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ABC DOMINGO 31 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL PROFETA MIOPE D EL RECUADRO ¿DÓNDE ESTÁ EL QUEREMOS SABER ARAJAS echaba literalmente humo. Angustia a pie de pista. Pasajeros ateridos, con niños chicos, arracimados en inhóspitos paisajes de puertas traseras y naves de carga, la tramoya que solemos cruzar en las lanzaderas. Caos perfectamente organizado, según las habituales normas de actuación de la AENA de Magdalena (Álvarez) Y nadie sabía nada. Y nadie decía nada. Eso, a pie de pista. Fuera, menos. Barajas en pie de guerra, echando humo, ardiendo por los cuatro costados, y como siempre, nadie habla. No Nada. Pese a su práctica en la mendacidad, esta vez disimulaban peor el fracaso de sus cencerros tapados para desmontar el Estado de Derecho y entregar la cuchara ante las pretensiones de los terroristas de la ETA. Proceso famoso que había empezado cuando la Anunciación y que terminaba tras la Natividad del Señor: nueve meses desde los 9 milímetros Parabellum al Belèn con los pastores de ZP ¿Había una consigna de simular nor. malidad y de admitir en todo caso un accidente en el Proceso? Quizá se nos rompió la medalla del amor de ZP de tanto usarla: Hoy estamos mejor que hace un año, pero dentro de un año estareANTONIO mos mejor BURGOS Rubalcaba salía a la simulación de dar la cara 4 horas, 4 después de cometido el atentado asesino por los de la charlita con Pachi López en la mesa de diálogo. Rubalcaba dejaba todas las preguntas sin responder, y, nada de programación especial de informativos: acto seguido en la Televisión Pública Española salía un cocinero explicándonos cómo se hace el sorbete casero de piña. Ya Rubalcaba nos había explicado antes cómo se hace el sorbete casero de una piña con las peticiones de los terroristas, cuando ni la claudicación del Estado de Derecho sirve para que la ETA deje de poner horror, dolor, sangre y muerte sobre la mesa. Anunció Rubalcaba que había un desaparecido. El más desaparecido de todos, durante todo el día, era el presidente del Gobierno. Que Barajas esté echando humo y colapsado, que haya miles de personas atrapadas en las B pistas y en los aviones, que España desplace a la soga del ahorcado Sadam en los informativos mundiales no es razón para que ZP dé la cara sobre la marcha. Se está mejor en Doñana con los pastores del Coto. Nueve horas necesitó ZP para comparecer. Una hora por cada mes del Proceso roto. ¿Dónde estaban ayer los del queremos saber de entonces? ¿Dónde los que exigían que el Gobierno transmitiera en vivo y en directo las investigaciones de la Policía cuando el 11- M? ¿Por qué la información con cuantagotas, con dos desaparecidos por lo menos entre los escombros? ¿Por qué tanta frialdad al hablar de los dos suramericanos inmigrantes, los del tópico empujón a nuestra economía, desaparecidos, como si fuesen una anécdota? Rubalcaba esgrimía secretos policiales y sigilos de la investigación y, como no No Nada, los profesionales del queremos saber de Belinda. Era de helarse la sonrisa recordar sus propias palabras de aquellos entonces en estos ahoras: Los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta La única verdad la dijo ZP en su tardía comparecencia sobre la ruptura del diálogo, que no del Proceso famoso: Hoy estamos peor que ayer Toma, y que antier. Y que el l0- M, ni te cuento... Y al final, pero no lo último, la brillantísima ausencia de la máxima responsable política de Barajas: Magdalena Álvarez, ministra de Fomento... del Caos. Estando Barajas como estaba, dio la cara aproximadamente lo mismo que cuando las carreteras se le colapsan por la nieve: cero cartón del nueve. Tenemos, no obstante, que agradecer a ZP que condenara el atentado y llamara terroristas y no izquierda abertzale a los asesinos de la ETA. Cosa rara, esta vez no tuvo la culpa el PP O, contra el libro de estilo de Magdalena la de AENA, tampoco la tuvieron los viajeros de Barajas, que como son de la cultura que son, no se les ocurre otra cosa que viajar el 30 de diciembre. Menos mal que Barajas, al contrario que las pistolas robadas, los guardias rociados con gasolina, los cajeros y autobuses quemados o los zulos, no es ninguna anécdota. Antes de Barajas, ya hemos barajado demasiado. Es hora de cortar. No sólo el diálogo, sino la rendición de España ante una banda asesina. IJO el pitoniso, con esa hueca solemnidad tan suya, mirando con ojos miopes su bola de cristal opaco: Estamos mejor que hace un año, y tengo la convicción de que dentro de un año estaremos mejor que ahora Y se fue a dormir a Doñana, arrullado por el mecer de los juncos del Coto, dulcemente desavisado de la oportunidad que acababa de perder para no hacer el ridículo. A esas horas, quizá, alguien había aparcado ya en Barajas una furgoneta cargada de explosivos. Joder con el profeta; cuando abandone la Presidencia del Gobierno, más IGNACIO vale que no se dedique a fuCAMACHO turólogo. Lo malo del optimismo patológico, perdón, antropológico, no es que carezca de la información necesaria, sino que provoca una cierta enajenación de la prudencia y termina confundiendo el análisis en una sobrada y autosuficiente arrogancia. La realidad envía avisos, enciende luces de alarma, y el optimista despreocupado, fiado de sus convicciones inmutables, las ignora haciendo la vista gorda y las envuelve en camuflajes semánticos o retóricos para minimizarlas a favor de su inspirado designio. Las amenazas eran para consumo interno las cartas de extorsión llevaban matasellos atrasados; el zulo era un sitio para meter cosas los atentados eran simples accidentes mortales La kale borroka o el robo de las pistolas, como ofrecían poco margen interpretativo, simplemente quedaban relegados a los márgenes de la evidencia. Y el responsable de la lucha antiterrorista, el director de la Policía y la Guardia Civil, podía proclamar ufano que no había ningún comando operativo en España, perdiendo él también una excelente ocasión de administrar su silencio. El país alegre y confiado caminaba con paso decidido hacia un futuro de Cuando ese futuro salta en pedazos, y los escombros aplastan a dos pobres inmigrantes que estaban en el lugar más inadecuado en el momento menos oportuno, el optimista aún se resiste a aceptar el desmoronamiento completo de sus certezas. Y apela de nuevo a la semántica: en vez de romper, suspende. En vez de cancelar, interrumpe. En vez de suprimir, aplaza. Rebusca matices, atrapa casuismos, escruta tonalidades, modula conceptos para persistir en la conclusión de su particular silogismo aunque se le estén deshaciendo las premisas. Y posa gestualmente con semblante de enfado, con aire de dolida firmeza, con el desilusionado rictus de decepción y contrariedad de quien se siente incomprendido en su buena fe. Eso sí, había en su rostro una expresión de rabiosa amargura, un gesto de disgustado trastorno, de autoestima mermada cuando, forzado por la impía terquedad de los periodistas, tuvo que admitir, casi mordiéndose los labios, que desgraciadamente hoy estamos peor que ayer Viniendo de un arúspice tan categórico, de un augur tan iluminado, de un visionario tan persistente, esa constatación elemental resulta casi un atisbo de esperanza. Igual se cae del guindo antes de que sea demasiado tarde.