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58 MADRID MARTES 19 s 12 s 2006 ABC AL DÍA Manuel María Meseguer DESMANES N La alegría se desató ayer entre los agraciados que se encontraban en el pabellón que acogió el sorteo DE SAN BERNARDO ¡Muchas gracias por la casa, tío! Sevilla la Nueva acogió un nuevo sorteo del Plan Joven de Vivienda y la ilusión se desbordó, sobre todo porque uno de cada tres candidatos obtuvo una casa. El pabellón se quedó pequeño para tantos vecinos MARIO DÍAZ MADRID. Resulta difícil cuantificar la alegría, pero, ayer, el consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Mariano Zabía, se atrevió a medirla, y en un asunto que conoce a fondo: el Plan Joven de Vivienda regional. Creo que en este sorteo se ha vivido una alegría como en ningún otro municipio destacaba tras adjudicar 87 viviendas adheridas a este Plan en Sevilla la Nueva. No en vano, ayer, se convirtió en una gran fiesta. Su epicentro fue el polideportivo que acogió el sorteo. No era para menos: estaba a rebosar, con unas 350 personas, pocos más de los candidatos a una de las 87 viviendas: 301. Tocaban prácticamente a una casa por cada tres aspirantes, así que las escenas de alegría no se dejaron de suceder, más sabiendo que en una localidad de 7.500 vecinos prácticamente todos se conocen: si alguien no resultó afortunado, sí lo fue su primo o su amigo... Había motivos para abrazarse, besarse y anunciar la suerte a través de llamadas o mensajes de móvil, y vaya si se hizo. Vaya ambiente, de los que estábamos nos ha tocado a la mayoría resumía Camino Labiaga. Esta estudiante de 19 años aún se pellizca por su suerte: se inscribió hace dos meses, cuando su Ayuntamiento anunció por carta a todos los jóvenes que se habían adherido al Plan Joven regional. He vivido aquí y pensé que tendría que irme por los precios tan altos explica. Hasta ayer: su nombre apareció el primero y Camino saltó como un resorte. En unos dos años recibirá un piso en el casco histórico, con 70 metros cuadrados, dos habitaciones, cocina, salón, garaje, trastero y zona común con piscina, por el que pagará 368 mensuales. A los siete años, decidirá si lo compra. Pagarán en total unos 100.000 euros, cuando una vivienda libre en el pueblo cuesta cuatro veces más afirmó el edil de Vivienda de la localidad, Juan Antonio Teresa. El Plan Joven, al detalle Los requisitos. Ser menor de 35 años y contar con unos ingresos anuales que no superen en 5,5 veces el antiguo salario mínimo interprofesional (índice IPREM) Para inscribirse basta con llevar una fotocopia del DNI y con rellenar un formulario que incluye sencillos datos de contacto o del empadronamiento. Para poder optar a un sorteo siempre hay que inscribirse antes del último día del mes anterior a que se celebre. Dónde apuntarse. En la Oficina de la Vivienda (avda. Asturias, 28) y en los registros habilitados en los ayuntamientos de las localidades donde la Comunidad ha firmado convenios. También se puede realizar el proceso a través de internet: entrando en el enlace de la Oficina de Vivienda en la página web www. madrid. org, rellenando el formulario y enviándolo (oficinavivienda madrid. org) Creo que en este sorteo se ha vivido una alegría como en ningún otro municipio sostenía el consejero ¡Me ha tocado la lotería! concluyó Camino, resumiendo el sentir de los 87 agraciados, pero también el de sus familiares, amigos y hasta vecinos. Ruth Muñoz fue otra de estas afortunadas. Profesora de 24 años, se inscribió hace un año al Plan Joven regional, aunque sin suerte hasta ahora. Ayer le llegó y, además, en el sorteo celebrado en su pueblo. Era una buena oportunidad, había pocos inscritos razona. Los 301 que había, además, aspiraban a las 87 viviendas construidas en suelo municipal, mientras que a otras promociones levantadas en terreno regional aspira toda la lista del Plan, que ya alcanza los 180.000 inscritos. La suerte tiene una buena aliada en la probabilidad, y muchos sevillanovenses lo volverán a constatar: el alcalde, Ernesto Téllez, anunció que entregará más suelo para vivienda pública del Plan Joven. El regidor se llevó sus aplausos, vítores que también recibió hasta el director general de Vivienda, Juan Blasco, ameno maestro de ceremonias en los sorteos. ¡Jo, tío, muchas gracias por la casa! le agradeció un joven al que nombró. Que sepan ustedes que he pasado de director general a jo tío bromeó Blasco al instante. umerosos profesionales de éxito han sufrido la destrucción de su imagen y han visto pisotear su carrera, su intimidad y su hacienda por unos famosillos petimetres, expertos en engordar sus bolsillos con la inmunidad que les proporciona la lenta e intrincada maquinaria de la justicia. Con ser detestable, peor suerte corre la imagen de un país (pongamos que hablamos de España) que a su legítima pretensión de que calificativos como confiable, honrado, acogedor y justo sean visibles para cualquiera que pronuncie su nombre se contrapone la torpeza o la mala fe de determinadas compañías a las que se les ha encomendado un servicio público. A principios de los noventa, la llegada a Iberoamérica de empresas estatales españolas estuvo acompañada por una cierta arrogancia de nuevo rico que hirió inútilmente sensibilidades y condujo a que se motejara aquella arriesgada apuesta comercial como la segunda conquista dicho con total acritud. Ahora, la destrucción de la imagen de España ha corrido a cargo de la frivolidad de una empresa de transporte aéreo que en los últimos meses había soliviantado los ánimos de decenas de miles de españoles y extranjeros por unos increíbles retrasos de días, un inédito desprecio hacia el cliente, un contumaz silencio ante las reclamaciones y una absurda sensación de impunidad ante unos desmanes sólo soportables desde la paciencia andina de la mayoría de sus usuarios. Ajenos a la desesperación de sus clientes, los gestores de Air Madrid culminaron el desastre con una suspensión que ha emponzoñado definitivamente las navidades trasatlánticas. Internet, ese termómetro cada vez menos virtual, bulle de frases hirientes contra todo lo que se mueve por la piel de toro. En solo dos meses las 500.000 referencias a la compañía aérea se han multiplicado por cuatro, la mayoría cargadas, como panzas de burro, de insultos y denuestos que cruzan el Atlántico como flechas dirigidas al corazón de nuestra modernidad.