eso debemos seguir haciendo lo que hacemos, defender el Estado de Derecho, el ordenamiento jurídico en los términos en los que lo planteamos y la unidad de acción de los demócratas Así se pronunció el presidente del Senado, Javier Rojo, cuando Batasuna hizo pública en 2004 la publicitada declaración de Anoeta. Sin embargo, el acto de propaganda del entorno etarra tuvo éxito, pues finalmente el Gobierno y numerosos medios de comunicación acabaron aceptando la retórica terrorista al presentar el discurso de Batasuna como la confirmación de su apuesta por las vías pacíficas. A través de ese manipulador espejismo que provocó una improductiva impunidad hacia Batasuna, justificada por una supuesta nueva realidad social la organización terrorista ha logrado además dividir a quienes tanto la habían debilitado mediante su unidad. Conviene tenerlo presente en unos momentos en los que todavía hay quienes abogan por mantener un proceso de paz que justifican con los mismos argumentos con los que han propugnado una estrategia repleta de costes sin beneficios para nuestra democracia. Mientras ETA siga engañando y confundiendo a dirigentes y ciudadanos, el final del terrorismo será un objetivo lejano. Nos