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ABC VIERNES 29- -12- -2006 LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2006 VIERNES deESTRENO 83 BROKEBACK MOUNTAIN (EN TERRENO VEDADO) Ennis del profundo Mar EE. UU. 2005 sDirector: Ang LeesIntérpretes: Heath Ledger, Jake Gyllenhaal, Anne Hathaway, Michelle Williams, Randy Quaid, Linda Cardellini, Anna Faris, Scott Michael Campbell JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Hay historias que duelen, que te escarban en lo más profundo. A veces no es por lo que cuentan, ni por los protagonistas, ni siquiera por los fatales desenlaces, es por cómo se cuentan, por el sentimiento y la profundidad de las emociones descritas. Ang Lee es un maestro del corazón. Al igual que Eastwood, Lee maneja los silencios para llenar las historias, y esta que relata entre Ennis del Mar y Jack Twist está repleta de belleza, de emoción, de heridas compartidas y de secretos inconfesables. Una película dura y valiente. No se trata de una historia de amor entre dos duros vaqueros, sino de una historia de amor, punto. No estamos ante la boba locura que pueda sentir algún homosexual viendo una pose provocativa de Beckham o de Brad ante el bello rostro de Angelina. El asunto no es tan simple como elucubran las mentes planas de los machitos: Los tipos Marlboro no son maricas. Yo no veo eso si no hay tiros, vacas e indios muertos... La España oscura. Hay que ver más allá, hay que ver cine. Observar la inmensidad de la fotografía, la narración de la durísima vida de estos pastores de ovejas perdidos en el culo del mundo, la soledad y los miedos, los diálo- gos sin voz, las miradas desoladas y la desesperación de saberse una isla rodeada de olas salvajes prestas a devorarles. La figura de Ennis del Mar cobra tintes gigantescos en el boceto que Ang Lee hace de él. Inmenso Ledger en ese personaje hosco, amargado, no tanto por su homosexualidad descubierta como por su fracaso en la vida, sentimiento de perdedor que no va a ningún lado, sólo a sobrevivir con mucho trabajo y ningún beneficio. Ledger era un tipo sospechoso antes de ponerse su mejor camisa a la espera ansiosa de Gyllenhaale. Item más, era Keyser Soze con melena dorada abatiendo nobles linajes en Destino de caballero y destrozando corazones en la lamentable Casanova pero en este paréntesis está casi sublime. Escenas clave Es difícil retratar mejor la amargura ante un amor imposible, ante un carácter hosco y difícil de manejar, la escasa aceptación de sí mismo y las continuas muestras de autoafirmación que intenta hacer, casi todas ellas patéticas. Pero por encima de la profundidad de los personajes, del huraño Ennis o del atrevido hasta la inconsciencia Jack, está el paquete global de la película y las escenas ya casi históricas. La de la escalera, que lleva camino de convertirse en culto, prototipo de pasión descarnada y osada, más allá de la mirada estupefacta de la esposa traicionada; la de la cena del Día de Acción de Gracia, en el justo y deseado estallido de furia de Tiwst, que es un grito al mundo, ante su repugnante suegro y, sobre todo, y clave en la historia, la de la camisa, que es un canto a la melancolía, escena de respeto, rebosante de amor ante la pérdida, de gestos quedos y mudos, interiorizando el dolor, desprendiendo sensaciones de todo lo que Lee quiso transmitir a lo largo del metraje. Un desenlace épico en su propia simplicidad. Película pues de colorido vivo por fuera y mate por dentro, donde todo se mueve acorde con la historia, como un violín, sin un detalle brusco o irrespetuoso, sin un solo tono abrupto, todo en consonancia: fotografía, música, guión, montaje, encuadres... No hay nada en la dirección de Lee que interfiera, al contrario acompaña. En la trayectoria de la película el clamor ha sido total: premios independientes y no independientes, Mostra de Venecia, Óscar al mejor director, reconocimiento al trabajo, excepcional de los actores, y un desmoronamiento de los clichés más anclados en el cine de Hollywood. Pero por encima de la valentía que ha mostrado Lee en proyectar esta película desde un país como Estados Unidos América me da miedo conservador y difícil de deglutir esta clase de proyectos, está el cine, el cine en sí, el cine con mayúsculas, la grandiosidad que desprende, la sensación de belleza que destila y la profundidad de todo lo que cuenta. Cine exótico a cargo de Hou Hsiao- Hsien TIEMPOS DE AMOR, JUVENTUD Y LIBERTAD El amor y la caricia en tiempos de incomunicación Taiwán, 2005 sDirector: Hou Hsiao- HsiensIntérpretes: Shu Qi, Chang Chen, Mei Fang, Liao Su- jen, Di Mei Ennis (Heath Ledger) en una efusiva despedida de Jack (Jake Gyllenhaal) ANTONIO WEINRICHTER Hace ya casi veinte años que una nutrida muestra de centenares de críticos, directores de festivales y filmotecas y otros árbitros del gusto fílmico eligieron al taiwanés Hou Hsiao Hsien como el mejor cineasta vivo. Hou sigue en activo y renovando tan pesada carga título tras título pero su obra sigue sin traspasar al gran público cinéfilo; de hecho, sigue siendo una de las figuras que dividen las aguas entre distintas concepciones de lo que es, o por donde debe pasar, el cine de la modernidad, contemporáneo, o como quiera llamarse en esta era de la disolución del séptimo arte en el audiovisual. Para quienes tengan curiosidad por asomarse a su obra y ver si es para tanto, Three Times -me resisto a emplear el prolijo título español- -ofrece una ocasión envidiable: es un filme en tres partes independientes, un tríptico que ofrece una especie de repaso a las diferentes fases de su carrera, una suerte de Hou redux que es también, dada la maestría de su factura, una summa de su obra. El tema común de todas las historias es la pareja, el amor y el desencuentro: un tema universal. Pero ya el primer episodio- -y aquí es donde se dividen las aguas, creando las orillas del gusto- -sirve para marcar distancias: la historia muda (sólo puntuada por música encontrada) del largo camino que recorre una pareja hasta formarse tiene una concepción del tiempo, del espacio, del plano que roza la más inefable emoción formal en contraste con la banalidad ¡Demis Roussos! de los temas pop El segundo, de carácter retro, imita el cine silente y peca quizá, en toda su belleza, de manierista. Pero el tercero, contado con el ruido y la furia de la estética posmoderna, vuelve a obrar el milagro: lejos de la reposada contemplación de la que su cine tiene el secreto, Hou vuelve a encontrar la esencia del amor y la caricia en los tiempos de la incomunicación tecnológica. Es fácil hablar de trascendencia a propósito del cine minimalista de Hou; la pena es que siga siendo un cineasta tan exótico y esotérico.