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ABC MIÉRCOLES 27 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA APOLOGÍA DEL CONSENSO SE consenso de la Transición que elogió el Rey en Nochebuena no fue, como nos pretenden hacer creer algunos, una especie de artificial gestualidad acomplejada o un mal menor impuesto por el miedo, sino una convicción colectiva de que este país necesitaba un pacto contra los demonios de la sangre y el cainismo. Tampoco resultó una balsa de aceite; por si alguien no se acuerda, fue una época de enorme confrontación, en la que partidos como UCD y el propio PCE fueron demolidos sin piedad, y de no pocas zozobras entre conspiraciones IGNACIO golpistas y ataques del teCAMACHO rrorismo de ETA y GRAPO. Si cuajó el acuerdo constitucional fue por una razón elemental que hoy parece tan incomprensible de puro lejana: existía una profunda certeza de que los proyectos políticos de cada cual no podían construirse contra los del adversario, con voluntad de exclusión, sino que formaban parte de un mapa común, complementario, que la dictadura había destrozado a partir del fracaso republicano. Simplemente se trataba de evitar que volviesen a aparecer los fantasmas de unos españoles contra los otros, la vieja lucha cainita que colapsaba el progreso nacional. En esa transición que hoy desprecia una parte de la izquierda- -no toda, porque muchos socialistas sensatos desconfían de la actual deriva rupturista- un pacto como el del Tinell habría resultado incomprensible, y se hubiese entendido como una maniobra contra el espíritu de la reconciliación, que consistía justamente en todo lo contrario: en que cualquiera pudiese pactar con quien fuese. Fraga y Carrillo, juntos en el Club Siglo XXI: ésa era la clave. El pasado no quedaba en modo alguno olvidado, pero servía como modelo de lo que no había que repetir para zafarse de una vez del lastre de las dos Españas bipolares y enfrentadas. Ahora algunos pretenden que todo aquello fue una suerte de trato vergonzante y perdonavidas entre vencedores y vencidos, forzado por la amenaza de unos poderes nostálgicos de la dictadura. Olvidan que ese pacto liquidó el franquismo, evaporó a los franquistas y permitió dos mayorías absolutas consecutivas del PSOE, que certificaron el tránsito a la normalidad democrática. Este Gobierno, que por cierto está en minoría, se cree llamado a consumar una victoria social impedida por las circunstancias históricas, y basa su proyecto en la exclusión de la derecha, que fue el gran error de la República. El menosprecio con que el zapaterismo trata la Constitución es fruto de ese concepto revisionista que considera la Transición un proceso superado y menosprecia el consenso como una servidumbre forzosa. El Rey ha tenido que recordar que no sólo fue un modo de salir del marasmo histórico, sino una herramienta crucial para construir esta España emergente y próspera. Hasta ahora no se ha encontrado otra fórmula mejor ni con mayor respaldo, por mucho que estos adanes sectarios se consideren capaces de enmendarle la plana a una generación con más talento, más imaginación y, sobre todo, más generosidad. E EL RECUADRO LAS MINISTRAS DEL VENGAYÁ S I Larra viviera, igual que dijo lo de todo el año es Carnaval escribiría que todo el año es Día de los Inocentes. El Gobierno tiene montada una planta de Vengayásque es mucho más importante que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. No para de originar Vengayás: -A la Anatomía de la Danza van a dedicar en el nuevo Bachillerato las mismas horas que a la enseñanza de la Historia. ¡Venga ya! -En Mijas, una maestra ha tirado a la basura el portal de Belén, para que no se mosquee la morisma. ¡Venga ya! -Zapatero, para expresar su profundo luto, fue al entierro de su compañero el pobre Alfonso Perales en Alcalá de los Gazules con una corbata más roja que un semáforo. ¡Venga ya! -Y vengayá para arriba con lo que hace el Fiscal General del Estado, y vengayá para abajo con lo que dejan hacer a los terroristas que llaman izquierda abertzale aquí no salimos del Vengayá. Es la increíble España del Vengayá, goyesca, donde el sueño de la razón enANTONIO gendra monstruos. Todavía no hay un BURGOS Ministerio del Vengayá, pero entra dentro de lo posible que sea creado tras la próxima crisis de Gobierno. Las que sí hay, y a manojitos, son ministras del Vengayá. El Vengayá es como el ministerio sin cartera de estas señoras. Hemos ganado bastante: con el PP en el poder había una sola ministra del Vengayá, que era Celia Villalobos y su hueso del puchero. Ahora tenemos la cuadrilla del arte del Vengayá. Teresa Fernández de la Vega es vicepresidenta del Gobierno y ministra sin cartera del Vengayá, como encargada de anunciarlo profusamente tras el Consejo de Ministros. A lo largo de la semana, otras compañeras del Gobierno se ocupan del Vengayá. Elena Salgado es ministra del Vengayá de Sanidad y Consumo. Magdalena Álvarez, ministra de Fomento del Vengayá, que ha fomentado bastante diciendo que el problema de Air Ma- drid es que como estos viajeros son de otra cultura, ¿qué se puede esperar de ellos? Carmen Calvo es ministra de la Cultura del Vengayá, con Pixie y con Dixie. Pero quizá la ministra del Vengayá que más plus de productividad cobra es Cristina Narbona, medio ministra del Medio Ambiente y ministra entera del Vengayá Completo, entre planes hidrológicos y restricciones de ducha. Algún día tendrán que dar la Gran Cruz del Mérito Civil a las ministras del Vengayá, por los servicios que prestan al Gobierno. Especialmente en la claudicación ante la ETA y en el desmontaje del Estado de Derecho. Cada vez que hay que lanzar una bomba de humo para que no se hable de otra cosa, llaman a una ministra para que salga con un vengayá. Así ha salido ahora Cristina, la niña del crítico y escritor taurino Francisco Narbona. Pásese usted una vida entera defendiendo y dando valor cultural, histórico y literario a la Fiesta de los Toros, señor Narbona, para que le salga una niña como Cristina, con el vengayá de querer hacer las corridas a la portuguesa, sin muerte a estoque. Escriba usted De El Espartero a Jesulín Manolete: 50 años desdesu muerte Sangreen la arena: víctimas deltoro en el siglo XX Juan Belmonte: cumbre y soledades del Pasmo de Triana Ignacio Sánchez Mejías dentro y fuera del ruedo La Maestranza y Sevilla o Rafael el Gallo, vida ajetreada y muchas fantasías del Divino Calvo entre otros muchos importantes libros de taurina materia y crónicas en la revista El Ruedo para que la niña dijera en 2004 que este país debe abandonar poco a poco cualquier espectáculo que sea un acto de crueldad con los animales y ahora se descuelgue con el vengayá de que el toro no debe morir en la plaza. Porqueel bueno dePaco Narbona ya falleció en su casa de Boadilla del Monte, que, si no, al escuchar a la carne de su carne largando fiesta contra la Fiesta, hubiera dicho el clásico ¡qué lástimade hija! Y acto seguido, se hubiera muerto de un vengayá en forma de telele. Cómo será la España del Vengayá, que ¿saben ustedes de lo único de lo que estaba pendiente la gente en el mensaje de Navidad del Rey? Pues de si el Rey salía ante un Papá Noel hortera trepando por la fachada de La Zarzuela o ante un nacimiento: ¡Venga ya!