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82 VIERNES deESTRENO LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2006 VIERNES 29 s 12 s 2006 ABC La particular familia de Little Miss Sunshine en una escena de la película ABC PEQUEÑA MISS SUNSHINE Cómo ser medianamente buenos EE. UU. 2006 sDirectores: Jonathan Dayton y Valerie FarissActores: Steve Carell, Toni Collette, Greg Kinnear, Alan Arkin, Beth Grant, Paul Dano, Abigail Breslin JAVIER CORTIJO Hace tiempo que, para el cine USA, la institución familiar está más pocha que un calcetín tras la San Silvestre vallecana. Un movimiento sísmico que se subió a las barbas del tío Oscar con American Beauty y a las del tío Camuñas con Happiness por poner dos ejemplos carismáticos. Ahora está llegando su segunda oleada merced a las embestidas de la caterva novísima que este año ha auspiciado piezas tan exquisitas como a veces arrogantes: el lento cataclismo rural de Junebug la grieta de la pareja urbanita y sus daños colaterales en los hijos de Una historia de Brooklyn la carne adolescente débil de Thumbsucker o, por qué no, la santísima trinidad del hogar matada a cañonazos por Super Nacho El caso es que, ante el brete de tener que elegir one more time la mejor pieza de un arte que, como el año pasado (sí, nos repetimos pero es bueno tener principios) sigue con el traje de pino puesto (tiene gracia que la mejor adaptación de la temporada provenga de... un videojuego como Silent Hill optamos por este recoveco en el camino más trillado de la temporada. Un área de servicio amarillenta que, sin duda, parecerá moralizante y potativa a más de un Scrooge mediopensionista (no al 92 por ciento de la crema de la crítica yanqui, que no paró de laurearla, como consta en la página web www. rottentomatoes. com) pero que resulta lo más vigorizante, o vigoréxico, de una temporada plagadita de quiero y no puedos de uno y otro confín (solo se salvan las películas escritas por mexicanos) Y eso que Pequeña miss Sunshine es, en sí misma, un gigantesco bache sin gálibo: el que une, con todo tipo de politraumatismos, a una familia modélicamente tronada y, sí, disfuncional, desde la cobardía autoayudada del padre a la huelga de palabras del nietzscheiano hijo, pasando por la pedantuela homosexualidad del cuñado o la incendiaria chochez del abuelo. En cuanto a la madre, bastante tiene con lo que tiene. ¿Parecen exagerados estos arquetipos? Pues échele una visual a su propio clan más allá de la lombarda, la pularda y los polvorones, y pásmese. Dentro de un subgénero tan quietecito como el arriba mentado, resulta gratificante un filme que te agarre por las solapas, te meta a trompicones en una especie de limón (no solo por el color) gigante y te obligue a empujar o a cambiar alguna bujía si es menester. La ITV de la furgoneta Aunque seamos francos: posiblemente, la furgoneta del filme acarree con algunas taras que no salvarían una ITV regulera Esperpento exagerado, road movie algo aspaventero, fiambres en el maletero y, por qué no, cierta moralina algo pastosa como mantequilla de cacahuete. Pero es que, qué diantres, la vida también es así (bueno, lo que realmente merece la pena, porque a nadie, menos a Borat, le interesan ciertas funciones orgánicas, como muy bien apunta Nick Hornby en su espléndido libro En picado ¿O alguien se imagina al cronométrico Lubitsch al volante? Precisamente ahí reside el pequeño milagro de esta opera prima (dirigida por un ma- trimonio, para más inri) lograr que chisporroteen chiribitas en los márgenes de la pantalla como muy poquitas veces hemos visto en los últimos lustros, hacernos creer que a Greg Kinnear le falta un pequeño hervor para ser Gary Cooper mezclado con Jack Lemmon, proponer a Toni Collette como presidente de nuestra comunidad o de nuestra galaxia, tener ganas de redescubrir a ese tal Alan Arkin, ponerle un monumento a Abigail Breslin (la actriz revelación del año, junto a la caperucita feroz Ellen Page) cruzar los dedos para que Steve Carell finalmente haga de Maxwell Smart, querer leerse de pe a pa a Proust y, sobre todo, agarrar un lanzallamas para purificar esa boñiga gigantesca que son los concursos de belleza infantil y sólo echar mano del extintor para medirle el lomo a la fila cero de madres tóxicas (si alguien conoce un brochazo semi- final más brillante que la cría dejando a la repugnante concurrencia con un palmo de narices con ese striptease ojiplático, que nos lo diga) Sin abracadabras ilusionistas ni mafiosos irlandeses imitando a ratas almizcleras. Emociones extremas las que provoca esta pequeña gran película, mira a ver. Entre todas, una bien gorda: hacernos volver a creer en esta industria llamada cine, aunque sea por 101 minutos. En la raza humana es ya pedir peras al olmo. Eso, o meterse por la vía dura los monjes de El gran silencio otro de los hits del año.