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S 6 23 12 06 ROSA BELMONTE EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 76 S 6 LOS SÁBADOS DE Tu nombre me sabe a guerra Los niños pasan fascinados de festín en festín navideño, de la función del colegio a la prometedora presencia de los Magos enía que dar la gratificación de navidad a mi portero. El que me dice cariño. Pero tengo un problema, no sé cómo se llama. Y a estas alturas me da vergüenza preguntárselo. No puedes haber estado hablando durante meses con alguien y de pronto preguntarle Oiga ¿y usted cómo se llama? Teniendo en cuenta que no me trato con los vecinos, ésa tampoco puede ser la vía para descubrirlo. He optado por darle los 50 euros con un simple tome Y él me ha contestado con un bonito Dios me la bendiga Lo prefiero a cariño, y además me parece estar en una telenovela colombiana, aunque no voy a darle 50 euros cada vez que lo vea para que me cambie el tratamiento. Pero de lo que yo tenía pensado escribir era de la función. Entre ir a la comida del despacho o ir a una función de Navidad no tengo duda, la función, la función. Es que no sé por qué iba a querer ir a un restaurante con la gente a la que veo sin ganas todos los días. Pese a que, salvo excepciones, suela estar sobria y no lleve gorros de Papá Noel. O cuernos de alce, y por ahí sí que no paso. La función de Carmen, la hija mayor de Julia, resulta mucho más razonable. Es que no es lo mismo que la diadema con cuernos la lleve una señorita de 30 años que un menor de 10 años. Había un gran paquete de atractivos en la obra del colegio. Por lo pronto, Alfredo, a quien conocí en al fiesta de cumpleaños en la peluquería (el que se hizo la maIGNACIO GIL T nicura) hacía de árbol de Navidad, que debe de ser lo más parecido a ir de Carmen Miranda que había en el Belén viviente. Es el gancho que ha utilizado Julia para convencerme de que la diversión estaba asegurada. Me decía que era el más contento con su cometido porque lleva más adornos que nadie. Además, quería verle la cara a la Virgen María, el papel más deseado por todas las niñas. Está claro que las niñas siguen queriendo ser princesas. Y también vírgenes. Según me ha contado Carmen, ha habido una lucha encarnizada por hacerse con el personaje. Bueno, ella no ha dicho eso, sólo que qué rabia, que otra vez no había podido conseguir el papel y que otra vez de pastora. Niñas de ocho años deseando ser la Virgen y odiando vagamente a la elegida. Siempre es la misma: una tal Raquel Montesdeoca, rubia y de ojos azules. Supongo que la directora del casting, la profesora de inglés, debe de creer que la madre de Jesucristo era una inmigrante noruega en Palestina o algo así. De todas maneras, las pastoras, las estrellas y las mulas estaban encantadas porque al final la Virgen, que había estado alardeando de lo mucho que iba a Entre la comida del despacho o la función de Navidad no tengo duda, la función. No sé por qué iba a querer ir a un restaurante con la gente a la que veo sin ganas todos los días tener que estudiar para el papel, era este año una figurante sin frase alguna. El año pasado tampoco es que tuviera que memorizar un tocho. Sólo tenía que dar las gracias cada vez que le hacían un regalo, ja, ja, ja, ja, ja me decía Carmencita echando la cabeza hacia atrás como una malvada bruja mientras comía. Y cuando se ha enterado de quién era San José casi se muere. Es Juanjo Crespo, un gordo que siempre se está metiendo el dedo en la nariz sigue contándome con el registro de Jane Wyman en Falcon Crest ¿San José es un gordo? pregunto. Sí, es que es el más moreno de la clase me aclara. O sea, que a San José sí se le pide que parezca del lugar. Había que ver la cara de la Virgen, toda enfurruñada con el gordito al lado, al que habían puesto una vara en una mano y una pandereta en la otra para que tuviera las dos ocupadas. Enfurruñada mientras las pastoras, las estrellas y las mulas decían sus líneas. Al final me llevé a la pastora, vestida de pastora, a mi casa con un plan. La aleccioné con la promesa del agotado juego de las Bratz Diamondz para la DS. Cuando entremos y saludemos al portero, le tienes que preguntar cómo se llama Lo hizo y no entendió el nombre, así que el otro explicó que sus padres lo sacaron del casco de los barcos gringos en la costa del Pacífico. Usnavi se llama el tío. Ni Rumpelstenkin me habría causado tal shock. Creo que voy a seguir llamándolo Oiga. O Cariño.