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ABC JUEVES 21 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL RAYO VATICANO Todo lo que sé de moral y de obligaciones se lo debo al fútbol (Albert Camus) N una célebre foto de Ramón Masats se ve a unos curas jugando al fútbol con sotana en un descampado de Las Vistillas, a finales de los cincuenta; uno de ellos vuela en busca de la pelota en una esforzada palomita de portero. Todo alumno de colegio religioso recuerda estampas parecidas de una educación sentimental forjada a balonazos entre las columnas de un patio de reIGNACIO creo; los frailes se arreCAMACHO mangaban los hábitos en busca de una infancia que acaso nunca pudieron disfrutar en el temprano noviciado, y por encontrarla entre la chiquillería sudorosa aguantaban incluso las patadas tobilleras que buscaban revancha de la disciplina de las aulas. Eso sí, los curas contaban con manifiesta ventaja defensiva: a través de la sotana no había manera de tirarles un caño. Quizá haya visto alguna vez la foto de Masats el cardenal Bertone, flamante número dos de la jerarquía vaticana y tifoso de la Juventus que aspira a promover un equipo titular de la mismísima Santa Sede, fiado quizás en la idea de que, si Santa Teresa encontraba a Dios entre los pucheros, no hay por qué desconfiar de que pueda hallársele entre los balones. Como salesiano, es seguro que el secretario de Estado sabe por experiencia de esos partidillos escolares que forman parte de la memoria juvenil de varias generaciones, y como prelado conoce la válvula evasiva que en la monotonía de los seminarios ha representado siempre el fútbol, con su explícito código camusiano de camaradería y sus participativos lazos de compañerismo y solidaridades. Muchos misioneros han encontrado en este juego el lenguaje universal con que romper barreras de desconfianza y recelo; incluso en el más hostil de los escenarios, el balón socializa los sentimientos, canaliza los rencores y construye por encima de enconos territorios inmediatos de encuentro y empatía. Por de pronto, la idea de Bertone- -en puridad, se trataría de un equipo nacional, con el mismo derecho de participación que Andorra o San Marino, por más que tal realidad histórica y jurídica escueza en ciertos defensores de las naciones sin Estado -se ha abierto paso en los medios de comunicación con el vigor polémico de una encíclica populista, y en ese sentido no hay duda de que se trata de una ocurrencia de eficaces virtudes propagandísticas. Pedirle además propiedades evangelizadoras quizá resulte demasiada exigencia, aunque bien podría ese equipo ejercer, en el mercantilizado mundo del deporte, un cierto apostolado del juego limpio. Porque del futuro Rayo Vaticano, como lo han bautizado ya unos ingeniosos colegas de la prensa digital, cabe esperar un código de conducta más honesto que el de la Juve, cuya devoción profesa el secretario de Estado; disponiendo de hilo directo con san Pedro no será menester, ni quedaría decoroso, que se dedique a corromper árbitros. E AHMADINEYAD, PROBLEMAS L AS elecciones del 15 de diciembre en Irán no favorecen a Mahmud Ahmadineyad ni a su gobierno. No se conoce aún la dimensión de la derrota, pero no parece ligera. Puede ser una advertencia en toda la línea. El resultado no afecta directamente al presidente iraní: no se sometía al voto popular. Pero el escrutinio, aún provisional, manda un mensaje: el respaldo al gobierno retrocede. La reacción oficial tiene algo de ingenua y, al mismo tiempo, de desvergonzada: No nos importa quién sea el ganador, declara un portavoz. Pero naturalmente, el resultado importa al gobierno. ¿Afectará al proyecto nuclear? No es esperable, pero sí a sus plazos. Hay un malestar en la sociedad iraní ante la ineficacia de los llamados Guardianes, burocracia que obstaculiza, por ejemplo, las inversiones en infraestructuras petrolíferas y gasistas, envejecidas y averiadas. Del mismo modo que pone trabas a los movimientos femeninos: Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, cree que serán las iraníes las que consigan la evolución del régimen. En Irán se elegía el día 15, lo saben DARÍO nuestros lectores, a las corporaciones VALCÁRCEL locales (una elección no menospreciada en España: trajeron en 1931 un cambio de régimen) En Teherán, con 15 concejalías en juego, han vencido los reformistas de un lado y los conservadores moderados de otro. Ambos mantenían una tenaz oposición al gobierno. La hermana de Ahmadineyad encabezaba la lista gubernamental: ha tenido un pobre resultado, tres concejales sobre 15. Los conservadores moderados ganan siete puestos, cuatro los reformistas, un independiente. Los resultados de la capital, con deformaciones variables, reflejan las tendencias de la sociedad iraní. Más significativo ha sido el resultado de la elección a la Asamblea de Expertos, integrada por 86 clérigos doctos, elegidos por ocho años. La asamblea debe moderar y en su caso sustituir al poder supremo, el Líder, en este caso el ayatolá Jamenei. En la elección de Teherán, Hachemi Rafsanjani, antiguo presidente, clérigo de mediana jerarquía, se ha impuesto muy por delante de su rival, el ayatolá Mesbah- Yadzi, mentor de Ahmadineyad. Irán mantiene un sistema, ya lo sabemos, en los antípodas de Suiza o Reino Unido. Un sistema de concentración de poder controlado por sacerdotes. Pero el poder no es unívoco: está distribuido en siete diferentes focos. Hay un liderazgo (y un Líder) religioso- nacional; un Parlamento; una Asamblea de Expertos; un Consejo de Guardianes; un segundo Consejo encargado de resolver conflictos entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes... Además de un gobierno cuyo presidente es responsable de hacer guardar la constitución. Y un poder judicial cuya cabeza designa el Líder. El poder iraní tiende a la coherencia, pero no es compacto: la sociedad, como tantas otras, está dividida. El peso del bazar es constante y la burguesía comercial seguirá pesando. En Irán ha habido revoluciones, matanzas, conflictos... Pero eso no significa que Ahmadineyad, él solo, decida. El presidente iraní es un poder vigilado, sometido al voto. ¿Distinto a Suiza? Evidentemente. Creemos que nuestras fichas deben buscar la claridad: no debe mancharlas la propaganda, a veces pagada por la extrema derecha israelí, casi siempre pedestre, empeñada en pintar a un Ahmadineyad con poderes omnímodos. El sistema tiende, simultáneamente, a consolidarse y a perder coherencia en estos años, 27 ya, desde la instauración de la república islámica. El ritmo de la evolución iraní es imprevisible. La amenaza del presidente Bush es remota, pero no inviable. ¿Hay que dejar un margen a la intervención militar? ¿Conviene aceptar la posibilidad peor? El realismo lo aconseja. En el seminario organizado el mes pasado por Federico Ysart en la Fundación Marcelino Botín, escuchábamos a un asesor del gobierno chino. Nos preocupa, decía, el desacuerdo entre Pakistán e India. Pero nos desasosiega sobre todo el enfrentamiento ininterrumpido, desde 1948, entre israelíes y palestinos. Y añadió: es esa guerra, latente o explícita, la que ha infectado al mundo, no sólo árabe, durante 58 años. Así lo vemos desde Pekín, como lo ven ustedes desde Madrid.