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ABC DOMINGO 24 s 12 s 2006 Perfil ECONOMÍAyNEGOCIOS 43 Joan Rosell s Presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional El patrón anarcocapitalista Cansado del excesivo protagonismo de la política, Rosell se ha propuesto liderar en su último mandato al frente de la patronal catalana una prospectiva de la Cataluña económica en el horizonte del año 2030 POR JOAN CARLES VALERO BARCELONA. Encarna la traslación humana del nombre de la patronal que preside, como si de una declaración de principios se tratara. Pocos como Joan Rosell (13- 1- 1957) fomentan el trabajo nacional. Un fomento que parte del debate de las ideas por encima de cualquier identidad, impulsado por un trabajador, inasequible al desaliento, que tiene una visión de la economía en la que ningún nacionalismo le impide ver el bosque de la globalización. Ortodoxo del liberalismo y sin embargo heterodoxo en su aplicación, Rosell tiene una cierta tentación anarcoide de la vida. Considera que la aventura, la creatividad y una pizca de visión revolucionaria son factores esenciales de la condición de empresario. Desde que creó a principios de los 80 la Asociación de Jóvenes Empresarios de Cataluña (Ajec) se define como un anarcocapitalista que considera pernicioso cualquier intervencionismo, venga del Estatut o del BOE. Inquieto, cerebral y, por tanto, pragmático, Rosell es paradigma de la formación continua. Aunque le hubiera gustado ser periodista, se formó como ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Barcelona porque su padre le convenció, y como politólogo por la Complutense de Madrid por placer intelectual. El dirigente de la patronal catalana nació con vocación empresarial en el seno de una familia de empresarios jugueteros que acabó dirigiendo. En la gestión empresarial e institucional se siente cómodo, pero aún más entre libros (ha publicado tres) y documentos que redacta con fruición. Es un experto en materia energética, área en la que se interesa desde principios de la década de los 80, lo que le facilitó acceder a la presidencia de Enher y Fecsa y continuar como consejero de Endesa, compañía cuya españolidad defiende. sobre el tópico de la tacañería catalana en la oferta de Gas Natural sobre Endesa. Disgustado por esa crisis, Joan Rosell se marchó de la CEOE para preparar lo que va a ser su último mandato al frente de Fomento Nacional del Trabajo, patronal con más de 300 años de historia que sobrevivió a la guerra civil y que, tras la transición, fue la cuna de la organización empresarial española de la mano del desaparecido Carlos Ferrer Salat. Rosell ha revalidado esta semana el cargo que ocupa desde 1995, cuando sustituyó a Antoni Algueró al morir de un infarto a los pocos meses de acceder a la presidencia de Fomento. Agotado del exceso de debate político que provocó la reforma del Estatut catalán y adalid de la estabilidad, Rosell mantiene buenas relaciones con todo el arco político. Desde Montilla a los republicanos Puigcercós y Huguet, pese a sus malos inicios con ERC. Sus ideas han trascendido su frustrada aspiración a presidir la CEOE, hasta el punto de que el decálogo modernizador preparado desde Fomento, es ahora la hoja de ruta del empresariado español. Ahora, el presidente de la patronal catalana se ha propuesto liderar en los próximos 4 años una prospectiva de las necesidades económicas de Cataluña en el horizonte del año 2030. Rosell considera imprescindible aprovechar el actual ciclo expansivo de nuestra economía para acometer las reformas necesarias para cuando vengan tiempos peores. Aficionado al fútbol, los tres hijos que ha tenido con Elisabeth, su esposa, comparten con su padre la pasión por el deporte, hasta el punto de que el mayor, Johnny, es una clara promesa del motociclismo español. Rosell, que reclama estabilidad al nuevo tripartito catalán, siempre va al grano. De ahí que en los prolegómenos de sus entrevistas periodísticas suele invitar a la primera pregunta con un expresivo: dispare Enrique Serbeto COLONIALISMO ESPAÑOL EN AIR MADRID E Devorador de libros, su condición intelectual, yuxtapuesta a la de empresario, le faculta para actuar por elevación. Esa circunstancia, unida a una fibra aventurera a prueba del riesgo, le animó a trasladar a la CEOE su revolucionaria visión de lo que debe ser una organización empresarial adaptada al siglo XXI. Se atrevió a ser innovador en un entorno hasta entonces excesivamente tranquilo y conservador. Lo hizo por convencimiento. Entre otras razones, porque considera que todo empresario de raza busca un nuevo produzco, un nuevo servicio, más competitivo, con buena aceptación y sin miedo al riesgo. Pero no lo logró y reivindica el derecho a equivocarse como antídoto al paralizante miedo al fracaso y a intentarlo cuantas veces sean necesarias. Todo ello desde sus irrenunciables objetivos vita- les: el éxito empresarial y aportar al debate de las ideas una visión muy liberal de la vida y de la economía. El plan de reforma elaborado a petición de la propia CEOE, unido a su imagen de moderación, juventud y modernidad, no estuvo acompañado de un entorno favorable para sus aspiraciones. La formación del tripartito en Cataluña y los sucesivos terremotos polícos que provocó, la crispación política derivada del Estatut, la opa de Gas Natural sobre Endesa y hasta la obtención del título de Liga por parte del Barça, acabaron también por pasarle factura. A la vista de los insuficientes apoyos cosechados, optó por tirar la toalla sin llegar a entrar en liza electoral con el todopoderoso Cuevas, que dio la puntilla a su rival con unas desafortunadas declaraciones n cuestión de días, una cosa tan natural como la niebla ha organizado un caos en el los aeropuertos de Londres, que ha dejado los efectos de la crisis de Air Madrid como un episodio de tercera regional. Ya se ve que en estos tiempos no hay ni fronteras ni pasaportes, ¿Qué ha pasado entoncespara que a medida que desaparecen los símbolos artificiales de separación entre las personas, aparecen otros más rígidos que ya no tienen que ver con la geografía? El estudio que acaba de hacer público el Observatorio Europeo contra el racismo desvela que los españoles se entienden cada vez peor con los musulmanes y que a su vez los emigrantes (musulmanes) de segunda generación en toda Europa se sienten también más discriminados y rechazados por las sociedades en las que han nacido. Lo políticamente correcto nos ha llevado a redactar lo que en Francia se ha llamado una versión halal de nuestra propia historia, en la que nos declaramos culpables de todo lo que ha pasado en el mundo. Culpables preventivos, quiero decir, porque aceptamos la responsabilidad pasada, presente y futura, para gran alivio de los dictadores y reyezuelos de los países de donde parten desesperados los que no encuentran allí ni el respeto ni las oportunidades que vienen buscando entre nosotros. ¿Cómo puede ser que aquellos que han nacido entre nosotros acaben odiando a sus nuevas sociedades hasta llegar a ponerles bombas? Muy sencillo, porque nadie les ha ayudado- -ni a sus padres ni a ellos- -a sentirse miembros de esas sociedades de acogida, sino que siempre hemos preferido alentarle s a que cultivasen su identidad original. Y cuando nos preguntan a nosotros, somos los primeros en explicarles esa versión autoflagelante de nuestras propias sociedades. Si no creemos ni nosotros en ello, ¿cómo podríamos convencerles de que lo mejor que pueden hacer es sumarse a nuestro estilo de vida liberal y humanista? Es decir, la culpa de lo de Air Madrid y de la niebla de Lóndres la tiene el colonialismo español, faltaría más.