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20 ESPAÑA DOMINGO 17 s 12 s 2006 ABC El último viaje del presidente Germán Yanke El viaje de Rodríguez Zapatero a Argel acabó con un rapapolvo del presidente Buteflika por nuestra política respecto al Sahara. El buen talante no saca réditos en el exterior l martes pasado, el presidente de Argelia Abdelaziz Buteflika abrazaba efusivamente al presidente Rodríguez Zapatero en Argel junto a la puerta del automóvil del que éste acababa de descender. Buteflika es efusivo, no se puede negar, pero tampoco fue como otro abrazo famoso, el que diera a José María Aznar en Baleares, acompañado entonces de besos, también efusivos. El abrazo a Aznar tenía reso- E nancias personales porque el presidente argelino, cuando representaba a su país recién nacido en la ONU coincidió, trabó amistad y se convirtió en algo parecido a un discípulo de Manuel Aznar, abuelo del ex presidente, que entonces formaba parte de la delegación española en Nueva York. Y, además, las relaciones entre los dos países no son ahora como eran en 2001, año del otro abrazo en el Foro Formentor. Siguieron las reuniones en Argel, la breve intervención del presidente español sobre las buenas relaciones y la coincidencia en mantener para el Sahara los principios del acuerdo y la legalidad internacional y, en el brindis del almuerzo, Buteflika le soltó a Rodríguez Zapatero su rapapolvo por la inclinación de España hacia Marruecos y no hacia el Frente Polisario: España no puede quedarse indiferente ante la suerte actual del pueblo saharaui, que ustedes colonizaron desde 1885 hasta 1975 El presidente abandonó Argelia sin hablar con los periodistas. No es de ninguna manera cierto que haya crisis entre los dos países- -señala uno de los más cercanos colaboradores de Rodríguez Zapatero- -y si no hubo comparecencia ante la Prensa fue para que no se limitase, como ocurre últimamente, a preguntas sobre el proceso de paz, que es una cuestión que exige total discreción Pero, sin crisis, las relaciones no son como antes, como en los tiempos de Formentor. Pero el colaborador del presidente español insiste: La situación de España en la región es mejor que nunca. Hay que tener en cuenta que estuvimos a punto de entrar en guerra con Marruecos con lo de Perejil. Las cosas transcurren ahora como es razonable que transcurran ¿Qué es lo razonable? No dejar al Frente Polisario y a la población saharaui a su suerte no es sólo una condición para mantener buenas relaciones con una Argelia que tiene interés económico y energético para España. Ni únicamente una obligación de la antigua potencia colonizadora. Es también, en la política española, una reivindicación ciudadana con amplio respaldo. Las relaciones con el Sahara han traspasado el ámbito institucional y se han convertido en una cuestión de solidaridad social. La preocupación por el tema de multitud de asociaciones de amistad y ONG, así como la constante presencia de niños saharauis en familias españolas son una mues- Las relaciones con Marruecos parecen, desde la perspectiva del Gobierno de Rodríguez Zapatero, uno de los territorios para escenificar políticas totalmente dispares de las del anterior ejecutivo