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66 AGENDA VIERNES 22 s 12 s 2006 ABC Ana Rosa Carazo Catedrática de Lengua y Literatura españolas BELENICIDIO P Ahí tenéis a Mohamed, a Mansur, a Zaida, a Walid, que no saben ni les importa lo que quiere decir Navidad ni Belén ni Niño Dios. Así que animaos, porque desde ahora estos días se van a llamar fiestas del solsticio de invierno ERMÍTASEME el neologismo porque no se me ocurre otra designación para el hecho de tirar el belén a la basura: en este caso a la cesta de los papeles inservibles, o papelera, revuelto con las bolas de papel de platilla de los bocadillos de los muchachos, los recortes de los trabajos manuales y los desechos variopintos de un aula. Surgido de las manos de los alumnos, tal vez con ilusionada creatividad, tal vez con toques de ingenuidad y anacronismo, tal vez falto de gracia por esas manos torpes e inexpertas que lo conformaron, el modesto nacimiento, el humilde montaje de los niños al que otras manos feroces, fanáticas, furibundas, furtivas, frenéticas y, ay, femeninas e iconoclastas arrasaron sin piedad y sin contemplaciones. No sólo hubo Herodes que mandaron cortar las cabezas de los recién nacidos por puro miedo. También hay Herodías que, por miedo o sumisión servil, cercenan con encarnizamiento inocentes alegrías como cantar villancicos ante su belén a un grupo de escolares. ¿Dónde quedó la obsesiva preocupación por los terribles traumas que se pueden perpetrar contra los niños en tan tierna edad? ¿Dónde ese temor, cargado de celo, ante una irreparable frustración infantil? Las diligentes manos que arrojaron el belencico al cesto de los papeles no se detuvieron un instante a arrojaron a la ignominia las figuritas torpes e ingenuas, el falso musgo, el río de platilla, las pedrezuelas desvalidas se agitan en el aire desilusionado del aula atropellada. considerar que aquella cosa nefanda era obra de unos chiquillos vulnerables. ¿No le inquietó imaginar los ojos decepcionados e interrogantes, tal vez acusadores, que la iban a juzgar a la mañana siguiente? Porque se sabe que la fechoría fue perpetrada con nocturnidad y alevosía. Pero no importaba. Yaestabapreparadoelreme- dio. Los niños se conforman fácilmente siempre que se ofrezca una alternativa brillante que pueda eclipsar o borrar esos traumas tan cacareados, que en algunos casos, éste por ejemplo, no son para tanto. ¿Que dónde está vuestro belén? Pues ya lo veis. No he tenido más remedio que tirarlo. No conviene exhibir signos, símbolos u objetos que manifiesten vuestra fe cristiana. Porque hay que respetar las creen- cias de algunos compañeros. Ahí tenéis a Mohamed, a Mansur, a Zaida, a Walid, que no saben ni les importa lo que quiere decir Navidad ni Belén ni Niño Dios. Así que animaos, porque desde ahora estos días se van a llamar fiestas del solsticio de invierno. ¿No os parece un nombre precioso, un nombre más sonoro y bonito que ese tan soso de Navidad? Venga, alegrad esas caras, olvidaos de esas mamarrachadas que habíais hecho, porque, la verdad, es que de artistas tenéis más bien poco, y ayudadme a colgar estas banderolas y a colocar estas pegatinas que parecen soles de verdad, y este póster que yo misma he hecho para vosotros: El Sol, fuente de vida y de calor. Padre Sol, calienta nuestro invierno en tu solsticio. ¿Y ya no hay Navidad? ¿Qué es un solsticio? Las manos que de esa fiesta que puede ofender a nuestros compañeros y mirad qué sol tan hermoso entra por las ventanas. Vamos a disfrutar del solsticio, que es... que es... ¿Y los villancicos? Queremos cantar nuestros villancicos. Aún se pueden oír murmullos porfiados e inoportunos. Bueno, pero vamos a cambiar un poquito las letras. Esas que sabéis están anticuadas, obsoletas y muy vistas. A ver... Los chiquillos y chiquillas, las maestras y maestros, todos unidos cantamos canciones al sol de invierno. Que mira cómo beben los peces en el río, que mira cómo brilla el Sol en el solsticio. Beben y beben y vuelven a beber los niños y las niñas también quieren beber Y así... El nacimiento, o belén, sepultado en la papelera, las voces infantiles desacordadas, las miradas perplejas, la directora del coro agitando una imaginaria batuta, y la popular musiquilla del viejo villancico, ultrajada por la novedosa letra, comienza la fiesta que ya no se llama Navidad. Olvidaos José Manuel Cuenca Toribio Catedrático HACE 30 AÑOS acreditados de la historiografía española actual) treinta y cuarenta a la manera de E. Hamilton, Carriazo o Carande; protagonistas en primera persona de la investigación más alquitarada de comedios de la centuria, entonces en plenitud de sus envidiables talentos y dones como Domínguez Ortiz, Bartolomé Bennasar, Sánchez Agesta, Artola Gallego, M. Tuñón de Lara, A. Blanco Freijeiro, J. María Blázquez, Seco Serrano, J. L. Comellas, Jordi Nadal, Pita Andrade, Morales Padrón y un etcétera si no interminable, sí muy, muy prolongado; y, finalmente, jóvenes promesas o realidades en el primer tramo de su refulgente andadura científica, al estilo de Ladero Quesada, Manuel González, Emilio Cabrera, J. F. Rodríguez Neila, J. Antonio Lacomba, Javier Tusell, R. Sánchez Mantero, Bernard Vicent, A. María Calero, C. Martínez Shaw... (y aquí, estos puntos suspensivos podrían aumentarse, sin faltar a la verdad y a la exactitud, pero sí a la constriñente brevedad de un artículo periodístico, hasta incluir casi íntegramente a los cuadros más E Andalucía contó por vez primera con la plataforma historiográfica necesaria para acometer la reconstrucción, veraz y firme, de los principales capítulos de su ayer N efecto: el 14 de diciembre de 1976 tuvo en el teatro Lope de Vega de Sevilla la apertura del I Congreso de Historia de Andalucía, de trayectoria itinerante- -clausurado en Granada, después de una sesión en el Paraninfo del Alma Mater malagueña- pero asentado fundamentalmente en la Universidad de Córdoba, donde se celebraron tres días colmados al tiempo que muy cortos de ponencias y comunicaciones, presididas de ordinario por la excelencia y la novedad. Pues, sin duda, en la historiografía de la mayor región de España y en la toma de conciencia por la generalidad de sus habitantes hubo un antes y un después del acontecimiento que en el plano de la cultura humanística nacional congregara a la fecha a la mayor y, también en buena parte, mejor porción de estudiosos e investigadores, tanto indígenas como foráneos, en las diferentes parcelas del pasado de una región rezumante de historia por sus cuatro costados. Supérstites de la historiografía más acendrada de los años los afanosos organizadores de tan fecundo Congreso se mostraron muy receptivos, como historiadores de raza, a la crucial coyuntura en que España se veía envuelta en el feliz despegue hacia tiempos de convivencia y diálogo plenificantes, y consagraron varias sesiones vespertinas del agotador y stajanovista horario del evento al análisis de la problemática más candente del Mediodía peninsular en dicha tesitura. Bien se entiende que fueron las sesiones más concurridas que en más de una ocasión estuvieron a punto de desbordarse en número de asistentes y participantes en sus vivos diálogos de no ser por la pericia y auctoritas académicas de un Manuel Francisco Clavero Arévalo, que en tal foro veló sus primeras armas al tiempo que recibía el bautismo en el andalucismo militante. Hay, innegable y difícilmente, que embridar los recuerdos de aquellos días mágicos y climatéricos para la formación de una conciencia andaluza sólida y ri- Venturosamente, gurosamente asentada, a fin de no extraviar su evocación por las roderas del intimismo o la memoria personal. Con perspectiva ya adecuada- -el cuarto de siglo es la unidad o cómputo cronológico mínimamente requerido para la exégesis histórica- cabe afirmar- -y así lo han hecho figuras descollantes de nuestro panorama intelectual- -que, desde la publicación de los 12 volúmenes de Actas que recogieron los trabajos del Congreso, Andalucía contó por vez primera con la plataforma historiográfica necesaria para acometer la reconstrucción, veraz y firme, de los principales capítulos de su ayer. Y, a partir de ahí, la búsqueda de sus indiscutibles peculiaridades dentro de la común identidad española, fuera o al margen de la cual todo fue y será ineluctablemente fantasmagorías e imposturas de vuelo corraleño. Mas esta deriva conduce fatalmente a algo muy alejado de lo que, a treinta años de distancia, hoy, en kairós luminoso, conmemoran los andaluces de bien: el comienzo del camino que les condujo a la liberación de alienaciones y mixtificaciones de su ser y auténtico destino.