Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
42 ECONOMÍA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 20 s 12 s 2006 ABC Antonio Jiménez- Blanco Catedrático de Derecho Administrativo ¿TENDRÍA ACASO LA OPA DE SCOTTISH POWER QUE SER AUTORIZADA POR LA CNE? L mundo energético español y europeo lleva muchos meses viviendo en la agitación, y no parece que con el período prenavideño vaya a venir la tranquilidad: el último sobresalto ha venido representado por la posibilidad de que la CNE esté albergando la intención de interferirse en la muy celebrada operación de opa de Iberdrola (la matriz de su grupo) sobre la empresa británica Scottish Power, cuyos felices y amistosos términos se conocieron por la opinión pública hace unas cuantas semanas. ¿Dónde estaría el pretexto para ello? Una vez más, en la célebre (a su pesar) Función 14 de los cometidos de la CNE. Es, en efecto, esa potestad de, en atención a un control de solvencia y para mejor garantía de las inversiones necesarias, autorizar (o no hacerlo, o hacerlo con condiciones) determinadas operaciones en las que se puedan ver envueltas, en una u otra forma, las empresas eléctricas: la norma, sí, cuya actual redacción procede del igualmente famoso Real Decreto Ley 4 2006, de 24 de febrero, que tanto entusiasmo despertó y sigue despertando en la Comisión Europea. Los propios juristas de la CNE son los primeros que saben que las interpretaciones extensivas de las normas de restricción (aun si se presentan como meras exégesis teleológicas) no siempre valen E yeron que bajo la extensión de los poderes de la CNE se emboscaba toda una medida proteccionista de las industrias situadas bajo control nacional. Los conflictos jurídicos que de ahí se han derivado han sido muchos, y ahora no hará falta extenderse en su explicación. Pero ahora la situación de nuevo se ha volteado y resulta que es una empresa española la que sale de compras fuera: algo que habría que apoyar o al menos no obstaculizar. Una cosa es no proteger en exceso al nacional y otra bien distinta ponerlo en el punto de mira del rifle. A esto último no obliga ningún mandato del Tratado europeo. El Ellector, aun el más ilustrado en estas materias, hace tiempo que, entre tanto vértigo de noticias, habrá perdido el hilo del asunto. Recordemos algunos hitos históricos. La primera versión del texto proviene del lejanísimo año 1998: el radio material de la potestad de la CNE se ceñía a las operaciones activas y consistía en autorizar las participaciones realizadas por sociedades con actividades que tienen la consideración de reguladas en cualquier sociedad que realice actividades de naturaleza mercantil La práctica administrativa introdujo sentido común en esa amplia previsión, matizando, verbigracia, según cuál fuera el adquirente (si la propia empresa con actividades reguladas o sólo su matriz, u otras participadas de ésta) según el cometido de la entidad adquirida (energético o no) según el territorio de su actividad y, en fin, según la cuantía de la operación: de minimis non curat praetor. La propia norma contribuyó a esa interpretación flexible al puntualizar que sólo podrán denegarse (o condi- cionarse) las autorizaciones como consecuencia de la existencia de riesgos significativos o efectos negativos, directos o indirectos, sobre las actividades reguladas en esta ley Gracias a esa interpretación pragmática y flexible han podido nuestras empresas eléctricas salir fuera de España y expandirse en Europa o en América. Si acaso, las dificultades se las ha puesto, invocando los habituales proteccionismos nacionalistas, el país de acogida. Pero nunca, santo Dios, el de origen, que, si acaso, tendría que aplaudir estas operaciones. La nueva disposición no discriminaba según que el adquirente fuese español o no, pero lo más cierto es que fueron muchos (en Bruselas y no sólo allí) los que intuyeron que bajo la extensión de los poderes de la CNE se emboscaba toda una medida proteccionista de las industrias situadas bajo control nacional empresas fuese no ya sujeto, sino objeto. El tenor de la nueva disposición no discriminaba según que el adquirente fuese español o no, pero lo más cierto es que fueron muchos (en Bruselas y no sólo allí) los que intu- es que esa norma se modificó en febrero de este mismo año 2006 para introducir un supuesto nuevo (e inverso) se trataba de que la CNE tuviese voz igualmente en las operaciones en que una de nuestras Sabido primero de los supuestos de esta cada vez más malhadada Función 14 no se alteró en la sustancia en la reforma de 2006 (fuera de una mención al nada preciso concepto de relación de sujeción especial que tantos quebraderos de cabeza lleva dando desde hace décadas a los juristas alemanes y españoles) Y, de hecho, la CNE no entendió que procediera, blandiendo la necesidad de tutela de los sufridos consumidores españoles, cambiar de política y pasar a restringir la expansión de las empresas españolas en el exterior, y sobre todo en la queridísima Europa del mercado interior. Sin duda que toda norma (sobre todo, si se hizo de la noche a la mañana y quizá para un propósito determinado) resulta susceptible de más de una interpretación, en singular si lo que se quiere es retorcer su texto hasta llegar a un resultado preconcebido. Sin duda también que la exégesis más literal (sólo se controlan las operaciones de empresas con actividades reguladas directas, no sus matrices) puede ser completada a veces con visiones que tengan en cuenta el contexto global de la correspondiente entidad empresarial. Pero los propios juristas de la CNE son los primeros que saben que las interpretaciones extensivas de las normas de restricción (aun si se presentan como meras exégesis teleológicas) no siempre valen. Y, en cualquier caso, si de súbito se quiere cambiar de criterio y pasar a ocuparse (incluso cuando fuera por un procedimiento administrativo sencillo y rápido) de que las empresas españolas no crezcan demasiado (como el padre que quisiera coagular el tiempo y que sus hijos nunca devinieran adultos) resulta desaconsejable elegir para ello este momento. Salvo que vivir en conflicto con las instituciones europeas, por un motivo o por el inverso, haya llegado a generar adicción.