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ABC VIERNES 22 s 12 s 2006 VIERNES deESTRENO 97 10 años y 100 películas Roma añora a Marcello Mastroianni, como el cine italiano, que aún busca en los zócalos y basas de las fuentes a alguien que se apoye en ellas como él. Marcello, una vita dolce es una ojeada a su figura eterna, ahora, a los diez años de su muerte E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Hace diez años de la muerte de Marcello Mastroianni y entonces, a propósito del suceso, escribí (cosas que se dicen) algo que aún se sujeta en el papel: El cine italiano, ahora apenas una brizna que se deshace en los dedos de dos o tres francotiradores con puntería, acaba de enterrar diez años de su futuro: cerrado por defunción No quisiera pasar por augur ni agorero o clarividente, pero podría hacerse un repaso a la última década del cine italiano y ver, o jugar a ver, en cuántas películas no está Mastroianni pero debiera, o qué actor ha surgido, nacido o crecido capaz de ponerse aunque sólo sea en uno de los muchos lugares, planos y planes que dejó vacíos. Se murió, por así decirlo, unas cien películas antes de lo debido. Y el caso es que hizo casi doscientas películas, muchas de ellas ciertamente de un tamaño que le hubieran cabido en su alegre bolsillo, y a pesar de ello en apenas diez años de ausencia se ve con claridad que son pocas, que aún hubiera cabido en más. No estaba preparado ni el cine italiano ni el cine en general para la escabullida de este actor, y mucho menos para la que luego, tres o cuatro años después, hiciera Vittorio Gassman. Idos ambos, el asunto ya no puede considerarse una escabullida, sino algo así como el cine italiano en desbandada. Mastroianni- -y también Gassman- -ha sido el cine italiano, ha sido su rostro, su encanto, su estado de ánimo... Todo ello se lo ha ido prestando, primero, a Luchino Visconti, luego a Mario Monicelli (el Mastroianni de Rufufú está en la cima de sus posibilidades, en realidad, como Gassman, Totó o Cardinale en esa película) inmediatamente después a Federico Fellini (Mastroianni es al cine de Fellini lo que la intriga al de Hitchcock, lo que el Monument Valley o John Wayne al de Ford, lo que la gabardina a Bogart, o Bogart al cine negro... La dolce vita Ocho y medio Ginger y Fred Aun parado en este punto, Mastroianni sería ya media historia del cine italiano; pero es que nos faltaría la otra media: Pietro Germi, Ferreri, Dino Risi, Ettore Scola, Marco Bellocchio, los hermanos Taviani... Y aún dicho eso, nos quedarían grandes cosas por decir, como Nikita Mijalkov y Ojos negros donde rebasó con creces sus propios límites como actor, o el Mastroianni de dos de sus últimas películas, la de Roberto Faenza Sostiene Pereira en la que se cargaba sobre sus hombros el gran personaje de Antonio Tabucchi hasta contenerlo por completo, y la última que hizo, Tres vidas y una sola muerte donde ennoblecía y humanizaba el cine de Raoul Ruiz (y exactamente lo mismo podría decirse de la película de Manoel de Oliveira, Viaje al principio del mundo también la última de Mastroianni y también ennoblecida y humanizada por él) En la misma línea de muerte, posó en un documental para su última mujer, Ana Maria Tatò Mi ricordo, sì io mi ricordo y dejó allí la imagen acabada pero eterna de un Casanova vividor, canalla y fascinante que se moría porque no le quedaba otro remedio. Marcello Mastroianni- -y también Vittorio Gassman- -ha sido el cine italiano, ha sido su rostro, su encanto, su estado de ánimo... Un cartel con la imagen de Marcello Mastroianni en la Casa del Cine de Roma, donde se le rinde homenaje AFP TO BE CONTINUED Toni García EL NOBLE ARTE DE LA ENTREVISTA H Los peores entrevistados han sido Anthony Hopkins, Denzel Washington y Catherine Zeta- Jones ace unos cuantos años se presentó en el festival de Venecia ese artefacto de Harrison Ford llamado K- 19 sobre un submarino ruso y sus vicisitudes. Allí acudí a mi entrevista con Liam Neeson, un actor fantástico, que aquel día estaba un poco disgustado con las reacciones de la prensa ante la película (que básicamente era mala) Me tocó hacer la entrevista con cinco periodistas rusos. Las preguntas eran tal que así: ¿Le gustó hacer de ruso? ¿Habla usted ruso? ¿Ha estado en Rusia? ¿Tiene parientes rusos? etcétera. Cuando intenté preguntar por Gangs of New York el buen Liam me contestó que él estaba allí para hablar de K- 19 y no de ninguna otra película. Después de aquella entrevista fui a ahogar mis penas en sgropino (una deliciosa mezcla de vodka y sorbete de limón) pensando que aquélla había sido una de las experiencias más patéticas de mi vida. Así que hoy me he propuesto hacer una lista de las mejores y peores entrevistas deseando que el 2007 me traiga mucho de lo primero y nada de lo segundo. En el primer grupo estarían el simpatiquísimo Clooney en el Cipriani de Venecia (no sólo porque te llevan allí en lancha privada sino porque el hotel es fantástico y el actor es genial) Hayden Christensen- -Star Wars- -en un pequeño hotel de Covent Garden delante de una chimenea (un tipo simpático que no sabía la que se le venía encima) Juliane Moore en Munich (hiperprofesional- -y con su marido tra- yéndonos café- y por último Todd Haynes en un jardín del hotel Excelsior (otra vez en Venecia) porque presentaba Lejos del cielo y los periodistas amaban la película, con lo cual se habló de cine, de música y de la vida sin malas caras. Había vino y sol y por momentos pareció que aquello eran unos cuantos amigotes celebrando su reencuentro. Fue sencillamente fabuloso. También me acuerdo de Soffia Coppola, roja como un tomate después de confesarle mi admiración por Lost in translation y de Bill Murray pidiendo un alka- seltzer porque la noche anterior se había bebido el mar Mediterráneo según sus propias palabras. Las peores han tenido como protagonistas a tipos que te miran por encima del hombro, y voy a decir tres nombres: Anthony Hopkins, Denzel Washington y Catherine Zeta- Jones. También hay un tercer tipo de entrevista: la surrealista (como la de Liam Neeson) don- de cuesta aguantarse la risa. La mejor (en mi caso, aunque algunos colegas míos tienen historias que resultan imposibles de creer, aun siendo ciertas) es aquella en que, entrevistando a Philip Seymour Hoffman por La última noche le pregunté por lo que en aquel entonces era un proyecto que se llamaba Truman Capote en Kansas Me acompañaba en aquella entrevista un periodista austríaco que hizo dos preguntas después de la mía: Quién es Truman Capote fue la primera. Y cuando parecía que no podía empeorar repreguntó: ¿Va usted a encontrarse con él para preparar el papel? Hoffman le miró y dijo: no Y el buen austríaco remató la jugada con un delicioso: ¿Por qué? La respuesta del actor la considero digna de un genio: Por dos cosas: primero, porque está muerto. Y segundo, porque cuando se murió yo tenía 16 años y aún no sabía si aceptaría hacer el papel Grande, ¿no?