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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE De este año no pasa. Abandonar el tabaco, por ejemplo... Motivarse o morir Emociones y motivaciones nos permiten responder a las demandas de la vida diaria. Para las primeras, hace una década Goleman propuso el concepto de inteligencia emocional, que consiste en reconocer nuestras propias emociones y gestionarlas adecuadamente, así como saber interpretar los estados emocionales de los demás y actuar en consecuencia. Ahora Xavier Solé, en su libro Pura motivación nos propone el concepto paralelo de inteligencia motivacional: Una persona que conoce sus motivaciones se explica mejor sus conductas y puede proyectarse mejor hacia el futuro y planificar sus cambios. Si sabe satisfacer sus motivaciones con las actividades que realiza, va a soportar mejor el estrés Partiendo de la famosa pirámide de Maslow, que reconoce cinco motivaciones ordenadas jerárquicamente: fisiológicas, de seguridad, de amor, de estima y en la cúspide, autorrealización, Solé amplía la lista hasta 16. Divididas en cinco áreas (trabajo, relaciones familiares, relaciones sociales, desarrollo personal y tiempo libre) conforman un perfil característico de cada persona, en el que predominan seis u ocho motivaciones que explican la forma de actuar y de reaccionar. Este perfil va variando a lo largo de la vida en función de las vivencias que nos marcan. Sin embargo, en su opinión, no sabemos motivarnos porque no nos han enseñado, algo que es esencial para el desarrollo personal. Por eso nos invita a descubrir nuestro perfil motivacional, porque, cuando nuestras motivaciones conscientes o inconscientes se ven satisfechas, sentimos placer y bienestar puestos a pagar por ello, como nos recuerda Enrique GarcíaHuete, director de Quality Psicólogos y profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid: La mayoría de los propósitos que nos hacemos no se cumplen porque no generamos las estrategias adecuadas para llevarlos a cabo La razón, explica, está en una escasa planificación, aspecto decisivo, porque con frecuencia nuestros propósitos implican un cambio de hábitos, algo a lo que solemos resistirnos, sobre todo si anteriormente hay una pauta de no acción (como apuntarnos al gimnasio después de un tiempo sin hacer ejercicio) El truco consiste en concretar al máximo cómo conseguiremos nuestro propósito. Si queremos hacer más ejercicio, hemos de ver el tiempo disponible, el gimnasio más cercano, concretar que días de la semana iremos. En definitiva, hacer hueco a esa nueva actividad en nuestra apretada agenda. Si se trata de hacer dieta, además de colgar el régimen en la puerta de la nevera, ver en qué lugares cercanos al trabajo ofrecen un menú adecuado o cómo cumplirlo los fines de semana. Pese a la planificación surgirán dificultades, nos previene García- Huete, y hemos de estar preparados: los primeros días del gimnasio, es probable que no logremos completar la tabla de ejercicios. Para no sucumbir al desaliento no está de más colgar en Muchos de nuestros buenos propósitos fracasan por irreales, pero más a menudo por una deficiente planificación para llevarlos a cabo sin abandonar El nuevo año impone balances y Rojas Marcos aconseja que se hagan con cierta generosidad. Valorar los logros en términos de todo o nada conduce al desánimo lugar visible los beneficios que esperamos conseguir. Y no olvidar que los cambios no se producen de un día para otro. Se trata más bien de una carrera de fondo, para lo cual puede ser útil plantearnos cómo nos gustaría vernos al final del 2007. Y, según los últimos estudios, en esta carrera de fondo tendremos mucho ganado si mantenemos nuestro nuevo hábito durante al menos 21 días seguidos. A partir de ahí, las probabilidades de éxito serán mayores. Y siempre podemos recurrir al viejo truco de contar nuestros propósitos a los compañeros de trabajo y familiares. Para no quedar mal aguantaremos lo que nos echen. Un balance... generoso El cambio de año, además de brindarnos una buena oportunidad para plasmar nuestros deseos y probarnos a nosotros mismos, nos permite hacer balance del año anterior. Un aspecto muy importante que también requiere su técnica, asegura Luis Rojas Marcos, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York. No obstante, matiza, no haber alcanzado el objetivo al cien por cien no significa que hayamos fracasado. Valorar las cosas en términos de todo o nada nos hará sentir frustrados y nos impedirá apreciar cualquier pequeño avance. Sólo el hecho de haberlo intentado nos da cierta ventaja si decidimos volverlo a retomar para este año, porque conoceremos nuestros puntos débiles y podremos planear estrategias para superarlos. Los motivos por los que creemos no haberlo logrado también son importantes: tal vez el objetivo era poco realista, o necesitamos más tiempo para conseguirlo. Visto así, matiza Rojas Marcos, estamos admitiendo que hicimos lo que pudimos pero había algunos aspectos externos a nosotros. O puede que realmente no nos esforzáramos lo suficiente, algo circunstancial que tiene solución. Esta forma de pensar es propia de personas optimistas, que buscan explicaciones externas, temporales y no globales, que les permiten superar la frustración por no haber cumplido totalmente sus objetivos. Los pesimistas prefieren mirar en su interior para buscar las causas que les han apartado de su objetivo: no tengo fuerza de voluntad, soy un desastre, no cambiaré nunca. Explicaciones internas, globales y estables en el tiempo que nos paralizan y nos impiden mejorar. En cualquier caso, Luis Rojas Marcos nos anima a ser tolerantes con nosotros mismos: El ser humano tiene gran capacidad para mantener su estado de satisfacción con la vida a un nivel razonable. Y utilizamos toda una serie de mecanismos de defensa para mantenernos en un buen estado emocional: disculpas, excusas, un cierto autoengaño. Siempre podemos decir aquello de elegí un mal día, no soy el único, podía haber sido peor o no he conseguido lo que me había propuesto, pero una parte sí Como consejo final, Rojas Marcos nos propone hablar más: Las personas que hablan más, viven más. Mi buen amigo Valentín Fuster recomienda para prevenir el infarto, además de controlar la dieta y hacer ejercicio, hablar. Cuando pasamos por un mal momento o estamos estresados es importante poner palabras a los sentimientos que nos agobian. Al ponerles palabras pasan de la memoria emocional a la verbal, que utilizamos a diario. Así, el corazón late de forma más reposada y la presión arterial baja. Desde el punto de visa psicológico está demostrado que es bueno poner en un contexto menos intenso emocionalmente los conflictos y sentimientos que nos desbordan.