Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
24 ESPAÑA Tribuna abierta MARTES 19 s 12 s 2006 ABC Jorge Moragas Diplomático y diputado del PP por Barcelona ESPAÑA Y CUBA: UNA CUESTIÓN DE CONSENSOS Estoy convencido de que en 2016 los dirigentes políticos de esa Cuba que nos aguarda a la vuelta de la esquina serán democráticos, sí o sí. Entonces, ¿por qué no sembrar hoy el mensaje que estará vivo mañana? H OY el Parlamento español tiene la oportunidad de emitir por fin una señal nítida al mundo de que los españoles deseamos que el pueblo cubano encamine la senda de una transición pacífica a la democracia. Es un deseo político que se proyecta desde el respeto a un pueblo hermano que vive unas circunstancias históricas irrepetibles. Mi grupo ha ofrecido al Gobierno y a todas las fuerzas parlamentarias la oportunidad de construir este consenso español cuando todavía el dictador no ha desaparecido oficialmente de la isla ni de la tierra. El dato del tempo biológico no es menor, ya que las verdaderas amistades a menudo se miden en función del hombro al que uno se arrima en los momentos difíciles. O, lo que es lo mismo, la relación entre las naciones también se tejen sobre la base de las lealtades y las percepciones emocionales, como ocurre en la vida corriente de las personas. Digamos que en este sentido estamos ante una patología universal, ante un patrón de conducta que sirve tanto para lo grande como para lo pequeño, y que nos exige acertar con el registro y el ángulo correcto si queremos contar algo en esta aventura que está a punto de comenzar. años. Estoy convencido de que en 2016 los dirigentes políticos de esa Cuba que nos aguarda a la vuelta de la esquina serán democráticos, sí o sí. Entonces, ¿por qué no sembrar hoy el mensaje que estará vivo mañana? El Partido Popular no se descuelga con esta iniciativa con ninguna ocurrencia, ni con ninguna proposición indecente, y el Gobierno lo sabe. Lo que ocurre es que Rodríguez Zapatero puede tener miedo a retratarse con los principios que todavía dice compartir con todos los demócratas de su país y de más allá. Ya sé que en estos momentos, con la que está cayendo, sería absurdo pretender convertir a Cuba en un eje del debate nacional. Pero reconózcanme que, en cierta medida, Cuba es memoria histórica en estado puro porque arrastra al siglo XXI todos los iconos políticos del XX y los dilemas más duros para la izquierda del presente. Creo sinceramente que esta mirada al espejo no puede ser mala para nadie, ya que tiene la virtud de reflejarnos en el agua turquesa del Caribe la claridad y la coherencia con la que nos manejamos todos los que participamos en el debate nacional. La muerte de Pinochet ha sido una suerte de test en el que cada uno de nosotros nos hemos retratado sobre lo que pensamos acerca de las dictaduras. Serán casualidades de la vida, pero lo cierto es que, a mi entender, lo de la memoria histórica puede actuar también como agente catalizador de esta iniciativa sobre Cuba. Lo que quiero decir, sin pretender salirme demasiado del guión, es que la torpeza de Zapatero de hacer una política nacional del caso del capitán Lozano, ese abuelo que tanto El momento es crucial porque siempre hay que pensar en el futuro. Pensemos por un momento en Cuba dentro de diez Cuba es memoria histórica en estado puro porque arrastra al siglo XXI todos los iconos políticos del XX le marcó y al que desgraciadamente nunca llegó a conocer, puede llegar a tener incluso algunos efectos saludables para determinar la temperatura de hipocresía de cada uno de nosotros. Los que reivindican la lucha democrática contra el franquismo saben lo importante que fue recibir aliento y oxígeno del exterior cuando la dictadura agonizaba y la oportunidad de la democracia se colaba por las rendijas de aquella España en blanco y negro. De lo que se trata hoy es de ofrecer a los demócratas cubanos lo que tanto anhelaban los españoles en el ocaso de nuestra dictadura. No entenderlo así sería tanto como decirnos que lo que hoy se reivindica no es más que un ejercicio de memoria histriónica e histérica, y eso Zapatero tampoco lo puede aceptar. Nuestra propuesta surge de la urgencia que nos ofrece la oportunidad histórica que nos ha tocado vivir. Lejos de pretender dibujar una hoja de ruta de las que proliferan tanto en el multilateralismo efectivo al uso gubernamental, nosotros hacemos una propuesta de consenso pensando en lo que adivinamos sin demasiada perspicacia, que es lo que desean los demócratas cubanos, los españolitos de a pie y los ciudadanos de esa Unión Europea que espera inerme a que Merkel nos devuelva al mundo real. Nuestra propuesta es una moción consecuencia de interpelación urgente al Gobierno, porque sabemos que vivimos en un escenario móvil del que corremos el riesgo de que España quede apeada ridículamente. Y si apelamos al sentido del Estado de Zapatero es porque sabemos que la transición cubana no será fácil ni breve; de hecho, nunca lo han sido, como estamos descubriendo estos días de introspección colectiva con fórceps. Los que reivindican la lucha democrática contra el franquismo saben lo importante que fue recibir aliento y oxígeno del exterior cuando la dictadura agonizaba y la oportunidad de la democracia se colaba por las rendijas de aquella España en blanco y negro to se ofrece a encapsular la cuestión cubana como un consenso singular dentro de un diferendo profundo con la política exterior de Zapatero, no es porque nos haya pegado un subidón de espíritu navideño, sino porque pensamos sobre tres planos muy conectados: el futuro de los cubanos, la imagen de España en ese futuro y el convencimiento de que la transición cubana será asunto que ocupe y preocupe también a un Gobierno del Partido Popular. Es decir, tenemos derecho a pensar en el futuro y por eso actuamos de este modo. Siempre he creído que la política de altura y recorrido consiste también en entender que los pueblos acaban siempre por pasar el testigo. Sielpartidoalquerepresen-