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ABC JUEVES 21- -12- -2006 83 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo Establecen una relación directa entre flora intestinal y obesidad Científicos norteamericanos afirman que las personas con sobrepeso tienen en su intestino una menor cantidad de bacteriodetes s El hallazgo podrá aplicarse a tratamientos J. M. NIEVES MADRID. Algunos la incluyen entre los peores trastornos de este siglo, un mal capaz de afectar tanto al crecimiento y el desarrollo de los más pequeños como a un sinnúmero de sistemas y funciones del cuerpo humano que van desde la sobrecarga cardíaca a las lesiones de columna o a la capacidad para respirar normalmente. No es para tomárselo a broma. Con la rapidez de una auténtica plaga, la obesidad sigue extendiéndose con extrema rapidez por todo el mundo. Sólo entre los niños, por poner un ejemplo, los casos siguen aumentando a un ritmo de 350.000 nuevos obesos por año en todo el mundo. Entre los varios factores que influyen en la obesidad se añade, para sumarse a los ya conocidos como la dieta o el sedentarismo, la ausencia o la reducción parcial de algunas de las bacterias que forman normalmente nuestra flora intestinal. O por lo menos eso es lo que afirma Peter Turnbaugh, un investigador de la Universidad de Washington en St Louis cuyo trabajo publica hoy la revista Nature Según Turnbaugh y su equipo, las personas obesas tienen en su intestino una composición bacteriana que difiere sensiblemente de la de las personas con un peso considerado como normal. Para ser más exactos, la incidencia de la enfermedad aumenta, según se desprende del estudio, a medida que se reduce el número de bacteriodetes intestinales, una de las dos clases principales (la otra son los firmicutes) de bacterias buenas que, formando la flora intestinal, nos ayudan en el proceso digestivo. Firmicutes y bacteriodetes Firmicutes y bacteriodetes son dos familias dentro del reino Bacteria Y el intestino humano está literalmente dominado por sus miembros, la mayoría de los cuales ejercen, salvo algunas excepciones, una acción beneficiosa para el organismo. Los firmicutes son los más abundantes y dentro de este philum se engloban más de 250 géneros (entre ellos Lactobacillus, Mycoplasma, Bacillus y Clostridium) que muestran entre ellos una gran diversidad. Por ejemplo, las especies del género Clostridium son anaerobias (es decir, que viven sin oxígeno) mientras que los miembros del género Bacillus suelen formar esporas y muchos de ellos necesitan obligatoriamente oxígeno. Muy comunes en la naturaleza, numerosas especies de bacteriodetes están presentes en el tracto intestinal de gran número de animales de sangre caliente, aunque tampoco son raras de encontrar incluso en el agua del mar, y viviendo libres sobre el terreno. El número de bacteriodetes Basándose en un análisis genético de la flora intestinal, los investigadores se dieron cuenta de que si una persona con sobrepeso se ponía a dieta, la proporción de bacteriodetes aumentaba considerablemente. Justo al contrario de lo que sucedía si esa persona volvía a ganar peso. Turnbaugh estudió durante un año la composición bacteriana de la flora intestinal de doce personas obesas, sometidas a dietas de carbohidratos o de grasas. Una posible explicación a este hecho sorprendente fue encontrada por los científicos norteamericanos tras una serie de experimentos con ratones, cuya biología digestiva tiene mucho en común con la de los seres humanos. Turnbaugh y sus colegas descubrieron que las bacterias intestinales de los roedores con sobrepeso extraían una cantidad mayor de energía de los alimentos que tomaban. Lo cual les hacía engordar rápidamente. Y que si se transfería la flora intestinal de ratones con sobrepeso a ratones de peso normal, en el organismo de estos últimos empezaba a aumentar la proporción de materias grasas. Ante estos resultados, los científicos llegaron a la conclu- EPA Capaces de olfatear bajo el agua sión de que, con toda probabilidad, las bacterias que viven en el intestino tienen un papel bien determinado en la regulación del peso corporal. Un papel, además, que es por lo menos igual de importante que el que tienen el sedentarismo o la dieta. Por eso, afirma el estudio, alterar la composición bacteriana de la flora intestinal podría convertirse muy pronto en un arma poderosa en la lucha contra la obesidad. Algunos mamíferos son capaces de olfatear debajo del agua y lo consiguen gracias a la producción de burbujas, revela un estudio publicado en la revista Nature El profesor Kenneth Catania, de la Universidad Vanderbilt de Nashville (Estados Unidos) ha descubierto que algunos animales como el topo de nariz estrellada y la musaraña acuática (en la imagen) tienen esta rara facultad. Los científicos estudiaron durante un año la composición de la flora intestinal de doce personas obesas Al transferir flora intestinal de ratones obesos a otros con peso normal, éstos empezaban a engordar ¿Enfermedad vírica? Sin embargo, antes de que se produzca este adelanto, será necesario aclarar algunas dudas. No queda del todo claro, por ejemplo, si las pequeñas diferencias encontradas entre obesos y no obesos en la forma de aprovechar los alimentos es suficiente para explicar diferencias tan grandes de peso entre individuos. Y tampoco se conoce bien todavía la manera en que este sistema debería regularse para obtener unos resultados tan espectaculares. Habrá, pues, que seguir investigando. Otra de las hipótesis en las que trabaja otro grupo de investigadores es en la posibilidad de que la obesidad sea, en realidad, una enfermedad vírica y, lo que es más, contagiosa. A principios de este año se publicó un estudio que relacionó por primera vez un adenovirus (el AD 37) con el aumento de grasa corporal. Aunque la investigación sólo se hizo con animales, los datos podrían explicar la rápida expansión de esta epidemia global. Más información: http: gordonlab. wustl. edu Publicat ionPDFs 352 LeyPNAS 05. pdf