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22 ESPAÑA SÁBADO 23 s 12 s 2006 ABC RELIGIÓN (Viene de la página anterior) en el templo. Así lo cuenta Lucas 2, 21- 38: Cuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron Jesús, nombre que el ángel le había puesto antes que fuera concebido Asimismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, debían purificarse, José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al templo En Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel Simeón tomó en sus brazos al niño y bendijo a Dios y le dijo a María: Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición, a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma Los Apócrifos: la tradición, asumida El Nuevo Testamento apenas ofrece información sobre la simbología navideña. Para Jaime Vázquez, vicedecano de Teología de la Universidad Pontificia de Comillas, es en la literatura apócrifa donde encontramos el material que la tradición ha conservado vivo hasta nuestros días Así, la historia de la cueva aparece en el protoevangelio de Santiago escrito en el siglo II. Encontrando una cueva, la introdujo dentro y, habiendo dejado con ella a sus hijos, se fue a buscar una partera hebrea en la región de Belén Los nombres de los Reyes Magos aparecen por vez primera en el Evangelio armenio de la infancia Y los magos eran tres hermanos: Melkon, el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes En dicho texto también se habla de la estrella de Belén. Así, los magos, después de caminar durante nueve meses llegaron a Belén. Visita de los sabios de Oriente Siguiendo la estrella Sin duda, la adoración de los Magos es, con la Nochebuena, el momento más esperado por niños y adultos. En Mateo 2,1- 12, se encuentra el relato sobre la llegada de los sabios procedentes de Oriente su encuentro con Herodes y las ofrendas al niño Dios. Después que Jesús nació en Belén de Judea, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. ¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? preguntaron. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó. Así que convocó de entre el pueblo a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. En Belén de Judea- -le respondieron- porque esto es lo que Belén de las hermandades de El Amor y El Valle, en Sevilla ha escrito el profeta: Tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de Israel Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró del tiempo en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo: Id e informaos de ese niño y, tan pronto como lo encontréis, avisadme, para que vaya y lo adore Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de alegría. Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron oro, incienso y mirra. Entonces, advertidos en MILLÁN HERCE sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino Matanza de los Inocentes La furia de Herodes Gracias al aviso de los Magos, José y María huyeron a Egipto. Enterado de la burla, Herodes inició la famosa matanza de los inocentes que reflejó Mateo 2, 16- 18: Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los sabios. Entonces se cumplió lo dicho por Jeremías: Se oye un grito en Ramá, llanto y gran lamentación; es Raquel que llora por sus hijos y rechaza el consuelo, porque ya no viven Santiago Aráuz de Robles Escritor LA ENCARNACIÓN erdonen mi impudicia: creo, y sobre todo quiero creer, en la encarnación de Dios. En las religiones, los dioses dan la lluvia o el pan, ayudan a masacrar al enemigo, enseñan el placer del vino, prometen la reencarnación, o entre- P gan el Libro al que ajustar ideas y conductas. En el cristianismo, Dios se introduce en el hombre y acepta sus límites. Quién hizo el tiempo mismo, (se) sujeta al rigor del tiempo se asombra Lope de Vega. ¿Por qué? Inexplicablemente, porque quiere tanto al hombre que se solidariza con él en su esencia, en ser hombre. Lo demás, la vida pública de Dios hombre, su crucifixión, etc... es como dirían en Cataluña, a más, más la Encarnación es el principio de todo, del cristianismo desde luego. Góngora lo subrayaba, al decir que hay más distancia de Dios al hombre, que de hombre a muerte La historia de la En- carnación es tan hermosa- -como realización de un Amor absoluto, y como principio de la definitiva dignidad humana- -que si no fuera fe, debería ser esperanza. Con el dicho italiano, si non e vero... A nivel histórico, la Europa cristiana ha llegado a ser la civilización a imitar. Es un hecho histórico, del que hay que hacer memoria. Europa acuña la democracia, ¿cómo no, si callar a un solo hombre es ya callar la voz de Dios? Precisamente en Europa- -y dentro de Europa, en España, ¿por qué lo silenciaríamos, si estaba reconocido ya por la Sociedad de Naciones? -se crea el derecho internacional, el derecho de gentes En Europa cristaliza la de- claración universal de derechos humanos. Y Europa, dando respuesta anticipada a los retos del siglo XX, promueve el desarrollo económico mediante la libre empresa: lógico, si el hombre es libre y responsable. Con sus defectos, la revolución industrial tuvo su principio en Europa, al igual que el Estado del bienestar. Por eso resulta sorprendente, pueril, suicida, la acción pública contra el cristianismo. De ninguna forma puede ser admisible a nivel individual- -a nadie se le puede quitar desde el poder el sentido de su existencia- y destructivo a nivel colectivo. Hagan un ejercicio de imaginación, y supon- gan la situación actual de AlAndalus y de España, en general, sin el cristianismo: habremos borrado el avance de la civilización desde el siglo XV hasta la actualidad. En el mejor de los casos, suponiendo que no fuésemos un mimo de Irán o Afganistán, andaríamos preparando pateras para llegar a Marruecos, o contratando expertos en pasos fronterizos, hacia Europa. Creo que a todos conviene guardar la memoria de lo que somos y, quien tenga sensibilidad, de agradecer la hermosa realidad o fábula de un Dios que se abandona a la Historia y al hombre, para dignificar al hombre y, con él, la Historia.