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4 OPINIÓN DOMINGO 31 s 12 s 2006 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL FIN DE UN FALSO PROCESO D ESPUÉS de dos años de rearme ininterrumpido, ETA cometió ayer en Madrid un brutal atentadoquequiebrapor labaseel proceso denegociación iniciado por el Gobierno socialista antes incluso del anuncio oficial de alto el fuego permanente, el 22 de marzo pasado. La gigantesca deflagración que demolió uno de los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto madrileño, causando dos desaparecidos y una veintena de heridos, es, a un mismo tiempo, la reafirmación de ETA en sí misma y el más claro desmentido a todos los discursos que han alentado engañosamente en la opinión pública española las expectativas de una paz que los etarras nunca han estado dispuestos a dar. Por tanto, no debería sorprender que ETA colocara ayer un coche- bomba sin un comunicado previo que revocara la tregua, porque para ETA, lo mismo que para Batasuna, este atentado también forma parte de lo que la banda terrorista entiende por proceso político Para ETA, la confusión entre violencia y política es absolutamente natural y, por eso, Otegi declaró ayer que el proceso político de solución al conflicto no está roto El desparpajo inmoral de este proetarra, al que Rodríguez Zapatero llegó a reconocer un discurso de paz cuando aún permanecía en prisión provisional, refleja fielmente que ETA sólo quería un proceso que le permitiera alcanzar sin matar los objetivos por los que llevaba más de tres décadas matando. En absoluto cabe sorprenderse de lo que ayer hizo una ETA que en dos años ha robado toneladas de materiales explosivos y más de trescientas cincuenta armas cortas. El aumento de la violencia callejera, de la extorsión y de las amenazaspormedio de zutabes y comunicadosha sidoelumbral del atentado de ayer en Barajas. Ahora se demuestra que ETA no habla nunca para consumo interno cuando afirma que la tregua es un recurso de su lucha armada o cuando hace de la autodeterminación y de Navarra condiciones inexcusables para el fin dela violencia. Tampoco ETAes esa bandaterrorista intimidada por los efectos del 14- M ni, menos aún, seducida por la oportunidad histórica que representa un Gobierno español dispuesto a respetar la libre voluntad delos ciudadanos vascos. ETAsólohasorprendido a los incautos y a los necios, a quienes pensaban que los etarras habían dejado de ser terroristas y a quienes, aún peor, creían que, en el fondo, los etarras perseguían objetivos políticoslegítimosquepodían ahormarse en los cauces del diálogo. No han faltado aduladores deesta impostura ni coros sumisos a la ficción dequeesta vez la tregua iba en serio. Al final, tanto compararse con el Gobierno de Aznar y esta tregua ha durado nueves meses, frentea los quincedela de 1998, y sin queelanterior Ejecutivo aceptara mesas políticas, ni rompiera el consenso con la oposición. ETA, sin condiciones ni matices, con los instrumentos policiales y judiciales del Estado de Derecho. Así resulta inadmisible que los emplazamientos se hagan al PP para que no utilice políticamente el atentado de ayer: no sólo Rajoy eludió en su comparecencia cualquier tentación partidista, sino que esa advertencia suena cínica en quienes protagonizaron la bochornosa noche electoral del 13 de marzo de 2004. Existe una responsabilidad política por el origen y el desarrollo del proceso de negociación con ETA. Una responsabilidad que alcanza a los graves daños causados por decisiones concretas del Gobierno, con el apoyo incondicional del PSOE, de liquidar el pacto antiterrorista, de no utilizar la Ley de Partidos contra una Batasuna- -que ni condena el atentado ni pide el fin del terror- de aceptar la interlocución política de ETA y Batasuna en una mesadepartidosy deinocular en la sociedad española la confusión sobre quiénes son los partidarios de la paz y quiénes los de la violencia. Ha sido desde el Gobierno donde se ha dicho que no había indicios de que ETAseestuviera rearmando. Con juicios así, se desvela la incapacidad dediscernimiento que aqueja al Ejecutivo para valorar a ETA como el peligro real y grave que representa para los españoles. Es, en definitiva, un problema de incapacidad para la responsabilidad de gobernar. ETA es culpable, porque únicamente los terroristas son responsables de sus actos y nada ajeno a ellos puede actuar como justificación o atenuación de sus crímenes. Nunca un gobierno democrático puede compartir el reproche que ha de recaer, en exclusiva, sobre los terroristas. Sin embargo, es imprescindible que el atentado de Barajas dé lugar a un cambio radical de la política del Gobierno de Rodríguez Zapatero en relación con ETA. La política de apaciguamiento ha fallado, como era previsible, y si ETA atentó ayer no fue porque no haya habidocesiones, sino porquequeríamásqueya noestán alalcance del Gobierno. Es al PSOE y al Ejecutivo a quienes corresponde iniciar una auténtica política de Estado que se fije como objetivo irrenunciable la derrota de Deesteatentado, ydelosquepuedanseguirle, sólo es en absoluto suficiente lo que ayer anunció el presidente del Gobierno. Es más, sus palabras encierran una nueva oportunidad para la estrategia falsaria de los terroristas, cuando lo cierto es que ETA, aunque anunciara más treguas o altos el fuego, no merece más querespuestas policiales. Nobastacon queeljefedelEjecutivo haya ordenado la suspensión de iniciativas para el desarrollo del diálogo con ETA porque el problema es que Zapatero no cancela la posibilidad del diálogo mismo con los etarras. El proceso está muerto y aunque reconocerlo así pueda ser- -y lo es- -un fracaso políticodelEjecutivoquepactóla tregua con ETA, por dignidad nacional, el presidente del Gobierno tenía que haberasumidoque, hagan lo que hagan los etarras en el futuro, no hay más opción que la derrota policial. RodríguezZapateroperdió ayerlaocasióndereactivar elEstado contra ETA mediante la recuperación de los grandes activos de la anterior política antiterrorista, como la vuelta al Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo, la recomposición de relaciones con el PP y la declaración solemne del fin del diálogo. Para suspender las iniciativas del Gobierno, Rodríguez Zapatero ha tenido múltiples motivos y ocasiones en los últimos meses, desde los actos de kale borroka hastael robomasivo de armas cortas. Ayer era el momento de darle la iniciativa al Estado y el presidente del Gobierno no lo hizo. No NI SIQUIERA SADAM MERECÍA LA HORCA S US crímenes son tan graves que es imposible defenderle. Pero ni el peor de los criminales merece la pena de muerte, que es un recurso indigno de las sociedades civilizadas. Sadam Husein ha sido ejecutado en cumplimiento de una sentencia legítima quesin embargo cargará con el estigma de haberse consumado deunaformaqueresultainaceptablepara una gran parte de la humanidad. Como ya se ha dicho reiteradamente en estas páginas, la pena de muertees intrínsecamente un fracaso para la civilización, inútil desde el punto de vista de la protección de los intereses de las víctimas yéticamenteintolerable. No cabemás quelamentar profundamente que todos los llamamientos hechos en este caso desde el mundo entero no hayan sido escuchados. La sociedad iraquí está demasiado habituada a la violencia. Cuando no ha estado sometida a la tiranía propia fue porque estaba siendo aplastada por un poder colonial. Este es el primer intento que al menos sobre el papel tiene por objetivo construir un país libre basado en las reglas de la democracia y la ley. Y en este sentido los ciudadanos han dado un ejemplo encomiable en las tres ocasiones en las que han acudido a votar a pesar de las amenazas directas de los terroristas. Nadie puede negar que los iraquíes están interesados en construir esa sociedad nueva basada en valores superiores a la violencia y las tradiciones de la venganza apasionada. Que sea difícil no significa que sea imposible y en todo caso lo mejor que podía haberse hecho era empezar poniendo en práctica esos principios humanistas que sostienen con toda claridad que matando al criminal no se logrará nunca recuperar las vidas de sus víctimas. No hay razones religiosas ni morales que puedan probar en estos momentos de la evolución humana que la pena de muerte pueda llegar a ser un acto aceptable. Es cierto que Sadam ha tenido un juicio justo y que la gravedad de sus crímenes ha quedado fuera de toda duda. Tal vez el presidente iraquí y sus vicepresidentes han pensado más en la sensibilidad de los norteamericanos, que inexplicablemente aceptan sin muchos remordimientos el principio de la pena capital. De ser así, es evidente que se han olvidado de los europeos y de todos los que en el mundo esperan sinceramente que las cosas se arreglen lo antes posible en aquel país y para los que la muerte deliberada de un ser humano es siempre algo reprobable. Para las nuevas autoridades iraquíes era tal vez más fácil deshacerse de un personaje que a todas luces les resultaba demasiado incómodo en las actuales circunstancias por las que atraviesa el país. Ha sido más sencillo ordenar al verdugo que pusiera en marcha el siniestro mecanismo de la horca que afrontar una sana reconstrucción del país partiendo del mejor ejemplo de piedad y templanza que podían haber dado. Sadam no era recuperable, pero el ejemplo de haberlo mantenido en prisión de por vida habría sido un mejor aliciente para tratar de parar la sangría de violencia que atenaza al país y de la que en estos momentos no puede hacerse responsable directo al ex dictador. Incluso hubiera sido un castigo infinitamente más humillante el permitirle que viese un día desde una celda el triunfo de los iraquíes en su esfuerzo por reconstruir el país. Ejecutarle ha sido un error no sólodesde el punto de vista moral, sino estratético, pues se corre el riesgo de hacer del tirano un mito para determinados sectores que utilizarán su ejecución con fines propagandísticos para justificar el terror. Sadam debía ser juzgado y había muchas alternativas, incluso la de trasladarlo al Tribunal Internacional de La Haya, en donde existen varios procesos abiertos en su contra por genocidio y crímenes contra la humanidad, que podrían haber librado a las nuevas autoridades del país de la papeleta de tener que custodiar a tan incómodo reo en una prisión dentro de su territorio. Ejecutar la pena capital ha sido la peor opción, la única que no permitirá que se sigan juzgando todas las atrocidades que cometió y que probablemente lo acabará convirtiendo en lo que nunca fue, un héroe o un mártir de la nación iraquí.