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ABC SÁBADO 30 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL ESTADO DE LA SEÑORITA PEPIS UANDO la ministra Narbona salió con su peregrina ocurrencia de acabar con la muerte de los toros en la plaza, un simple director general de la Junta de Andalucía le puso las peras al cuarto: en el nuevo Estatuto de autonomía, vino a decir, las competencias sobre la lidia las voy a tener yo, y ya pueden los ministros cantar misa u orar mirando a la Meca; aquí se va a hacer lo que nosotros queramos. No se puede retratar de un modo más nítido la verdadera realidad nacional de España tras la oleada de reformas estatutarias IGNACIO que ha propiciado el GoCAMACHO bierno a partir de la deriva catalana. El Estado va a quedar convertido en un aparato residual sin apenas influencia práctica en la gestión de los asuntos públicos. Con las competencias y los recursos para aplicarlas en manos de las administraciones territoriales, el poder del Gobierno se limitará a la elaboración de vagas leyes de regulación general... siempre que no colisionen con las legislaciones autonómicas. Lejos de acabarse con el Estatuto catalán, el problema de la estructura del Estado no ha hecho sino comenzar de nuevo en un inquietante proceso de desguace. Zapatero lo acaba de comprobar cuando la Generalitat de su teórico correligionario Montilla ha emprendido la escalada de pleitos competenciales y de financiación, que pronto cuajará en la exigencia de que se cumpla de manera real la bilateralidad consagrada en el nuevo texto. Luego llegarán Andalucía, Valencia, Galicia, Canarias y todo el resto, en cola para demandar el cumplimiento efectivo de sus flamantes normas. Si el Gobierno pensaba marear la perdiz va listo; abierta la espita del nuevo orden autonómico, el vapor de la cohesión estructural se escapa a toda presión por la rendija y no habrá manera de devolverlo a su ser. Se trata de una reforma políticamente irreversible. Este Gobierno pasará a la Historia por haberse hecho a sí mismo el harakiri de la autodisolución, convirtiéndose en un poco más que un mero órgano colegiado de supervisión administrativa. Ha liquidado la España de los ciudadanos para sustituirla por una confusa nación de territorios en la que las verdaderas decisiones de poder van a quedar al albur caprichoso de los dirigentes de las autonomías. Es decir, ha consagrado un principio de desigualdad que ni siquiera se ha molestado en corregir de manera retórica o teórica en algunos de los nuevos textos estatutarios, trocados en constituciones en miniatura de unos Estados de la señorita Pepis que acumulan para sí mismos toda la capacidad de distribución de recursos públicos. Por eso, cuando Zapatero saca pecho al hacer balance de su gestión anual, no se entiende muy bien de qué país está hablando. Porque pronto no presidirá más que formalmente un territorio que, en el caso de la mayoría de los Ministerios, apenas si pueden gobernar más allá de los límites de las ventanas de sus despachos. C LA ORACIÓN DE MANSUR IENE razón Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica, cuando afirma que la oración es el arma más fuerte que el hombre puede haber imaginado Ese coloquio que el hombre entabla con Dios, en el que emplea todas sus potencias intelectuales para alabarlo, solicitarle un favor o darle gracias, en el que se pone íntegramente a su disposición y acepta sus designios, es el más confortador instrumento contra la desesperación y la debilidad, el más poderoso acicate del vigor espiritual. Siempre he pensado que la crisis del Occidente cristiano es la propia de los pueblos que se han olvidado de rezar; siempre he pensado que si el islam aparece en nuestro horizonte como una fuerza pujante, frente a la decrepitud del Occidente cristiano, es precisamente porque los creyentes en Alá siguen invocándolo con indeclinable fervor. Cuando ese fervor cesa, los hombres se tornan acomodaticios, débiles de pensamiento, fofos y temblones, prestos a claudicar. Mansur Escudero conoce bien el estado de postración en que se encuentra el Occidente cristiano; y no ha dudado en aprovecharse teatralmente de ese JUAN MANUEL estado de postración, sabiendo que su DE PRADA gesto serviría para hacerlo aún más patente. La oración de Mansur Escudero ante la catedral de Córdoba nos recuerda aquellas palabras del Evangelio de San Mateo: Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará Palabras que, estoy seguro, cualquier musulmán de buena fe suscribiría; pues sospecho que muchos musulmanes de buena fe profesan a Jesús mayor respeto que la mayoría de quienes se au- T totitulan remolonamente cristianos. Mansur Escudero sabe perfectamente que la pantomima que protagonizó ante la catedral de Córdoba no constituye una verdadera oración, sino más bien su parodia. También sabe que musulmanes y cristianos pueden rezar juntos sin necesidad de compartir lugares de culto. Mansur Escudero jamás admitiría que en una mezquita un sacerdote intentase la consagración del pan y el vino, entre otras razones evidentes porque tal consagración la consideraría blasfema; tampoco permitiría que una mezquita albergase imágenes de Dios, que su religión tacha de sacrílegas. Puesto que Mansur Escudero sabe que una iglesia o mezquita no puede admitir conjuntamente los cultos católico y musulmán, hemos de aceptar que ha obrado como un hipócrita redomado; puesto que solicita algo imposible, hemos de entender que lo que en realidad reclama es otra cosa bien distinta, del mismo modo que en realidad no estaba rezando cuando se postró ante la catedral de Córdoba en presencia de periodistas y curiosos. Sospecho que la paga que dispensa Mahoma a quienes convierten la oración en un espectáculo farisaico es la misma que prometió Jesús. Pero a Mansur Escudero le interesaba probar su capacidad para provocar signos de contradicción en una sociedad desarmada y genuflexa, descreída de los valores que fundaron una civilización hoy reducida a escombros, una sociedad que ha extraviado sus valores y los ha sustituido por un potaje de sincretismo relativista, una sociedad dispuesta a transigir con cualquier majadería, siempre que se presente bajo los ropajes de la tolerancia y el buen rollito, una sociedad herida de muerte que inclina la testuz bobaliconamente para que la descabellen. Mis felicitaciones a Mansur Escudero, porque con su pantomima ha logrado que ese descabello esté un poquito más cerca. Pero, por favor, que no nos venda esa pantomima como oración devota; tales aspavientos sólo engañan a quienes desean ser engañados, a quienes han hecho del engaño su medio de subsistencia.