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4 OPINIÓN JUEVES 21 s 12 s 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro Director general: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar UNA ALIANZA DE CIVILIZADOS FRENTE A IRÁN S ZAPATERO SE AFERRA AL PROCESO D ESDE el momento en que el Gobierno afirma que no hay información relevante sobre el proceso de negociación con ETA, la posibilidad de que uno y otra hayan mantenido un encuentro oficial o meramente técnico no aporta datos nuevos, porque no se ha producido lo que realmente interesa: la decisión por parte de ETA de renunciar incondicionalmente a la violencia, entregando sus armas y disolviéndose. Rajoy anunció, desde que se dio a conocer el alto el fuego, que sólo apoyaría un contacto con ETA para comprobar si esta organización terrorista ha decidido abandonar las armas. No hay motivo para que el líder del PP cambie de criterio de cara a su encuentro con Rodríguez Zapatero mañana en La Moncloa. En todo caso, esa actitud de claridad y firmeza se ve ratificada ante la confusión que el Gobierno ha generado desde el principio sobre teóricas líneas rojas, condiciones previas volátiles y objetivos finales no conocidos de la negociación con ETA. Rajoy debe blindarse frente a este despropósito y mantener su discurso en las mismas coordenadas que ha venido defendiendo. Si el Gobierno se reúne o no con ETA se sabrá antes o después, pero lo que importa es que esa reunión, cuando se produzca, respete la condición mínima que dicta el sentido común y la dignidad del Estado, es decir, sin violencia terrorista de ninguna clase; y lo que importa también es que en esa hipotética reunión quede claro que el fin del terrorismo es incondicional y que exigirá de los etarras actos inequívocos, como la entrega de armas, de la disolución de la organización terrorista y la puesta de los etarras a disposición judicial. Sin la más mínima contrapartida política. Como no se dan las condiciones para mantener ese primer contacto con ETA con violencia, el proceso no avanza dijo la vicepresidenta primera del Gobierno) si se ha producido, es un nuevo error del Gobierno. Hay violencia terrorista en las calles del País Vasco, sigue la extorsión, la izquierda proetarra aumenta su desafío al Estado de Derecho y ETA se reafirma tanto en sus objetivos tradicionales- -autodeterminación y Navarra- -como en su disposición a utilizar la lucha armada es decir, el terror para conse- guirlos si no los alcanza mediante la negociación política con el Gobierno. El encañonamiento de una pareja de gendarmes por parte de dos etarras, ayer en Francia, y el posterior secuestro de una conductora para facilitar la huida de los terroristas, es el contrapunto a la ausencia de información relevante sobre el proceso, porque demuestra que la información que se conoce es la de una ETA cuyos actos inequívocos confirman que no renuncia ni va a renunciar a la violencia. Cuestión distinta de la trascendencia de que haya habido o no un encuentro con ETA es la valoración que merece el Gobierno por no tener el respeto debido a la opinión pública española y eludir la confirmación o el desmentido explícito de si ese encuentro se ha producido. La discreción en democracia exige confianza en el Gobierno y, en este momento, la mayoría de los españoles no se fía de lo que les dice el Ejecutivo socialista, después de que éste hubiera estado negando durante meses los contactos con Batasuna y la propia ETA, previos al alto el fuego de 22 de marzo pasado. No es de recibo que el Gobierno pase por encima de una información que lo sitúa en una reunión con una organización terrorista y la despache con llamamientos a la discreción, que más parece una venda en los ojos. La polémica sobre este supuesto primer encuentro ETA- Gobierno enturbia la reunión de mañana entre Rajoy y Zapatero, pero consolida la posición del primero para demandar del jefe del Ejecutivo información y lealtad, no sólo con el PP, sino principalmente con los ciudadanos, acostumbrados hasta hace no mucho tiempo a que el Gobierno de la Nación tratara con mayor seriedad y rigor los asuntos relacionados con ETA. El discurso del PP sobre los límites del proceso de negociación con los terroristas cobra fuerza ante la imagen de desorden que transmite el Gobierno, obligado a ganar tiempo, lastrado por la larga nómina de portavoces que hablan de los contactos con ETA y por su dependencia respecto de las decisiones que los terroristas puedan tomar en el futuro. Simplemente, basta con decir que no hay nada que negociar ni dialogar con ETA. CANDIDADATO DE CIRCUNSTANCIAS STÁ incómodo Miguel Sebastián en su papel de candidato a la Alcaldía de Madrid. Es cierto que su amigo Rodríguez Zapatero le hizo un regalo envenenado, porque se trataba de sacar las castañas del fuego al PSOE después de un fracaso colectivo- -incluido algún episodio tragicómico- -a la hora de buscar un rival para Ruiz- Gallardón. Ajeno a la maquinaria del partido, hombre de despacho y no de calle, desconocido para la gran mayoría de sus electores potenciales, Sebastián ve cómo pasan los días sin que logre atisbar en el horizonte alguna expectativa razonable. Ese estado de ánimo explica probablemente su negativa a confirmar si seguirá en el Ayuntamiento en caso de perder las elecciones, limitándose a una genérica y poco comprometida referencia a que continuará al servicio de los madrileños. Parece un síntoma de desaliento y no el órdago de alguien que se siente capaz de asumir el desafío. Refleja también una notable falta de perspicacia política, porque los ciudadanos premian siempre a los políticos comprometidos con su causa y dispuestos a luchar por sus ideas. Este tipo de ambigüedades confirma la imagen tecnocrática y poco cálida para el votante que transmite a veces el ex asesor económico de La Moncloa, como es propio de un candidato de circunstancias que da la impresión de estar deseando pasar un mal trago. Es lo que le faltaba para que se reduzcan todavía más sus ya limita- E das expectativas, mientras el voluntarioso Rafael Simancas apura como puede sus posibilidades, aunque se perciba con toda claridad la distancia personal que separa a dos candidatos con un perfil tan diferente. La solidez política de Alberto Ruiz- Gallardón, que sigue obteniendo valoraciones muy positivas en todo tipo de encuestas, le permite contemplar con confianza las elecciones del próximo mayo. Si el objetivo de Zapatero era desafiar al PP en el Ayuntamiento de la capital de España, parece evidente que tendrá que buscar planes alternativos. Sin poner en duda su cualificación técnica y profesional, Sebastián es un ave de paso en el complejo escenario de la política municipal, que requiere una especial sintonía con los ciudadanos y la capacidad de estar siempre en primera línea. Muy al contrario, da la impresión de estar deseando volver al despacho y abandonar la lucha a pie de calle. Al no garantizar que de ningún modo va a dejar a los suyos en la estacada si se confirma su previsible derrota electoral, muchos van a pensar que no cree en el proyecto que defiende y que no está dispuesto a pelear por su puesta en práctica desde el Gobierno o desde la oposición. No es fácil así pedirle a nadie que confíe en sus promesas, y lo más probable es que se cumpla la crónica de un fracaso anunciado- -también en el PSOE- -cuando se desveló su nombre como candidato. I no fuera por la dignidad que se le atribuye como jefe de Estado de un país reconocido por la comunidad internacional y sucesor de una historia milenaria, el presidente iraní, Mahmud Ahmanineyad, merecería que Occidente- -al que él denigra y amenaza en términos tan extemporáneos- -le respondiera con argumentos a la altura de sus delirios. Sus últimos despropósitos verbales han alcanzado tales cotas de insensatez- -anunciando la venida de Jesucristo junto al duodécimo imán chií para castigar a Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña, países cuya desaparición augura- -que hacen temer que se cumplan los peores pronósticos sobre la imposibilidad de llegar a cualquier tipo de entendimiento con su Gobierno. El primer ministro británico, Tony Blair- -que ha efectuado una importante gira por Oriente Próximo y que es partidario de la búsqueda de una aproximación a Teherán y Damasco, siempre que muestren su predisposición a contribuir a la estabilidad de la región- -ha pedido a todos los musulmanes que formen una alianza de moderación frente a la amenaza que representa en las actuales circunstancias la teocracia iraní. Es decir, más que la Alianza de Civilizaciones cuya utilidad en este caso es claramente discutible, Blair ha propuesto una especie de alianza de civilizados frente a la insensatez que desde hace tiempo se viene incubando en Teherán con los siniestros planes de fabricación de armas nucleares en el horizonte. Por desgracia y casi simultáneamente, se ha registrado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un nuevo fracaso en el intento de encontrar un consenso para hacer frente a los planes militaristas de Ahmadineyad. Rusia principalmente, y China en un segundo plano, han frustrado la tentativa de Estados Unidos y los europeos (Francia y Gran Bretaña como miembros permanentes, más Alemania, que interviene activamente en este proceso) a los que acusa de defender sus intereses particulares, como si no hubiera mayor y más universal interés que el de impedir que el régimen iraní desencadene una carrera de armamentos en la región de Oriente Próximo. La comunidad internacional, en efecto, duda todavía, y frente a los que consideran que no hay más remedio que utilizar con contundencia la amenaza de las sanciones, hay quienes creen que esa posición no hará sino reforzar la firmeza del régimen de los ayatolás. El dilema no es en modo alguno baladí, porque la experiencia pueda dar argumentos a unos y a otros. Lo que no es de recibo es anteponer la defensa de intereses egoístas, que parece estar detrás de muchos de los planteamientos apaciguadores. Es fundamental que la comunidad internacional se mantenga unida para impedir que un personaje como Ahmadineyad tenga alguna vez en su poder un arma con la que pueda hacer realidad lo que hoy no son más que amenazas insensatas.