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4 OPINIÓN DOMINGO 24 s 12 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Director general de Desarrollo: Emilio Ybarra Aznar AFGANISTÁN SE COMPLICA L LOS PRESUPUESTOS MIRAN A CATALUÑA OMO ha sido norma hasta ahora durante la legislatura, el Gobierno deJoséLuis Rodríguez Zapateroha conseguido sacar adelante sus terceros Presupuestos Generales delEstado sin aparentedificultad. Otravez han quedado en agua de borrajas las iniciales amenazas de veto con las que recurrentemente empiezan cada curso político los partidos cómplices del Gobierno en la estrategia de aislamiento del PP en el Congreso. Sea producto del mérito negociador del Ejecutivo, sea consecuencia del chantaje contable al que partidos como CiU, ERC, IU- ICV o PNV ya han acostumbrado a las formaciones mayoritarias, lo cierto es que una vez más el Ejecutivo ha salido airoso de la tramitación de la más relevante ley del año. El PP y la única diputada de Eusko Alkartasuna han rechazado de plano las cuentas públicas finalmente aprobadas; los demás partidos del arco parlamentario, encabezados por el PSOE, han apoyado en mayor o menor medida el grueso de los Presupuestos, sin duda a cambio de inversiones para sus respectivas regiones de origen. Independientemente de que 2007 acoja una importante cita electoral, se trata de unos presupuestos expansivos. A día de hoy, el Gobierno prevé un crecimiento en 2007 del 3,4 por ciento, unacifraquepermitealEstadorecaudar másdinerovíaimpuestos y, a su vez, disponer de más recursos para el gasto público y derivar otra parte hacia el ahorro. El vicepresidente económico, Pedro Solbes, sostiene por un lado que el gasto público crece al mismo nivel que la economía española y, por otro, que las cuentas públicas arrojarán un superávit del 1 por ciento del PIB en lugar del 0,7 por ciento calculado previamente. Son cifras que reflejan un notable grado de robustez económica pero que, sin embargo, implican un riesgo cierto: el de estar asumiendo un compromiso de gasto público acorde con los tiempos de bonanza económica que, por el contrario y en un eventual futuro de vacas flacas, pueda llegar a resultar difícilmente asumible para las arcas del Estado. Frente al discurso del Gobierno basado en que las cuentas están orientadas hacia la estabilidad presupuestaria, el aumento delaproductividady lamejoradelas prestaciones mínimas, el PP opone que no se reducen las tensiones inflacionistas, que el gasto público crecerá muy por encima del PIB nominal y que unas cuentas saneadas exigen un superávit del 3 por C cientoanual. Perosobrecualquierinterpretación, hay una evidencia: el Gobierno permanece encadenado a una selva de compromisos bilaterales con partidos nacionalistas- -como adujo el PP- que alimentan de manera peligrosa los agravios comparativos entre las distintas Comunidades autónomas. Comprometer, como hacen los Presupuestos por imperativo del nuevo Estatuto catalán, miles de millones de euros en nuevas infraestructuras para Cataluña durante siete años, independientemente de cuáles vayan a ser las necesidades reales de las demás Comunidades en ese tiempo, es sencillamente una aberración a la que el Gobierno de Zapatero no ha sabido o queridoponer coto. Sóloen 2007 Cataluñarecibirá como consecuencia del nuevo Estatuto un plus de 3.195 millones de euros, cifra que todavía ERC ó CiU consideran insuficiente. El PSOE podrá negar cuantas veces quiera la existencia de ese agravio comparativo o que Cataluña vaya a ser la gran protegida del Gobierno de Zapatero en estas cuentas. Pero incurre en una contradicción. La propia debilidad argumental del PSOE delata su doble vara de medir cuando, por un lado, niega al PP estar favoreciendo a unas autonomías en detrimento de otras por su color político; y, por otro, los socialistas reprochan a CiU sus actuales reservas a respaldar los presupuestos tras haber votado durante ocho años unas cuentas públicas del P, que no contemplaban ni la cuarta parte de la inversión para Cataluña en comparación con la aprobada ahora. No resulta coherente que el PSOE defienda un argumento ante el PP y su contrario ante CiU. Y menos, que además eche en cara a otros partidos su débil memoria a la vista de que Zapatero, siendo líder de la oposición, adujo en contra de los Presupuestos presentados por el PP que un Gobierno socialista presidido por él no cerraría unas cuentas con superávit porque siempre habría necesidades sociales que atender. Hoy, que presume de proyectar un superávit del 1 por ciento, parece claro que Zapatero sólo ensayaba simplistas ejercicios de demagogia. Pero, por suerte para todos, hace bien en rectificar. De lo que no podrá convencer ya a nadie es de que los Presupuestos Generales del Estado no están- -ahora y en el futuro- -hipotecados por las reformas estatutarias que, como en Cataluña, han visto la luz gracias a su irresponsabilidad negociadora. LA NAVIDAD DE SIEMPRE SPAÑA es una nación multisecular, producto de una fecunda historia y de las costumbres y tradiciones arraigadas en la vida social y personificadas en la familia como núcleo esencial sobre el que aquéllas se asientan. La celebración de la Navidad y sus hondas raíces cristianas son sin duda una de esas señas de identidad colectiva. Los belenes la misa del Gallo los villancicos y otras hermosas formas de recordar el nacimiento de Cristo son buena prueba de que una sociedad es una realidad viva y dinámica que no puede ser moldeada según la voluntad de los gobernantes. Por eso mismo, el concepto de laicismo sectario y excluyente que pretende instaurar la izquierda radical- -incluidos algunos sectores del PSOE- -está llamado al fracaso. Sobre todo, porque no sintoniza con la voluntad mayoritaria de los ciudadanos ni respeta el sentido de las instituciones forjadas a lo largo de muchas vivencias comunes. La propia Constitución reconoce la realidad histórica y sociológica al mencionar de forma específica en el artículo 16 a la Iglesia católica, exigiendo a los poderes públicos que mantengan con ella unas relaciones específicas de cooperación. El laicismo, por tanto, tampoco cabe en el ordenamiento jurídico vigente. Sin perjuicio de la li- E bertad de conciencia y de la igualdad de todos ante la ley, sería absurdo ignorar que el arraigo del catolicismo en España no puede equipararse con el de ninguna otra confesión religiosa o doctrina filosófica. Por ello han causado sorpresa e irritación ciertos episodios, cuyo valor es algo más que anecdótico, en los que se pretendía eliminar de algunas escuelas el significado cristiano de la Navidad en nombre de un falso respeto a otras convicciones morales. La Navidad es también la fiesta familiar por excelencia, punto de encuentro de varias generaciones que, por las circunstancias de la vida moderna, no siempre conviven de forma continúa en otras épocas del año. Abuelos y nietos, parientes más o menos próximos y personas cercanas a la familia, todos encuentran en estas fiestas navideñas el momento de recordar y renovar esos afectos profundos. Las navidades de siempre, con la familia y con las tradiciones son el mejor reflejo de una forma de ser que no puede alterarse por la imposición artificial de ideologías abstractas. Se equivocan al no reparar en ello los redactores del reciente documento socialista que pretende generalizar una visión laicista del Estado, de espaldas a la Constitución y, como cualquiera puede comprobar en estos días, a la realidad social. A situación de inseguridad de los soldados españoles desplegados en Afganistán es muy superior a la que reconoceelGobierno yestáprovocandoel descontento de las tropas que participan en el contingente. Según la información que hoy publica ABC, los militares denuncian que no se dan a conocer los ataques quesufren sus helicópteros. También ponen de manifiesto que su misión en Afganistán ya está siendo más de combatequede reconstrucción, a pesar de que éste sea el objetivo oficial del despliegue y la razón por la que el Gobierno se ha negado reiteradamente a aceptar la petición de la OTAN de trasladar tropas españolas a zonas de guerra contra los terroristas talibanes. Aunque a priori de menor riesgo, tampoco la misión de nuestras tropas en el Líbano es en absoluto cómoda: la inestabilidad en la zona puede dificultar en cualquier momento la labor de los soldados españoles. Por ello, cobraba todo el sentido el viaje relámpago al Líbano que Moncloa había diseñado para Zapatero con el fin de escenificar su cercanía a las tropas y felicitarles la Navidad. Un viaje frustrado a última hora y que Zapatero delegó en exclusiva en el ministroAlonso, nueva muestra de su desapego por los viajes al exterior. Es comprensible que el Ministerio de Defensa no quiera crear alarmismo ni en la opinión pública ni entre las familias de los militares- -especialmente los destinados en Afganistán- que de todas formas, y como es lógico, conocen de primera mano la situación real de riesgo de sus hijos y hermanos. Pero tampoco resulta admisible que tras esa actitud de prudencia se refugie una política de opacidad o, como mínimo, suavización informativa que, al final, resulta contraproducente porque la realidad en aquel país es inocultable. En estos meses, las tropas ya han sufrido ataques directos que se han saldado con la muerte de un soldado el pasado julio. El apoyo político del Gobierno a estas misiones en el extranjero no puede hacerse a costa de desfigurar los riesgos que entrañan. Así tampoco se atrae el apoyo ciudadano. Es posible que el pacifismo a ultranza que impregna todo el discurso del presidente del Gobierno resulte incompatible con el hecho de que nuestras tropas corran riesgos ciertos en Afganistán y el Líbano. Quizá se pretenda también trasladar a la opinión pública el cuento de que las misiones de la ONU son tan benéficas que no implican peligro alguno, a diferencia de otras intervenciones ilegítimas Sin embargo, tanta propaganda acaba teniendo estos problemas de coherencia, que se pagan con desconfianza hacia el Gobierno. España está donde tiene que estar, es decir, con sus aliados atlánticos y la comunidad internacional. El compromiso militar español en estas misiones debe ser entendido como una demostración de nuestro vínculo con las aspiraciones comunes de las democracias- -lucha contra el terrorismo, seguridad colectiva, extensión del sistema democrático- -y no únicamente como un ejercicio de humanitarismo pacifista. Los riesgos que corren nuestros soldados son los propios de enfrentarse a una amenaza armada, terrorista y global. Negar esta realidad y no tomar decisiones consecuentes- -por ejemplo, con dotación de medios adecuados para autodefensa y con una política informativa sincera- -es lo que provoca el desaliento de las tropas y la preocupación de la opinión pública. Y es lo que de ninguna manera merecen nuestro militares.