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ABC LUNES 18 s 12 s 2006 CULTURAyESPECTÁCULOS 77 CLÁSICA ROCK Orquesta y Coro de RTVE Obras de Javier Jacinto, Shostakovich y Holst. Intérpretes: Daniel Hope (violín) Orquesta y Coro de Radio Televisión Española. Directores del coro: Mariano Alfonso. Director musical: George Pehlivanian. Lugar: Teatro Monumental. Madrid The Long Blondes Kate Jackson (voz) Dorian Cox (guitarra) Reenie Holls (bajo) Ema Chaplin (guitarra y teclados) y Screech (batería) Lugar: Sala Moby Dick, Madrid s Fecha: 16 de diciembre Látigos, yunques y planetas ANDRÉS IBÁÑEZ La orquesta de RTVE suena maravillosamente bien bajo la dirección de Pehlivanian. Pehlinian, maestro de sensaciones, director temperamental y complejo que puede transformarse en un kapellmeister preocupado ante todo por la precisión, en una especie de diablo danzarín e instigador de bailes frenéticos, en un mago que traza con las manos desnudas gestos esotéricos en el aire, en una especie de fauno encantado que más que dirigir la música parece escucharla fascinado... Y la orquesta: la evidente entrega de los profesores, la maravilla de las contribuciones solistas, la pura, pelúcida belleza del sonido, claridad y pasión de una de nuestras mejores orquestas. Estreno de la Sinfonía breve de Javier Jacinto (1968) que hace una música con evidentes vínculos con la gran tradición. El primer movimiento es quizá el más original, el más violento y expresivo, como una depuración absoluta del lenguaje del gran sinfonismo romántico, que queda reducido a una suerte de pintura abstracta de impresiones sonoras elementales: látigo, yunque, feroces gruñidos del trombón, estallidos de toda la orquesta... Los movimientos interiores buscan un lenguaje menos radical, y hay un hermoso momento en que un pasaje claramente tonal de la cuerda se va adelgazando hasta quedar reducido a un cuarteto de cuerda. Daniel Hope nos regala una versión magistral del primer concierto para violín de Shostakovich. Si su virtuosismo endiablado no deja lugar a dudas, es quizá el lento, melancólico, obsesivo primer movimiento lo que más nos emociona, una música desolada (de anulación de los sentimientos según Oistrakh) en la que Hope encuentra un mensaje infinitamente lírico. Por si todo esto fuera poco, una formidable versión de Los planetas de Holst que termina con el coro femenino cantando a distancia a través de una puerta abierta que se va cerrando poco a poco a medida que nos perdemos en el infinito. Glamour y punk rock, la extraña pareja PABLO MARTÍNEZ PITA Con la inusitada avalancha de grupos de punk rock del Reino Unido que se experimenta en los últimos tiempos, ya resulta complicado distinguir unos de otros, porque hay que reconocer que muchos de ellos son demasiado semejantes entre sí, y llega a cansar esa celebración continua de la vida adolescente. The Long Blondes tiene, para empezar, una particularidad que les favorece: en el seno de la banda hay mayoría femenina, y eso ya les distingue. Tres chicas y dos chicos que practican una música festiva que puede recordar a Pretenders, a Sleater- Kinney, a New York Dolls, a Franz Ferdinand... Nada nuevo, pero que, por extraño que parezca, suena tremendamente fresco. Su ascenso ha sido meteórico: han pasado en poco más de dos años de no saber tocar un instrumento, como explicaba a ABC su guitarrista, Dorian Cox, a ser merecedores de los mejores elogios de la prensa. El sábado pasaron por Madrid para presentar su disco de debut, Someone to drive you home Por tanto, tenía que ser un recital corto de duración, ni siquiera hay versiones para alargar el asunto, pero no defraudaron al público. Porque cuentan con dos bazas infalibles: por un lado, un buen puñado de canciones pegadizas, potentes y divertidas- -de hecho, la gran mayoría de las que componen su álbum, ya que de éste casi nada sobra- por otro, una cantante, Kate Jackson, de sonrisa permanente, de movimientos sexys a la par que elegantes y con una imagen atractiva que incluso era imitada por una buena parte de las chicas que se encontraban en el recinto. Están empezando pero ya tienen consigo lo principal que debe tener una banda de rock. El sábado se limitaron a desarrollar sus canciones con descaro y garra. Si su música continúa al mismo nivel y siguen desarrollando esa imagen tan cool- -por ejemplo, los Franz Ferdinand con quieres tanto se les compara, llevan consigo un escenario fastuoso- pueden tener un excelente futuro por delante. Tras el accidente en el escenario del Palau, Don Giovanni se representó con un fondo negro moslo ya, le sienta como un guante. Ataca La ci darem la mano A mitad de la estrofa hace un súbito pianísimo. De pronto, Lorin Maazel se encoge. Baja la orquesta y se funde con el cantante. Es otro. Al maestro le sientan bien estos acicates que transgreden su niquelado convencionalismo. Y aún ver a Maazel acompañar es algo digno de contemplarse. El gesto, la seguridad, el control exacto y pausado lo son todo. No es de extrañar que suene tan bien la orquesta del Palau. O que pudiera explayarse cómodamente en infinidad de matices, regulando sutilmente la potencia de su voz, luciendo fiato y plantándose con resolución, chulería ABC ÓPERA Don Giovanni Int. Poplavskaia, Meli, Vaneev, Fritoli, Vinogradov, Di Pierro, Schiavo, Cor de la Generalitat y Orq. de la Comunitat Valenciana. Dir. escena: Miller. Dir. musical: Lorin Maazel. Lugar: Palau de les Arts, Valencia. Fecha: 16- XII Un catálogo ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Suena Don Giovanni en el Palau de les Arts de Valencia. En escena está Erwin a quien ser el protagonista, digá- y, ante todo, altura, marcando distancias. Su Don Giovanni es ya otro hito valenciano. Y no se acaban. En aquel sensual duettino también intervino Maria Grazia Schiavo, una Zerlina de voz delicada e insinuante. O si se quiere, juguetona con el dolor y el deseo que es algo que apresura el ánimo conquistador. Por otras razones merece la pena citar a Marina Poplavskaia, siendo lo suyo más racial: se le salió la vida al proclamar, como Doña Anna, ¡Ése es el asesino de mi padre! luego decayó algo dejando medias voces y vibración, el refinamiento justo y un grueso italiano. Es igual. Su consistencia se unió a la dramática regularidad de Barbara Frittoli, enjundiosa y gran Doña Elvira; al muy bien asentado Leporello de Alexander Vinogradov y a la aparentemente saludable claridad del Don Octavio de Francesco Meli. Entre ellos sonó la resuelta expresión de Nahuel di Pierro, Masetto, y la lírica expresión del Comendador Vladímir Vaneev bordando aquello que otros desgañitan. Esto es: todos entretejiéndose. Haciendo virtud en el total. Tras el hundimiento de la plataforma escénica, a Jonathan Miller sólo le quedó un poco más de la corbata. Puso un fondo negro. Y aún así hubo mucho teatro. Convirtiendo en tragedia de lo giocoso Disfrutando y haciendo disfrutar. Una gran representación.