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ABC DOMINGO 31 s 12 s 2006 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Valentí Puig LA CONCLUSIÓN DE UN TIRANO No podrá faltar quien rece por el alma del déspota ajusticiado ni se podrá abortar el contento entre chiíes y kurdos. Para los suníes, tal vez se haya dado luz a un martirio que llegue a convertirse en leyenda. En Kuwait se brindará por la muerte del antiguo invasor. En el caso de Europa, salvo para la izquierda imposible judeófoba y anti- Occidente, la estima por la vida de Sadam Husein no es clamorosa L A democracia consiste en hallar soluciones aproximadas para problemas insolubles, decía Reinhold Niebuhr, el teólogo protestante que formuló las tesis del realismo cristiano. Hasta qué punto la nueva democracia iraquí pueda solventar algo ajusticiando a Sadam Husein es una incógnita con vastos dilemas morales y jurídicos. Hasta qué punto el Estado de Derecho iraquí tenga ahora mismo la consistencia necesaria para aplicar extremos de la ley como es la pena capital no es estrictamente una cuestión de soberanía. Los últimos pasos del tirano genocida que coartó la libertad de su pueblo le han puesto en camino hacia la horca. La sentencia y su ejecución nutrirán copiosos debates de jurisprudencia, pero quedará sin responder la pregunta sustancial: si eso era plenamente justo y si era del todo necesario. Los crímenes son atroces, la ley ha sido aplicada, el tirano ha sido ajusticiado. La encrucijada moral adquiere un doble eje: de una parte, la aparatosa concreción de las culpas y, por otro lado, la ya longeva reflexión sobre la moralidad de la pena capital. na de muerte fue abolida, pero un reciente sondeo en seis de sus países- miembros revela una mayoría favorable a la ejecución de Sadam Husein. En el caso concreto de España, estaban a favor el 51 por ciento de los encuestados. En Francia, por ejemplo, un 58 por ciento. Al otro lado del Atlántico, la aprobación llegaba al 82 por ciento. Lo significativo es que, aún cuando la oposición a la intervención militar en Irak fue de peso, nadie se engaña sobre la criminalidad espesa y contumaz de Sadam Husein. La inexistencia de un verdadero orden internacional determina la ambigüedad y la falta de procedimiento consistente para casos como el de Sadam Husein. En otra medida, son cada vez más tangibles los obstáculos a la tesis idealista- -e ideológica- -de una exportación expedita de la democracia. La crisis de Irak ha desparejado binomios que se daban por imbricados hasta el punto de que renace la antigua disputa entre realistas e idealistas, en este caso los neoconservadores. De Irak deriva la necesidad de un nuevo consenso que reestablezca la posibilidad de estrategias compartidas por Estados Unidos, Europa y todo lo que llamamos Occidente. argumentos sobre la oportunidad política de la ejecución de Sadam Husein son de razón, pero también es cierto que un Estado como el iraquí no debiera aplicar o dejar de aplicar la ley para satisfacer a los kurdos o para aplacar a los suníes. La ley se aplica para impartir justicia. En este caso, como en parte ha sido desde que se operó la intervención militar en Irak, los Estados Unidos y Europa parecen discrepar, del mismo modo que no existe una percepción compartida de lo que es la guerra y la paz. La Europa política ha considerado que Sadam Husein no debiera ser llevado a la horca, y en Estados Unidos se ve su ejecución como una consecuencia ineluctable de sus crímenes. Todo eso como mínimo altera la recomposición del vínculo trasatlántico, aunque estas cosas generalmente conllevan una cierta dosis de hipocresía. Algunos juegan a confundir la ilusión con la realidad, pero lo cierto es que la llegada de la democracia a Irak como consecuencia de la caída de Sadam Husein, siendo problemática y turbulenta en virtud Los Sadam dispara su rifle al aire durante un desfile en Bagdad de múltiples factores mal calculados, ha establecido un sistema de libertades que, azotado por el terror y el fraccionalismo, pugna por conseguir el baremo debido de estabilidad. Si la ejecución de Sadam Husein germina en la venganza o en la justicia no es algo fácilmente discernible, por lo cual la conmutación de la pena de muerte por una vida entre los muros de una cárcel no hubiese dejado de inclinar la balanza a favor de un nuevo encaminamiento de la convivencia iraquí. Esa no es una consideración trivial porque desentraña elementos que pudieran ser regresivos. No deja de tener peso la hipótesis de que una prolongación del juicio al tirano indudablemente hubiese aportado nuevos y cuantiosos datos sobre su pavorosa ejecutoria. En otro ámbito se mueven la geoestrategia y sus servidumbres, pero en cualquier caso uno puede preguntarse si el camino de Irak hacia el horizonte de las sociedades abiertas pasaba por poner- AP le la soga al cuello a Sadam Husein, si su destino es el autoritarismo de las democracias iliberales o si tiene otra alternativa que el caos, la partición o la guerra civil. Kissinger dice que una estructura social estable se nutre no de triunfos sino de reconciliaciones. La supervivencia de Irak queda en cuestión mientras los suníes puedan morir asesinados en la calle por ser suníes, al igual que los chiíes por ser chiíes. podrá faltar quien rece por el alma del déspota ajusticiado ni se podrá abortar el contento entre chiíes y kurdos. Para los suníes, tal vez se haya dado luz a un martirio que llegue a convertirse en leyenda. En Kuwait se brindará por la muerte del antiguo invasor. En el caso de Europa, salvo para la izquierda imposible judeófoba y anti- Occidente, la estima por la vida de Sadam Husein no es clamorosa: en la Unión Europea la pe- No go de la libertad que llevó a su país hasta el corazón de las tinieblas. Quiso imponer el expansionismo del régimen del partido Baas en el Golfo Pérsico e imponerse a sangre y fuego como líder del mundo árabe, ser un nuevo Nasser. Si la ideología del Baas congeniaba con el fascismo, su panarabismo totalitario en no poco se asemejaba al pangermanismo hitleriano. Su método fue la matanza y el culto a la violencia. Volvamos al pensamiento de Reinhold Niebuhr: la capacidad del hombre para la justicia hace la democracia posible, pero la inclinación del hombre a la injusticia hace la democracia necesaria. Un nuevo Irak difícilmente puede tener como razón nuclear de su sistema de libertad la presencia pendular de un dictador colgado de la horca. El trecho quizás ahora se haga más largo. Nada está escrito en sentido determinista, aunque el rastro de Sadam Husein- -vivo o muerto- -veje el bien común iraquí. Más allá de la conclusión del tirano, kurdos, suníes y chiíes requieren de una capacidad más intensa de achicar el sectarismo y de un mayor afán de convivencia para ejercer como ciudadanos bajo la luz cenital del Estado de Derecho. SadamHuseinfueunenemi-