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ABC MARTES 19 s 12 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MINISTRA DE QUEROSENO ODAVÍA deben de quedarle a Manuel Chaves restos de la jaqueca crónica que le produjo Magdalena Álvarezcuando, como consejeraandaluzadeEconomía, no encontraba problemaquenoagravase, solución que no estropease ni charco que no pisara. Iba por la política con una lata de gasolina en la mano, y en cada rescoldo que veía echaba queroseno para convertirloen unahoguera. Todos los conflictos le gustaban, grandes, medianos y pequeños, y si no había ninguno en el horizonte lo creaba ella con esa facilidad tan suya para IGNACIO arremeter a trompadas CAMACHO contra lo divino y lo humano. A Chaves le incendió las cajas de ahorro- -una balsa de aceite desde que se largó ella- le cabreó a los empresarios, le chuleó a los sindicatos, le dividió el Gobierno y hasta le metió en un solemne lío de liderazgo en su propio partido, amén de dejarle plantada la candidatura a la Alcaldía de Málaga. Cuando Zapatero quiso crear un comité de expertos para la oposición, se la envió bien empaquetada y añadió a Carmen Calvo como quien se toma de golpe una caja de aspirinas; lo último que debió de calibrar era que se las iba a encontrar de ministras, para que toda España se enterase de lo que sólo sabíamos los andaluces. En el Gobierno, Magdalena ha perfeccionado ese estilo bronco y camorrista que pone en fuga a sus colaboradores y provoca un jaleo en toda cuestión que necesite algo de mano izquierda, delicadeza o diálogo. Sobre todo si se trata del sector aéreo, en el que la ministra tiene experiencia de escándalos a cuenta de sus viajes gratis- -444, capicúa- -en la extinta Aviaco. Como no hay gresca que le venga mal, ni trifulca que le desagrade, prende la mecha con sumo entusiasmo- ¿negociar ella? -y disfruta con el ruido de las sirenas de los bomberos mientras se encara en jarras con una opinión pública sobresaltada por el alboroto. Eso sí, en cada follón deja un reguero de daños colaterales, viajeros encabritados, gente tirada en los aeropuertos, trabajadores colgados de un hilo, empresarios al borde del colapso cardíaco. Y, porsupuesto, elcréditodelGobierno reducido a cenizas. La culpa nunca es de ella, claro, el infierno son los otros. La crisis de Air Madrid ha vuelto a retratar su manual de estilo. Ha tenido seis meses, desde los primeros indicios, para mandar negociar, buscar salidas, imponer sanciones, reducir el riesgo operativo de la compañía, minimizar el impacto del problema en una clientela inocente que seguía comprando sus pasajes. Ejercer, en una palabra, su responsabilidad de gobierno. Nada. Sólo, de golpe, el puñetazo en la mesa, se van a enterar, lalata dequeroseno en lahogueray sálvese el que pueda de la llamarada final. Nerón era un aprendiz, el pobrecito. Zapatero no parece inmutarse ante los desafueros de su ministra: lo suyo son las mayúsculas, la Alianza de Civilizaciones, el Proceso de Paz, la Memoria Histórica. Quizá cuando las encuestas huelan a chamusquina se digne preguntar quién le está quemando los rastrojos que humean bajo su sillón entre pavesas de indignación ciudadana. T ESTE ES EL AÑO DEL FANTOMATÓN L año 2006 pudo ser del bótox antiarrugas o del polonio 210 liquida- espías. Para Time es el año del tú que descarga vídeos, dirime colectivamente el futuro del software ciber- navega por internet y ejerce el poder más inmenso del planeta al darle instrucciones constantes a las videoconsolas. Ha sido un año con villanos fundamentalistas como Ahmadineyad, el año Helen Mirren, el año Darfur, el año AENA, el año Líbano, el año Rumsfeld, el año Ségolène. Al final pudiera ser el año del fantomatón, el año de Zapatero y el fantomatón. La fábula en nada desmerecerá el éxito popular de Charlie y la fábrica de chocolate Un clásico de la literatura de ciencia- ficción imaginó en los años sesenta un instrumento de realidad virtual llamado fantomatón Para quienes lo usasen el efecto resultaba muy útil y trascendental, porque consistía en rehuir drásticamente la realidad y asentarse al instante en el escenario virtual elegido por el usuario de la máquina. En aquel nuevo mundo la ley constitutiva es una paradoja: con el fantomatón habremos huido de la realidad de la Historia, que a veces nos supera y veja como VALENTÍ seres humanos que somos, para entrar PUIG en una virtualidad en la que lo real no importa, aunque todo lo nuevo no sea sino fruto de una maquinación de la mente humana. En el año 2006, harto de la realidad conflictiva, finita e imperfecta del mundo, el presidente Rodríguez Zapatero ha despegado a bordo de su fantomatón, entrando en la deliciosa versión de la Alianza de Civilizaciones, con un pastel de boda en el que la pareja de novios son una versión restringida de los coros del Ejército ruso con Evo, Erdogan, Mayor Zaragoza y Kofi Annan en el papel de coreógrafo. Para Stanislaw Lem, el escritor que ideó el fantomatón en el ensayo Summa Technologiae el artilugio permite vivir todas las vidas que a uno le apetezca y en cada vida se es lo que se quiere. Su fantomología es la realidad virtual de hoy. En el fantomatón se acabaron los límites mortales para la visión del futuro según Zapatero. Nadie de izquierdas ha E hurtado nunca un libro en El Corte Inglés, como no hay progresistas cleptómanos. Por ejemplo, no hay mejor método a mano para de una vez por todas asumir y preservar que la correcta versión de la historia de España es la que brota de esa libre flotación en el ciberespacio, en lo virtual: al final, sólo existen los buenos, y los malos únicamente son aquella comparsa necesaria para que- -como ocurre con el lobo o el hombre del saco- -los pequeños tengan un miedo de poca monta. En este caso, un invento humano como el fantomatón es de mucha ayuda. Recientemente lo ha constatado Santiago Carrillo, cuyo acceso a la clase turista del fantomatón explica su inmensa ligereza al hablar de historia contemporánea en los últimos meses. Compañera del viaje en el fantomatón es la izquierda catalana, con su proyecto de Memoria Democrática Por gallego, Rajoy cree en las meigas, pero un registrador de la propiedad no puede confiar en los fantomatones. Llamazares se va a perder el viaje, por díscolo. Es desde la perspectiva que da el fantomatón que la deconstrucción de España tiene algún futuro. Solventada la disyuntiva espacio- tiempo, Rodríguez Zapatero lleva meses disfrutando del ciber- panorama buenista que se divisa desde las escotillas del fantomatón. Rigen el humanitarismo laicista y la moral indolora. Así, por arte de encantamiento, ETA es otra cosa, ya más manejable, interlocutora, asequible a una compresión del tiempo que- -porque sí- -deja de lado el dolor y la muerte, elementos estrictamente accidentales de la tragedia humana. Eso hace que todo sea más fluido, acomodable, convertible. Totalitarismo y etnicidad carecen ya de riesgo tan elevado: el fantomatón lo traslada todo a la democracia o a la universalidad, a una profusión colectiva de emocionalismo en positivo. Saltémonos la inseguridad de un mundo real en el que ETA no deja las armas, quema autobuses y prepara in extenso el voto municipal de Herri Batasuna. El problema que se le ve al fantomatón es que allí no cabemos todos juntos, cuarenta y cinco millones de españoles. vpuig abc. es