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16 ESPAÑA La negociación ETA- Gobierno s Análisis DOMINGO 24 s 12 s 2006 ABC pe González, AP se convierte en el Partido Popular y Manuel Fraga designa a José María Aznar como candidato a la presidencia en 1989. El decurso del nuevo liderazgo conservador coincide con la aparición paulatina de casos de grave corrupción en el Gobierno y la irrupción de los GAL en el panorama del terrorismo. Los buenos resultados del PP en 1989 y 1993 quedaron lejos de lograr la alternativa pero el tono de la oposición y la crispación fue en aumento. El váyase, señor González otra de las fórmulas subrayables de las relaciones entre el Ejecutivo y la oposición, fue visto por los socialistas como una campaña de acoso y derribo lo mismo que los centristas reprocharon al PSOE al comienzo de los ochenta. Pacto Antiterrorista Los ex presidentes Calvo Sotelo, Aznar, Suárez y González en La Moncloa en 1997, cuando gobernaba el PP REUTERS Del consenso a la crispación La crisis del Prestige y la guerra de Irak precipitaron un nuevo tipo de oposición, como si siempre aflorara en quienes están en ella la sensación de que sólo la contundencia consigue la alternancia do- -según la leyenda- -Adolfo Suárez podía permitirse la broma de decir a Felipe González, en un sofá de La Moncloa, aquello de que Felipe, tengo un problema: no puedo hablar media hora con cada español. Si pudiese, me votaban todos Una leyenda que incluye el comentario posterior del entonces secretario general del PSOE: Creo que tenía razón Pero más allá de las anécdotas reales o apócrifas, en ese comienzo de la Transición parecía que unos y otros contemplaban el objetivo político del momento como algo compartido y la comunicación, ya fuese para elaborar los Pactos de La Moncloa o la mismísima Constitución, resultaba, con las inevitables triquiñuelas y zancadillas, fluída. El mandato de Adolfo Suárez, con su dramática dimisión el 29 de enero de 1981, poco antes del intento de golpe de Estado del 23- F, terminó con otro signo, ya avanzado desde la moción de censura que Felipe González le presentara en 1980. De aquella época procede la expresión campaña de acoso y derribo contra el presidente del Gobierno que tantas veces se ha utilizado después. La hubo, fuerte y sonada, alcanzando tanto a la verborrea política (Alfonso Guerra se consagró entonces como punzante- -e hiriente- -orador) como a las conspiraciones de todo tipo. La dimisión, para proceder a la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, refleja, por ello, la búsqueda desesperada, en el seno de la UCD, de alguien que no reanimara la crispación que se había despertado entre Gobierno y PSOE. El terrorismo y el modo de combatirlo estaban en aquel momento en plena efervescencia y la dureza de ETA no fue ajena a las motivaciones antidemocráticas de los golpistas, que lo intentaron precisamente el día de la investidura del nuevo presidente. Pero antes, y a pesar del nuevo rumbo que iban tomando las relaciones políticas, la negociación para la disolución de ETA- pm se había llevado a cabo con el asentimiento de los dos principales políticos y la comunicación entre ambos. ción. Y fueron ciertamente muchos. El deterioro electoral del PSOE en los sucesivos comicios no fue excesivo y el presidente González tuvo la tranquilidad suficiente para mantener, en líneas generales, una actitud de cortesía con su principal oponente, Manuel Fraga Iribarne. La alusión de González a que el Estado cabía en la cabeza del líder de la oposición hizo fortuna como símbolo de las relaciones en una época en la que los acuerdos (adhesión de España a la CEE, Nueva Agenda Trasatlántica con Estados Unidos, etc. que las discrepancias, sobre todo teniendo en cuenta que no se veía posible, en el horizonte inmediato, el triunfo de Alianza Popular. También en este primer periodo socialista estuvo presente ETA, como a lo largo de toda esta parte de la historia de España. De un lado, la barbarie terrorista; de otro, las negociaciones de Argel, en las que funcionaron adecuadamente el acuerdo y la comunicación entre el Gobierno y la oposición, tanto mientras duraron como cuando se dieron por rotas. Tras el breve liderazgo de Antonio Hernández Mancha en Alianza Popular, del que queda en la memoria la fallida moción de censura contra Feli- Germán Yanke MADRID. Desde el comienzo de la Transición, las relaciones entre el Gobierno y el principal partido de la oposición han tenido, como es lógico, momentos dulces y periodos de grave tensión, algunos de estos últimos consecuencia de la importancia de los temas a debate y otros derivados de la aceleración de las estrategias políticas de uso y otros. Sin embargo, seguramente se puede afirmar que la crispación y la falta de comunicación actual entre el Gobierno del PSOE y el PP, o entre el presidente Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy alcanza actualmente, más allá de la aparición coyuntural de palabras gruesas a lo largo de estos tres decenios, las más altas cotas. Acentúa la gravedad enfrentar en esas condiciones temas tan trascendentes como la lucha contra el terrorismo de ETA, materia fundamental del encuentro del pasado viernes entre los dos líderes. Todo comenzó con el clima de consenso de la época, cuan- Clima de acuerdo Fue breve la Presidencia de Calvo Sotelo y supuso, además, un periodo dominado por el acuerdo general tras el intento de golpe de Estado, salvo el fallido debate sobre la incorporación de España a la OTAN, y el convencimiento de que se estaba a las puertas de un cambio político- -ése fue precisamente el lema de la campaña socialista- -que llegó en 1982 con el triunfo electoral del PSOE. Fue un triunfo arrollador y, además de la sensible diferencia de votos respecto al segundo partido (Coalición Popular, tras el descalabro de la UCD) la llegada de los socialistas al poder dio paso a una amplia corriente de opinión y simpatía, como si fuese el momento de los verdaderos cambios en España, asentada ya la Transi- También en las negociaciones de Argel funcionaron el acuerdo y la comunicación entre Gobierno y oposición Tras el triunfo de Aznar en 1996, la crisis de un PSOE desacostumbrado a la oposición. La tregua de ETA y el encuentro con la banda en Zurich fue también otro episodio, en la lucha contra el terrorismo, de adecuado entendimiento entre PP y PSOE, más allá de las discrepancias puntuales. No faltó la información constante. Y cuando José Luis Rodríguez Zapatero accedió a la secretaría general del PSOE se dio también un periodo inicial de relaciones balsámicas. A José María Aznar se le endosó en alguna ocasión una actitud condescendiente con el que ya no iba a ser su adversario- -se utilizó el ejemplo de la alternancia entre Cánovas y Sagasta- -y a Rodríguez Zapatero le interesaba una imagen de moderación y realismo que se tradujo en una serie de propuestas de Pactos de Estado entre los que estaba el Pacto Antiterrorista. La crisis del Prestige y la guerra de Irak precipitaron un nuevo tipo de oposición, como si siempre aflorara en quienes están en ella la sensación de que solamente la contundencia consigue la alternancia. Tras las elecciones de 2004, con el precedente trágico de los atentados del 11- M, la crispación ha ido en aumento. Se diría que hay un escenario distinto, compatible con otros momentos de discusión agria o fuerte discrepancia pero de categoría diversa. Subyace, por parte del Gobierno, un intento continuado de apartar al PP. Y por parte de éste una actitud no velada de desprecio al partido gobernante. Seguramente la responsabilidad es mayor en quien ocupó La Moncloa en una circunstancia de gravísima tragedia, pero ahí está, para todos, la falta de entendimiento, de acuerdos elementales, de información mutua precisa, de comunicación. La reunión del pasado viernes es un ejemplo paradigmático.