Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 29 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL VALOR DE LA DECENCIA QUEL hombre alto con pinta de ex boxeador que presidía el Imperio cuando murió Franco, a cuyo entierro evitó asistir, era el único tipo del mundo al que le ha tocado en la lotería el sillón más poderoso de la tierra. Gerald Ford llegó a la Casa Blanca por una doble carambola de corrupción: primero dimitió el vicepresidente Spiro Agnew, envuelto en un turbio asunto de fraudes fiscales, y luego el propio Nixon cogió el helicóptero en el jardín para no volver más, atrapado en el cepo de sus marrulleros manejos y sus tramposas IGNACIO mentiras. En el abandoCAMACHO nado Despacho Oval le esperaban algunos tragos de cicuta, entre ellos el bochornoso perdón a su antecesor y más tarde la retirada de Saigón y la caída de Camboya, que dio paso al genocidio comunista. Lo curioso del caso es que, pese a tan accidentada presidencia y a su fama de hombre simple que no podía bajar las escaleras mascando chicle, perdió ante Carter por poco más de dos puntos- Aznar le sacó tres a González en el 96, y se habló de amarga victoria y de derrota dulce- y se le ha recordado con benevolencia en su muerte. Ello se debe a una cualidad primordial, especialmente valorada porque le faltaba por completo a Nixon: era un político honesto, y además lo parecía. Los españoles tendemos a transigir con la deshonestidad en política siempre que le acompañe una cierta aureola de falsa eficacia; es una herencia sociológica del franquismo que explica éxitos contumaces como el de Jesús Gil y, a mayor escala, la longevidad de un felipismo carcomido por las corruptelas y el abuso de poder. En el mundo anglosajón, modelado por la ética puritana, un político que no sea honrado queda inhabilitado para el ejercicio de la actividad pública. La integridad no consiste sólo en no quedarse con dinero ajeno, faltaría más, sino en un conjunto de virtudes que tienen que ver con la sinceridad, la transparencia, el sentido del interés general, la modestia en el uso de los privilegios, el respeto al adversario y el sometimiento al imperio supremo de la ley. La decencia, en suma. Ford fracasó porque el peso de la basura nixoniana hubiese aplastado a un gigante; se comió los marrones como pudo y trató de restañar heridas, buscar consensos y devolver a su papel un poco del decoro perdido. El esfuerzo no le alcanzó para ganar las elecciones por las que nunca había pasado, pero su breve mandato de emergencia quedó envuelto en un halo de bienintencionada dignidad, sólo sombreado por la duda del indulto a su predecesor, que él siempre defendió como una necesidad política y no como el fruto de un pacto innoble. Hay veces en que un dirigente tiene que elegir entre el honor y la derrota; normalmente, cuando se elige mal acaban llegando los dos juntos. Al final hay que irse, de todos modos, y vale más hacerlo con la maleta cargada de limpia respetabilidad moral que de dudosos éxitos impregnados de vergüenza. A EL SECRETO CUBANO DEL DOCTOR GARCÍA SABRIDO N O me resisto a incorporar algunas consideraciones a los diferentes artículos y comentarios editoriales publicados acerca de la convalecencia de Fidel Castro. A raíz de la comparecencia en rueda de prensa del cirujano jefe del Gregorio Marañón- -por lo que se sabe, un excelente profesional, afable, humano y comprometido- no pocos analistas y exégetas del férreo secretismo de toda dictadura se han puesto manos a la obra para desentrañar de las palabras del doctor alguna mirada desde la que contemplar la realidad, la verdad. Déjenme añadir alguna de cosecha propia que intuyo comparto con varios. Primero: si un jefe de Estado, sea el que sea, requiere de un tratamiento que puede suministrar la sanidad de otro país, este último está en la obligación de suministrarla por muy repelente que sea el individuo en cuestión. Sobraron, por lo tanto, las ínfulas de Esperanza Aguirre y las impertinencias de Rafael Simancas- -desde luego, muchos cubanos hubieran preferido al CARLOS Doctor Montes y su técnica de sedación HERRERA que al experto en cirugía digestiva, pero eso ya es interpretación mía probablemente impertinente también- Segundo: el viaje- -a título personal- -del galeno madrileño no debe extrañar siendo éste un conocido de la familia y un hombre, por lo que se ve, próximo a la aventura revolucionaria cubana. O, a lo mejor, sólo al pueblo cubano, tan querido de por sí y tan admirable en muchas cosas. Tercero: esa comparecencia ante los medios que tanto ha extrañado por su locuacidad a la ministra Salgado- -siempre alerta a que ningún charco se le escape para meter los pies en él- no fue el caudal de datos que algunos presumen. El médico no dijo tanto; es más, no dijo casi nada: midió bien las palabras y sólo aclaró que no padecía enfermedad maligna lo cual es más propio de la propaganda estudiada que de la aclaración científica. Que se sepa, hasta la fecha, no hay ninguna enfermedad benigna Toda enfermedad, hasta la más liviana, supone un pequeño mal. Tal vez pretendiera convencernos de que no padecía tumor maligno de lo que se infiere que quiso evitar expresamente esa palabra y lo dejó todo en un hasta donde yo sé, no tiene cáncer Cuarto: a un médico se le puede pedir que guarde el secreto, a lo que está obligado, pero nunca se le puede exigir que mienta. Quizá de ahí la filigrana. Quinto: los portavoces gubernamentales cubanos tienen menos credibilidad que la niña del anuncio de visvaporú con lo que una alocución de un médico del prestigio de García Sabrido les vendría de perlas para colocar un mensaje en el mundo favorable a sus intereses. Sexto: de ser cierto, y convendría investigarlo, el envío de tecnología y medicinas a La Habana por parte de algún centro sanitario madrileño, habría que preguntarse qué enfermedad benigna obliga a un tratamiento tan delicado que llega, incluso, a precisar la presencia de un experto de notable categoría y el suministro de unos medios de los que no dispone una sanidad que presume de ser de las mejores del mundo. ¿Es benigna, por ejemplo, una pancreatitis, como hoy se preguntan algunos especialistas conocedores del material transportado? Séptimo: ayer aclaraba Félix Machuca en su artículo de ABC- -buen conocedor de la Isla y con acceso a excelente información extraída de la misma entraña de la sociedad cubana- -que todos los movimientos estratégicos del régimen están realizados bajo la premisa de que Fidel se va, algo que es un mensaje plenamente asumido por la población, mostrando unos pesadumbre y otros descomunal alegría. Y octavo y último, aunque no menor: ¿saben sobre qué versaron las ponencias del doctor García Sabrido en el último Congreso de cirugía cubana celebrado en La Habana el pasado noviembre? Sorpréndanse: Nuevas terapias para el Cáncer Peritoneal o de Abdomen y Cáncer Colorectal de Etapa IV- -diseminado a otros órganos- Mera casualidad, por supuesto.